COBA (costumbres 1)

VIDA Y COSTUMBRES

en las

TIERRAS ALTAS DE GALICIA

 

OFICIOS PARA EL RECUERDO

EL CALDERERO HOJALATERO

(O Follatineiro)

 

 

Cuando llegaba la época de guardar los chorizos de la matanza del año, era también el momento de la llegada del hojalatero "follatineiro" también llamado calderero "caldeireiro".

"O follatineiro" era el encargado de hacer los recipientes de hojalata en los que se introducían los chorizos para su conservación pues de lo contrario se enrancian aunque también arreglaba platos y paraguas.

El trabajo de hacer los recipientes para los chorizos, consistía en hacer estos recipientes con los materiales que sus clientes le proporcionaban, y también era el responsable de cerrarlos herméticamente, labor muy delicada, pues si no se realizaba adecuadamente se estropeaban los chorizos.

Sus útiles de trabajo eran simples, el fuego, estaño y un soldador que se parecía a una pequeña hacha con el filo muy grueso y redondeado.

El "follatineiro" recorría las aldeas de las Tierras Altas, de pueblo en pueblo, y se instalaba para ejercer su oficio allí donde le dejaban, bien en una casa particular, bien en algún edificio público. Cuando se instalaba en una casa particular, el pago consistía en hacer el trabajo de estañación de la casa sin cobrar. En el caso del pueblo de Coba su lugar de trabajo habitual era en el horno público u horno del Concello de A Vacariza y dormía en casa de Valentín.

Los recipientes para conservar los chorizos consistían en largos cilindros, con aspecto de bote de conservas, hechos por la unión de latas grandes de sardinas soldadas unas a las otras. La gente del pueblo le llevaba sus latas vacías, que guardaba durante todo el año para este fin. Eran latas redondas de un kilo de sardinas, que el hojalatero tras quitar ambas bases, soldaba para formar un cilindro de hasta medio metro de alto (constituido por hasta 5 de estas latas) y con una sola tapa, la de la base o fondo. La labor más delicada era hacer perfectamente herméticas las soldaduras de los aros, para ello introducía el soldador en el fuego, y cuando estaba caliente derretía una barra de estaño sobre la unión de los aros distribuyéndolo uniformemente. Se obtenía así un bote gigante en el que se introducían los chorizos cuidadosamente colocados para que cupieran muchos y apenas quedasen espacios vacíos. También se podían utilizar latas vacías de aceite de 5 litros, pero no eran tan frecuentes, ya que el aceite se compraba a granel.

Una vez terminadas las latas de una familia, las mujeres traían al horno sus chorizos, y los metían en estas latas. Al terminar de llenarlas, el follatineiro colocaba y soldaba la tapa superior y dejaba un agujerito por donde sacaría el aire apretando la lata con fuerza, sellándolo con una gota de estaño que debía ser la garantía de que la lata quedaba casi sin aire y herméticamente cerrada para que los chorizos no se enranciasen

Como resultado de su trabajo, cada familia tenia sus chorizos guardados en latas de distintos tamaños según su gusto y necesidades, pues había recipientes formados con 2, 3, 4 y hasta 5 latas de sardinas.

 

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