Pequeñas historias. La huida de Pepe.

Pequeñas historias, reales.

 

"La huida de Pepe"

 

Corría el año 1946, y la sinrazón que sigue a una guerra civil como la que se había vivido en España en el 1936 continuaba, también en las Tierras Altas de Galicia.

Pepe cumple 21 años y está lleno de ilusiones. Dispone de un pasaporte estadounidense pues ha nacido allí, aunque vino a los pocos años y toda su niñez ha transcurrido en las Tierras Altas y a esta tierra está apegado también su corazón.

Por un trámite rutinario se acerca con su padre al cuartel de la Guardia Civil de Puebla de Trives, y allí el guardia de turno le amenaza veladamente con quitarle el pasaporte, espetándole que "de derechos como Norteamericano no tienes aquí ninguno", que él no era Norteamericano y que se preparara para ir al servicio militar durante unos años como todos. La amenaza aunque velada era clara, en un tiempo en que la vida de una persona valía un cabrito, no podía tomarse a broma.

Se traslada inmediatamente Pepe con su padre a ver al cónsul de Estados Unidos mas cercano, que estaba en Vigo, y le comentan el caso. No hay mucho que hacer, lo mejor es que se vaya inmediatamente a Estados Unidos donde tiene familiares. Le arreglan el pasaporte para que entre en Norteamérica, pero lo difícil no es entrar allí, sino el salir de España. Deciden que la única forma es pasar clandestinamente por Portugal. Negocian en Vigo ambos cónsules, el de Estados Unidos y el de Portugal, y le concede este último un permiso de permanencia por 30 días en Portugal.

Una vez tomada la triste decisión, salieron Pepe y su padre de noche, cruzaron toda la Sierra y se acercaron a Rabal para buscar un "práctico" que les ayudara a cruzar la frontera. Cuando estaban próximos al limite con Portugal, se escuchan disparos de los fusiles de la Guardia Civil, el práctico los abandonó a su suerte y retrocedió, Pepe y su padre avanzaron bajo los disparos y consiguieron pasar a Portugal.

Y así bajo las balas se despidieron padre e hijo, que ya nunca volvieron a verse.

 

Ya en Portugal se esconde en la casa de un cura que tenía un coche muy viejo que no funcionaba. Pepe después de varios días de trabajo consigue arreglarlo y el cura lo lleva hasta Chaves en donde coge un tren en el que se traslada a Oporto. Desde Oporto va hasta Lisboa, tarda 5 días, y en esos 5 días no come absolutamente nada y siempre escapando de la temida policía política Portuguesa. Le piden en varias ocasiones el pasaporte, pero con el cuño que tenía para estar 30 días en Portugal, consigue salvarse ya que todavía no había orden de captura contra él.

La intención era coger el Hidroavión de Lisboa a Nueva York. Había un vuelo al mes. Pero se anuló el vuelo de ese mes, y Pepe se encontró bloqueado en Lisboa. Tenía una dirección en Lisboa para un caso de emergencia, y esta era realmente la situación. Fue a ver a un empresario primo de su padre, Luis Pardo, y estuvo trabajando con el durante un mes esperando la nueva fecha del vuelo. Durante ese tiempo perdió mas de 15 kilos, incluso un perro le rompió el pantalón nuevo.

Una vez en el avión, le dieron la mejor comida que había tomado en mucho tiempo, pero no la pudo disfrutar porque la vomitó toda, al fin y al cabo, él siempre fue muy propenso al mareo, no en vano cuando viajaba de Trives a Orense, se subía al techo del autobús, con los baúles para no marearse. Tardó tres días en llegar a Nueva York. Primero fueron a Inglaterra, no pudo comer nada. Luego a Irlanda, Canadá.

Cuando llego al aeropuerto de La Guardia de Nueva York, solo tenía 25 centavos en el bolsillo. Cogió un taxi. Su madre le había enseñado a decir la dirección correctamente en ingles. Era la primera vez que montaba en un taxi, y le causó gran asombro el taxímetro. El viaje le costo 3.50 Dólares (hoy en día equivale a 40 dólares).

Cuando por fin llegó a la casa de la familia de su Tía (hermana de su madre hubo gran júbilo, y todos los gallegos se acercaron para saludarle y darle dinero para que comenzara una nueva vida. De repente se juntó con 200 dólares. Estaba tan delicado de salud, que durante un mes solo pudo tomar sopas Campbell porque era lo único que su estómago admitía. Comía con el dinero que le habían dado sus paisanos gallegos.

Solo cuando llegó a Nueva York, pudo comunicar a su familia que estaba vivo, pues mientras tanto no pudo escribir ni comunicarse, ya que la familia decía que estaba ausente del pueblo por un trabajo, no que había huido de España para no volver nunca mas.

Pepe vive hoy en día en los Estados Unidos.

 

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