COBA (costumbres 4)

 

Cuentos populares de las Tierras Altas de Galicia.

Contos dos pobos das Terras Altas de Galiza.

 

EL CALIZ DE ORO

En Español

O COPON DE OURO

En Galego

 

 

 

 

 

 

O COPON DE OURO

 

Fai moito tempo cara Ribadavia, había unha igresia que tiña un copón de ouro moi grande, ñon bon día un paisano dun pobo cercano pasoulle pola cachamea unha mala idea, e foi a de roubar o tal copón e venderllo o xoieiro xudio que había no mismo pobo.

Dito e feito. Un día foi a misa, ñen vez de salir cos demais meteuse no confesionario ñelí se escondeu.

Cando pasou un bon rato e xa se viu solo, colleu o copón, meteuno nun saco, e pola noite saliu pra sua casa. Pro outro dia foise con il no saco on do xoieiro pra vendelo, e fixeron o trato.

O xoieiro conoceu o copón da igresia porque llo deran a arreglar dun golpe que levara, e dixolle o home que non tiña elí todolos cartos, pero que os iba a buscar ondon amigo, que o esperase elí mentras tanto. Mais o home desconfiou, e foi a mirar pra donde iba, e viuno coller o camiño cara a irmandade que era coma a policía daquiles tempos. O home deixou o copón e botou a correr.

Veu o xoieiro cos da irmandade e encontraron o copón na sua casa e apuxeronlle o roubo o xoieiro. Levarono o tribunal da Inquisicion polo roubo e mais polo sacrilexio e foi condenado a morrer na forca na praza pública para escarmento de todos. Foi moita xente e entre ela tamen o home que fixo a fechoria, e cando o estaban aforcando decía en voz baixa.

Os que estaban o lado dil ño viron refunfuñar preguntaronlle que lle pasaba, ñel dixoles.

- Nada ho. E que estou rezando pola alma dise home. ¿Non ve como lle retorcen o pescozo?.

 

# # # # # # # # # # # # # # # ## # # # # # # # # # # #

 

EL CALIZ DE ORO

 

Hace mucho tiempo por Ribadavia, había una iglesia que tenía un cáliz muy grande de oro, y un buen día un paisano de un pueblo cercano se le pasó por la cabeza una mala idea, y fue la de robar el citado cáliz y venderselo al joyero judío que había en el mismo pueblo.

Dicho y hecho. Un día se fue a misa, y en vez de salir con los demás se metió en el confesionario y allí se escondió.

Cuando pasó un buen rato y ya se encontró solo, cogió el cáliz, lo metió en un saco y por la noche se fue a su casa. Al día siguiente se fue con el saco junto al joyero para verderlo, y llegaron a un acuerdo.

El joyero conoció el cáliz de la iglesia porque se lo habían dado para que le arreglara un golpe que tenía, y le dijo al hombre que no tenía todo el dinero, pero que los iba a buscar junto a un amigo, que lo esperase allí mientras tanto. Pero el hombre desconfió y se fue a mirar para donde iba, y lo vio coger el camino hacia la Santa Hermandad que era como la policía de aquella época. El hombre dejó el cáliz y se fue corriendo.

Vino el joyero con los de la Hermandad y encontraron el cáliz en su casa y le acusaron del robo. Lo llevaron al tribunal de la Inquisición por el robo y por el sacrilegio y fue condenado a morir en la horca en la plaza pública para escarmiento de todos. Fue mucha gente y entre ellos también el hombre que hizo la fechoría, y cuando lo estaban ahorcando decía en voz baja.

- No supiste guardar un secreto, pues te esta bien empleado.

Los que estaban a su lado y lo vieron refunfuñar le preguntaron que le pasaba, y él les contestó.

No me pasa nada, es que estoy rezando por el alma de ese hombre. ¿No ve que le están retorciendo el cuello?.

 

# # # # # # # # # # # # # # # ## # # # # # # # # # # #

C.u.

 

 

Volver a la página base.