Leyendas de las Tierras Altas de Galicia
Leyendas diversas.
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"El arquero de la Sierra" |
Sucedió hace mucho tiempo. En esa era no había justicia y los hombres armados de los poderosos (condes y obispos) robaban según les convenía a los pobres campesinos.
En un pueblo de la zona, había un joven que por problemas con un vecino tuvo que huir. Se fue a Portugal donde tenia parientes y estuvo en la guerra. Al cabo de los años regresó, y entonces como era diestro en el uso de las armas, le llamaron del Concejo para que les ayudara contra los bandidos que asaltaban y robaban el ganado que pastaba en la Sierra.
Durante un tiempo estuvo oculto por la sierra comportándose como si fuera un pastor mas, pero lo que hacía era estudiar como actuaban los bandidos, por donde se acercaban, como atacaban y robaban. Los salteadores traían perros y venían sin coraza, por lo que estimó que la mejor forma de atacarlos era con arco y flechas.
Mandó hacer muchas flechas, y varios arcos para dispararlas. Cuando todo estuvo preparado escondió arcos y flechas en diversos puntos de las Sierra especialmente elegidos por él. Cuando por fin se decidió a actuar, apostó a varios vecinos para que le avisaran de la llegada de los salteadores con tiempo suficiente. Unos estaban arriba en la Sierra, otros a mitad de camino del pueblo, tenían que repetir el grito que habían pactado, avisando cuantos bandidos venían y a él le avisaban con un toque de las campanas de la iglesia que habían acordado. Los vecinos tenían que turnarse para hacer esta vigilancia.
Llegó el momento y una cuadrilla de 5 salteadores fue descubierta, el vecino que la vio avisó y salió huyendo monte abajo, mientras huía se encontró con el arquero que aunque estaba trabajando en una finca, había oído el toque de campanas y subía a galope de su caballo hacia la Sierra, le contó lo que había visto y donde los había visto. El arquero dejó que llegaran a donde estaba el ganado, y esta vez junto al fuego que habían dejado los pastores al huir encontraron abundante provisión de vino, que el había mandado subir para la ocasión. Alegres los malvados por la inesperada presencia del vino lo bebieron en abundancia, cogieron una de las mejores vacas y se fueron, pero el arquero había tenido tiempo, dando un rodeo para no ser visto, de llegar al paso donde se dispuso a esperarles emboscado. Los bandidos ya de regreso al castillo se consideraban seguros y seguían bebiendo.
Al llegar a su altura comenzó a disparar sus flechas, cayeron cuatro y solo uno pudo huir. El arquero montó en su caballo y lo persiguió hasta acabar con él. También mato a todos los perros. Ni hombre ni perro ni caballo salieron vivos de la Sierra.
Los enterraron a todos, y de acuerdo con su artimaña, se hizo correr la voz de que un demonio había sido visto por la Sierra. Surtió efecto y los bandoleros así lo creyeron pues no se atrevieron a investigar que había pasado con sus compañeros ni a volver a robar por la Sierra.