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TRADICIONES DE LAS TIERRAS ALTAS |
Una tradición desaparecida durante el siglo XX
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"Os Lardeiros de Coba" |
Dentro de las tradiciones del Carnaval o "Entroido" en las Tierras de Coba, sin duda la más vistosa y pintoresca era el desfile de "Lardeiros" y "Lardeiras".
Estos eran muñecos de tamaño variado oscilando entre un metro para los que eran llevados por los niños hasta el tamaño de un adulto cuando los llevaban los mozos y las mozas. Los hombres (niños y mozos) llevaban "As Lardeiras", que eran los muñecos vestidos de mujer y al contrario, las niñas y mozas llevaban "Os Lardeiros", vestidos con atuendos masculinos.
Si los muñecos eran de tamaño natural estaban vestidos con ropa normal, normalmente robada para la ocasión de algún tendedero del vecindario, pero la ropa de los muñecos de los niños estaba hecha especialmente, con papel de diversos colores, lo que daba a las procesiones y marchas una gran vistosidad, además de ser el orgullos de sus porteadores.
Tanto unos muñecos como otros representaban las cualidades y defectos del sexo opuesto y eran utilizados con animo de burlarse del sexo contrario y como elemento de provocación, y esto lógicamente producía una rivalidad entre mozos y mozas.
Grupos de mozos y niños salían en procesión por el pueblo con gran jolgorio escoltando unas cuantas Lardeiras. Se trataba de enseñarlas al pueblo para que se apreciara por una parte el buen hacer ya que debían ser bonitas, ni obscenas ni degradantes, y por otra parte desafiar a las mozas pues estos paseos eran una provocación que buscaba el enfrentamiento, el combate ritual.
Ante este desafío, las mozas se organizaban e intentaban, bien actuando en bandas, bien en comandos pequeños, robar las Lardeiras a sus portadores. Si lo conseguían las portaban como botín de guerra en el desfile que ellas también hacían con sus Lardeiros.
Cualquier mozo o moza, niño o niña, tenía el deber, la obligación de participar en los ataques a la marcha del bando contrario.
Los mozos hacían lo mismo, así que podía estar una banda de mozos portando sus Lardeiras en una marcha, y al mismo tiempo otra o la misma, intentaba arrebatar algún Lardeiro a alguna moza o grupo de mozas poco defendido.
No había reglas establecidas en estas luchas por el botín, pero desde luego no se admitía la violencia física aunque en estos combates entre sexos siempre alguien acababa con alguna magulladura pero esto era fruto del ardor de la lucha, nunca de la violencia deseada.
Si bien el tema de Lardeiro y Lardeiras era cosa de gente joven, lo que si valía para todos era la forma de saludo que se seguía durante los carnavales y que consistía en intentar manchar al oponente con harina. Para ello se transportaba harina en los bolsillos o incluso en bolsitas ya apropiadas para este fin. Cuando uno se encontraba con alguien había que tener cuidado, mientras no se supiesen las intenciones que tenia. En un descuido el oponente-amigo podía meter la mano en el bolsillo y al cabo de un rato en un despiste la sacaba rápidamente y un puñado de harina era lanzado a la cara que lógicamente quedaba cegada con gran regocijo. A veces el ataque era mas cuerpo a cuerpo y se embadurnaba la cara del contrario con harina, lo que podía provocar (aparte de la irritación de los ojos, incluso un sofoco y síntomas de asfixia).
Se consideraba un signo de habilidad engañar a alguien y embadurnarlo bien, lo que era luego comentado con gran regocijo en el circulo adecuado.
La harina (que había sustituido a la ceniza) era pues el arma utilizada fundamentalmente en la lucha cuerpo a cuerpo tanto si se intentaba robar como defender un Lardeiro o Lardeira.
En cuanto a la forma de estos muñecos, era de lo mas variada, pero si que tenia que estar claro si llevaba pantalones o faldas, para distinguir si era botín de combate o símbolo de desafío.
Las cabezas de los muñecos pequeños solían ser de patata modelada a cuchillo, los mas grandes tenían una bola de tela rellena de paja y pintada.
La estructura básica era fácil, dos palos en cruz. El travesaño seria la parte de los brazos, en el extremo superior del palo vertical está la cabeza, y el extremo inferior cubierto por la falda en el caso de las Lardeiras, sirve de asidero para ser llevado como un estandarte, pues los Lardeiros y Lardeiras, se llevan siempre en alto como un estandarte a la vista de todos.
Las madres se preocupaba de hacer unos preciosos vestidos de papel de colores para las Lardeiras de sus hijos.
Muchos de los muñecos que habían sido conquistados como botín eran destruidos en venganza (esto no se hacia con los de los niños), pero el último día los que habían conseguido sobrevivir a las escaramuzas de los días del Entroido, se reunían en procesión ya esta vez todos juntos y en paz. La mayoría de los muñecos tenían huellas claras de las batallas pasadas, jirones, ojos tuertos, etc. Era también el momento de ver a aquel Lardeiro o Lardeira que se había intentado conquistar sin conseguirlo, y que ahora aparecía orgulloso en manos de su portador o portadora con el regocijo lógico de sus defensores.
Lastima que tras esta última procesión conjunta se quemaban todos uno a uno en un fuego purificador en una fiesta colectiva de todo el pueblo. Esta actividad se hacia solo a nivel de pueblo, no se intervenía en las guerras que tenían entre si mozos y mozas de pueblos vecinos, y no se admitían tampoco a foráneos.
Yo no podía evitar una gran tristeza al ver arder aquella muñeca que normalmente ya tenia algún rasgón de enfrentamientos con algún comando femenino tras varios días de portarla con orgullo para que todos la vieran.
Pero el carnaval también era la fecha en que mozos y mozas, todos bien disfrazados, recorrían las casas pidiendo lo que le diesen principalmente comida (lo mas apreciado eran huevos y chorizos) que junto con las patatas, vino, verdura, etc. aportado por los propios mozos, daba lugar a una gran comilona de hermandad en el horno comunal de "A Vacariza".
El Horno del Concejo es un edificio publico y permitía cocinar en él, pero además también se podía comer montando mesas y bancos de circunstancias. Gran ventaja, no se pasaba ningún frío. Las mozas preparaban la comida, los mozos habían hecho previamente el fuego, y preparaban las mesas.
Era el momento de discutir y bromear sobre las hazañas de las luchas pasadas, el momento de que el antiguo enemigo corrigiera las fanfarronadas de los que tenían mas valor con la lengua que con el brazo.
Era el momento de enterarse de quien había sido la moza que había sido capaz de colgar un Lardeiro en un castaño centenario en la carretera de A Vacariza a O Monte, y que los mozos no se atrevieron a quitar hasta tres días después por miedo a caerse pues estaba en una rama delgada a unos 15 metros de altura sobre la carretera. Los hombres y mujeres de Coba que lo veían un día y otro balanceándose se burlaban descaradamente de los mozos del pueblo que no eran capaces de quitar aquella afrenta que veían no solo los del pueblo, sino todos los que pasaban por la carretera, incluso los de los pueblos vecinos de Paradaseca, Queixa, Chao, Celeiros ... . Desde entonces se montó una vigilancia especial sobre esa atrevida moza para que no los dejara en ridículo los próximos años.
La gran comilona acercaba cuerpos y espíritus y era el colofón festivo del Entroido.