Pequeñas historias, reales.
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"El Valentón " |
Corrían los años 30. Eran tiempos difíciles en las Tierras Altas y casi toda la gente llevaba armas, muchas de ellas, demasiadas, eran de fuego, principalmente pistolas.
Había un mozo que era digamos, mas chulo que los demás, le apodaban "El Valentón". Los mozos de Pedrazás estaban ya hartos de sus fanfarronadas y bravuconadas siempre presumiendo de que no le tenía miedo a nadie y haciendo descarada ostentación de su pistola. Tenían ganas de darle un buen escarmiento ... y lo tramaron. Como casi todas las noches de sábado hacía el mismo recorrido, aprovecharon esta circunstancia para preparar la estratagema.
El camino que tenía que recorrer cruzaba un campo alejado de los pueblos y al final había que saltar una pared por un portillo. Este había sido hecho quitando las piedras de la pared hasta dejar una abertura en forma de V que permitía pasar con comodidad a las personas pero no al ganado vacuno, pero lo importante para este negocio era que el citado portillo estaba estratégicamente situado debajo de un gran árbol, un majestuoso roble.
Los mozos construyeron un muñeco de tamaño natural vestido con ropa vieja, pero la cabeza la hicieron de una calabaza vacía. Una vez hueca esta, abrieron agujeros para los ojos, nariz y boca dándole la forma de una calavera. Dentro de la calabaza colocaron un candil. El muñeco estaba unido a una cuerda larga que colgaba del roble y así se podía levantar y tumbar a voluntad. Tumbaron el muñeco en el suelo justo detrás del portillo de forma que el valentón no podía verlo al acercarse.
Venía este (a decir de los testigos) fumando muy ufano y tranquilo como era su talante habitual, cuando estando ya muy cerca del portillo los mozos tiraron de la cuerda y el muñeco se le apareció a pocos metros con su calavera iluminada desde el interior como una visión fantasmal. No se amilanó y sin dudarlo sacó su pistola y le disparo dos tiros, los mozos aflojan la cuerda y el muñeco se cayo como abatido por los disparos, él también lo creyó así y con cierta precaución y con la pistola bien sujeta se fue acercando a ver a quien diablos acababa de matar.
Cuanto estaba casi encima del portillo, los mozos tiran con energía de la cuerda, y el muñeco fantasmal se incorpora con mas energía que antes y se abalanza sobre él. Disparó de nuevo pero esta vez no se cayó el muñeco y le dio tiempo a ver la calavera monstruosa se cuyo interior salía una luz que le debió parecer venida del mismo infierno. Esta vez si que funcionó la artimaña, y el susto que llevó fue de tal magnitud que salió huyendo monte abajo como alma que lleva el diablo.
Los asistentes al evento, que a pesar de estar a prudente distancia pudieron verlo con todo detalle, fueron propagando la noticia y durante mucho tiempo en las tabernas, fiestas y ferias de la zona era el motivo mas común de jolgorio colectivo, narrándolo cada uno según lo había visto o se lo habían contado.