Cuentos populares de las Tierras Altas de Galicia.
Contos dos pobos das Terras Altas de Galiza.
|
EL CALIZ DE ORO En Español |
O COPON DE OURO En Galego |
|
O COPON DE OURO |
Fai moito tempo cara Ribadavia, había unha igresia que tiña un copón de ouro moi grande, ñon bon día un paisano dun pobo cercano pasoulle pola cachamea unha mala idea, e foi a de roubar o tal copón e venderllo o xoieiro xudio que había no mismo pobo.
Dito e feito. Un día foi a misa, ñen vez de salir cos demais meteuse no confesionario ñelí se escondeu.
Cando pasou un bon rato e xa se viu solo, colleu o copón, meteuno nun saco, e pola noite saliu pra sua casa. Pro outro dia foise con il no saco on do xoieiro pra vendelo, e fixeron o trato.
O xoieiro conoceu o copón da igresia porque llo deran a arreglar dun golpe que levara, e dixolle o home que non tiña elí todolos cartos, pero que os iba a buscar ondon amigo, que o esperase elí mentras tanto. Mais o home desconfiou, e foi a mirar pra donde iba, e viuno coller o camiño cara a irmandade que era coma a policía daquiles tempos. O home deixou o copón e botou a correr.
Veu o xoieiro cos da irmandade e encontraron o copón na sua casa e apuxeronlle o roubo o xoieiro. Levarono o tribunal da Inquisicion polo roubo e mais polo sacrilexio e foi condenado a morrer na forca na praza pública para escarmento de todos. Foi moita xente e entre ela tamen o home que fixo a fechoria, e cando o estaban aforcando decía en voz baixa.
Os que estaban o lado dil ño viron refunfuñar preguntaronlle que lle pasaba, ñel dixoles.
- Nada ho. E que estou rezando pola alma dise home. ¿Non ve como lle retorcen o pescozo?.
# # # # # # # # # # # # # # # ## # # # # # # # # # # #
|
EL CALIZ DE ORO |
Hace mucho tiempo por Ribadavia, había una iglesia que tenía un cáliz muy grande de oro, y un buen día un paisano de un pueblo cercano se le pasó por la cabeza una mala idea, y fue la de robar el citado cáliz y venderselo al joyero judío que había en el mismo pueblo.
Dicho y hecho. Un día se fue a misa, y en vez de salir con los demás se metió en el confesionario y allí se escondió.
Cuando pasó un buen rato y ya se encontró solo, cogió el cáliz, lo metió en un saco y por la noche se fue a su casa. Al día siguiente se fue con el saco junto al joyero para verderlo, y llegaron a un acuerdo.
El joyero conoció el cáliz de la iglesia porque se lo habían dado para que le arreglara un golpe que tenía, y le dijo al hombre que no tenía todo el dinero, pero que los iba a buscar junto a un amigo, que lo esperase allí mientras tanto. Pero el hombre desconfió y se fue a mirar para donde iba, y lo vio coger el camino hacia la Santa Hermandad que era como la policía de aquella época. El hombre dejó el cáliz y se fue corriendo.
Vino el joyero con los de la Hermandad y encontraron el cáliz en su casa y le acusaron del robo. Lo llevaron al tribunal de la Inquisición por el robo y por el sacrilegio y fue condenado a morir en la horca en la plaza pública para escarmiento de todos. Fue mucha gente y entre ellos también el hombre que hizo la fechoría, y cuando lo estaban ahorcando decía en voz baja.
- No supiste guardar un secreto, pues te esta bien empleado.
Los que estaban a su lado y lo vieron refunfuñar le preguntaron que le pasaba, y él les contestó.
No me pasa nada, es que estoy rezando por el alma de ese hombre. ¿No ve que le están retorciendo el cuello?.
# # # # # # # # # # # # # # # ## # # # # # # # # # # #
C.
Volver a la página base.