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EDAD MODERNA

Posiblemente una de las mas antiguas –y escuetas-, representaciones graficas de la ciudad –solo centrado en señales de referencia-. Resulta curioso el dibujo de la parte izquierda, cuyo volumen parece representar un muro o terraplén por el barrio del Salgueiral. ¿Una finca cercada, una muralla?. Si se compara con el dibujo de la derecha parece tratarse de una gran finca cercada. El tipo de muro podría ser como el que todavía subsiste por el convento de Santa Marta, o algún que otro “fósil” desperdigado por la ciudad.
Los Reyes Católicos, una vez conquistado el reino musulmán de Granada, unifican bajo su comando como reyes de Castilla, León y Aragón, las tierras islámicas conquistadas en la península ibérica. En la búsqueda de una mayor unidad religiosa y coherencia identitaria y territorial expulsarán a los representantes de otras religiones, judíos e islámicos y obligando a esos otros creyentes a abrazar el catolicismo. Los cambios sociales, económicos y organizativos de su reinado y el descubrimiento de América traerán cambios radicales para los años siguientes.
Vigo se ve favorecido por el descubrimiento de las Américas e Indias Occidentales ya que cierto tráfico naval acabará pasando por su incipiente puerto, pasando de ser un mero puerto pesquero a tener actividad aduanera y de transportes de mercancías de ultramar, aunque la parte del león seguiría concedida al puerto de A Coruña, lo que contribuía a su desarrollo como ciudad y a una mayor importancia administrativa.
El reinado de los Reyes Católicos favorecerá las nuevas relaciones de trabajo: los siervos son liberados y se convierten en artesanos, generando negocios y una nueva y más pujante economía. Los nobles gallegos y los representantes de la iglesia pierden poder frente a las nuevas instituciones centralistas, con la colaboración de las rebeliones irmandiñas. El nuevo poder central se concreta en los jueces que juzgan en el nombre del reino, poder ahora por encima de los señores feudales. Su sistema de vida entra así en declive, siendo sustituido por un nuevo y más moderno sistema de gobierno centralista. Es el fin del feudalismo.
Vigo no pasa de ser un pequeño pueblo sin importancia estratégica en una esquina del noroeste ibérico; una zona de refugio para los barcos cuando hay tormentas. Sin embargo nuevos aires animan a los nuevos vecinos a preocuparse de adecentar y mejorar la villa. Desgraciadamente los acontecimientos no facilitaron el desarrollo de la población: guerras, corsarios y pestes destruían lo que los hombres construían con gran esfuerzo, con el olvido o impotencia de las instituciones, que solo se acordaban de estos vecinos a la hora de recaudar impuestos.
En 1640 comienza la guerra de la independencia de Portugal, guerra que dejará terribles daños en Vigo, especialmente tras la invasión del ejército portugués en 1665. Desde el reinado de Felipe II, debido a una cuestión hereditaria Portugal formaba parte del reino de España, pero a partir de 1640 la nobleza lusitana comienza a oponerse a esta situación y recurre al uso de las armas y con la ayuda y asesoramiento de Inglaterra. Es la llamada Guerra de Independencia de Portugal. Desde 1641, el sur de nuestra provincia se ve afectada por la guerra, por las levas y los aprovisionamientos de alimentos para el ejército que cae sobre las espaldas de estas poblaciones. En Vigo varios los alcaldes fueron represaliados por el gobernador por no poner suficiente empeño en adquirir dichos suministros. A finales del mes de octubre de 1665, el ejército portugués, al mando del Conde de Prado atraviesa el río Miño por Goián y se dirige, por el Rosal y el Valle Miñor hacia Vigo. El 2 de noviembre están ya en Bouzas, que saquean, así como las parroquias del Fragoso, desde Sárdoma hasta Comesaña.
Las defensas de Vigo, basada en dos castillos o fortines inacabados; el de San Sebastián y el del Castro, no eran suficientes para oponerse. Anteriores incursiones de ingleses y piratas berberiscos habían animado al gobernador general de Galicia a fortalecer las defensas de la villa, pero que nunca habían logrado finalizarse, quedando inacabadas y por lo tanto inservibles para esos fines. En ellos no había suficiente guarnición para combatir al ejército luso, constituido por portugueses y mercenarios protestantes. El gobernador de Vigo, Diego Arias, reclutó paisanos para complementar su exigua guarnición de poco más de doscientos soldados, unas cuatro compañías de infantes.
El Conde de Prado sitia la villa, pero con un constante aprovisionamiento de la ciudad por mar, mantener el sitio se hace estéril, y tras seis días abandona su propósito. En este tiempo, avisados las poblaciones cercanas de O Morrazo, Pontevedra Padrón y Muros y enviados refuerzos, el ejército portugués levanta el asedio y se dirigen de vuelta a Portugal, no sin antes saquear todo en su camino de vuelta. Toman brevemente A Guarda, ocupando el castillo de Santa Cruz, y cruzan el Miño finalmente a sus posiciones.
Hasta el año 1665 volvieron a intentar, hasta dos veces, aunque con menos intensidad, tomar la ciudad. Posiblemente para distraer recursos del ejército español de otras zonas o tal vez por tomar un puerto protegido como el nuestro, de los que no abundan en Portugal. La guerra acaba en el 1668, y Portugal, obtiene su independencia. Vigo va a ser dotada, al convertirse en ciudad casi fronteriza y objetivo de ataques, de un amurallamiento en condiciones de la ciudad. Esto le dará unos limites y configuración concreta, que heredamos.
La guerra con Portugal supuso una enorme tragedia social y gran problema moral para los naturales de la Raya, de la frontera ya que los hombres y mujeres de la otra orilla del Miño, ayer vecinos y familiares, -aun con la ayuda de Francia y aportaciones mercenarias de ingleses e irlandeses-, eran ahora nuestros enemigos. Luchar contra ellos era como hacer una guerra civil entre gallegos, y así era el sentir de la mayoría, provocando deserciones y ayudas mutuas entre paisanos. Políticas ajenas a la gente que allí vivía separaron de manera trágica, artificial e inhumana, a poblaciones hermanas. Las familias tenían que elegir a que nación querían pertenecer o bien se vieron arrastradas por las consecuencias arbitrarias de la guerra. El hermano se hizo extranjero del hermano. El norte de Portugal es hoy en día un reflejo de los siglos pasados y de lo que era Galicia. El acercarse a su rural, a sus pueblos, pazos y campos es encontrarse con lo que fue la Galicia del XVIII o XIX.
España se encuentra en este punto de la historia atrasada con respecto al desarrollo ideológico e industrial de otros pueblos europeos. Francia, Inglaterra, Italia y Alemania evolucionan. Lo peor de la tradición e la herencia cultural romana sale a relucir en los gobernantes y clases pudientes y nobles españoles: vivir de rentas, de explotar al máximo sin apenas invertir en nuevas tecnologías, se trata de vivir de los impuestos y del alquiler y subforar las propiedades. El oro español de América no enriquece realmente a España se no que lo hace de nuestros deudores y prestamistas y banqueros: los Países Bajos, que es a donde va a parar, los que financian las inacabables guerras de religión, sucesorias y políticos de los reyes imperiales españoles. La monarquía apostó por la autarquía, la autosuficiencia, tanto técnica como de espíritu.. Este continuo pagar créditos y fluir de la plata americana hacia los Países Bajos propiciará que allí se centren las artes y las ciencias, en detrimento del poder y desarrollo español. Toda esa inmensa cantidad de plata y oro financiará el desarrollo económico de esos países centroeuropeos en su expansionismo imperial y, junto a al calvinismo y luteranismo, al sistema capitalista futuro. España solamente sobresaldría ya en las artes mientras que su declive político y económico languidecería interrumpidamente, prolongándose hasta mediados del siglo pasado.
El absolutismo español, casi tanto un imperio religioso como político, con una política definida por su religión, traía la consecuencia de repudiar y despreciar los avances intelectuales ajenos -curiosamente también creados bajo convicciones religiosas-, y considerar esos logros no católicos como fruto de las herejías. Protestantes, ortodoxos, judíos e islámicos no podrían estar haciendo las cosas mejor que los poseedores de la Verdad y la protección del Verdadero Dios. Por supuesto que las otras religiones y sus dirigentes pensaban exactamente lo mismo de los demás, pero España, una de las más fieles herederas de la idea romana de vivir –de las rentas y de los demás-, sigue la idea de que lo mejor era explotar la mina americana antes que desarrollar los pocos recursos propios, aún a costa de mantener, paternalmente, a la población en una “saludable ignorancia”.
Nuestra flota naval se volvió anticuada e ineficaz, envejeciendo sin poder ser renovada o modernizada, pese a los intentos desesperados por reflotarla en Cartagena -con bosques y selvas de troncos altos y rectos reducidos a yermos por todo el país-, sin poder estudiar y menos usar las nuevas técnicas y recursos inventados en los países heréticos. El bloqueo ingles nos impide traer los troncos necesarios comprados a Rusia, Suecia o Finlandia, lo cual sera desastroso para nuestra marina, necesitada de cuadrenas largas y flexibles que ya casi no va a poder obtener, esquilmados como estaban nuestros propios bosques.
El sistema de comercio era autárquico y anquilosado. El comercio se reduce a explotar las colonias y a vivir de rentas. La productividad es mínima. Las clases sociales se fosilizan en los nobles, hidalgos y clases improductivas -pero si recaudadores y disfrutadores de privilegios hereditarios-, una incipiente burguesía y artesanos, no muy letrados o letrados en cosas ya obsoletas y más aislada de las ideas foráneas y del avance exterior debido a la política real de autarquía. Como país que vivía en mucho de las amétricas la iniciativa científica e industrial no existía. ¿Mientras durara el oro y la palta americana... para qué esforzarse en producir y hacer industrias?. España se queda anclada definitivamente en el atraso, del que tardará en salir siglos.
Este continuo pagar créditos y fluir de la plata americana hacia los Países Bajos propiciará que allí se centren las artes y las ciencias, en detrimento del poder y desarrollo español. Toda esa inmensa cantidad de plata y oro financiará el desarrollo económico de esos países centroeuropeos en su expansionismo imperial y capitalista futuro. España solamente sobresaldría ya en las artes mientras que su declive político y económico languidecería interrumpidamente, prolongándose hasta mediados del siglo pasado. El absolutismo español, casi tanto un imperio religioso como político, con una política definida por su religión, traía la consecuencia de repudiar y despreciar los avances intelectuales ajenos -curiosamente también creados bajo convicciones religiosas-, y considerar esos logros no católicos como fruto de la herejía. Protestantes, ortodoxos, judíos e islámicos no podrían estar haciendo las cosas mejor que los protegidos por el Verdadero Dios. Por supuesto que las otras religiones y sus dirigentes pensaban exactamente lo mismo de los demás, pero España, una de las más fieles herederas de la idea romana de vivir –de las rentas y de los demás-, sigue la idea de que lo mejor era explotar la mina americana antes que desarrollar los pocos recursos propios, aún a costa de mantener a la población en una “saludable ignorancia”.
Vigo era una privilegiada en este punto: al ser puerto de mar algunas noticias, ideas innovadoras y conceptos novedosos, incluso revolucionarios, podían infiltrarse por entre las mercaderías que iban llegando al puerto. Los puertos eran puntos de entrada de innovaciones siempre, por eso siempre estuvo a la vanguardia de las ideas y de las tecnologías. También, desgraciadamente, en la salida de personas hacia la emigración.
Los siglos XVII, XVIII e XVIII significaron el seguir del paulatino deterioro, decadencia y perdida del poder en el ámbito mundial y europeo. España, coma potencia mundial fue sustituida por naciones técnica y mentalmente más pujantes. Y como siempre esa pujanza aparecía allí donde había dinero y clases acomodadas que pagaran el talento. Así pues, los talentosos, los innovadores mayormente iban allí donde había dinero para desarrollar sus talentos.
Se pierde poco a poco, derrota tras derrota, revuelta tras revuelta, el control sobre las colonias y territorios de ultramar y nuestra influencia en la política del continente. Un conflicto abierto animan a otros territorios independentistas a sumarse a las revueltas. Con las rebeliones independentistas en América se pelea también en Cataluña, y aprovechando la coyuntura los portugueses inician su propia revuelta, animados todos por naciones enemigas, como Francia o Inglaterra, que sufragan con dinero, armas u hombres, según conviniera, y de la misma manera que España hacia en otros lados por los mismos motivos. La cuestión era siempre la misma: ganar terreno o mantener distraído al otro, y sobre todo, mantener el equilibrio de fuerzas entre todos.
La decadencia naval toca fondo en el desastre naval de Rande de 1702, donde una mermada, lenta, envejecida -técnica y físicamente-, y obsoleta flota de Indias Española, protegida por un importante contingente naval armado alquilado al entonces coyunturalmente aliado francés, es hundida o presa en las aguas de la ría. Ninguno de los dos bandos sacó nada positivo de aquello: los ingleses y holandeses no pudieron capturar el oro, que habia sido desembarcado y llevado en carros de bueyes a la corte, y los españoles nos quedamos sin buena parte de nuestra flota de Indias. Si la marina española era cada vez menos significativa en el mundo, a partir de este instante ya no volvería a levantar cabeza, pese a alguna gesta aislada, normalmente relacionada con algún desastre militar, como el protagonizado por nuestro ciudadano ilustre Méndez Núñez, y en el sector pesquero, más modernamente.
Eso si, España, en cuestión de artes, muy bien, gracias!. Es el consuelo que nos queda.

Vista del Vigo extramuros desde la muralla: Se ve parte de la Puerta del Sol y la zona de la actual calle Policarpo Sanz, y la ría al fondo.


Tui en 1702, desde lo que hoy sería el pié del puente antiguo y desde la orilla portuguesa. Salvo por la ausencia del viejo puente internacional el aspecto de esta ciudad no parece haber cambiado mucho. Prácticamente la misma imagen que tiene hoy en día. Si en vez de árboles ponemos una muralla y puerto, se imaginamos el Miño como el mar y colocamos la Colegiata en el sitio apropiado, quitando la Catedral de la zona más alta y salvando las naturales diferencias, casi podríamos tener una foto de Vigo de la misma época e incluso anterior.

Vista actual del escenario de la batalla de Rande
Batalla naval de Rande de 1702. La batalla significó un magnifico desastre para la flota española, ya bastante envejecida e ineficaz -hasta el punto que tenia que ser apoyada por la flota francesa, el aliado de turno-. El oro del rey se salvó, pero fué un desastre económico para muchos empresarios españoles y, paradójicamente, para muchos de la flota enemiga, que usaban ilegalmente a nuestros barcos para mercadear con América.


En la imagen el momento en el cual la flota enemiga, ya a favor del viento, comienza su embestida para romper las barreras del estrecho. Los cañones de Corbeira tratan de detener la embestida mientras el castillo de Rande es atacado por tierra por la infantería, que había desembarcado previamente.
Asi sonaba un cañonazo en una batalla naval o terrestre. Pinche aqui.
No ponga el volumen muy alto: hay susto!. Y eso que una grabacion de este tipo no puede recoger perfectamente el sonido. Basta fijarse en la reaccion de la camara fija y en el personal que pasea por los alrededores. Imaginese este estampido en un barco, junto a 40 cañones mas por piso -dos o tres-, debia ser sobrecogedor y ensornecedor. La sordera no era extraña a aquellos sujetos, y las heridas brutales -amputaciones o reventar literalmente-, ya fuera por impacto directo o por las astillas de la madera, a modo de cuchillas, cuando se astillaba la madera tras el impacto del proyectil en las maderas del barco. Una buena reconstrucción es "Master and Commander", estupenda pelicula belica naval de esta época.

Plano de Vigo de 1772

Vista desde el mar de Vigo, en el 1702. La población se desarrolla en el Casco Vello, desparramándose luego en fina línea de casas de marineros y factorías por el Areal hasta Guixar (Guijarro), y por el Berbés.

Detalle de la imagen anterior
Vista de Vigo en el 1702 desde el mar. La población se desarrolla en el Casco Vello, desparramándose luego en fina línea de casas de marineros y factorías por el Areal hasta Guixar, y por el Berbés.

Vista de Vigo, sobre 1702, desde Isaac Peral hacia O Casco Vello.
La GUERRA de la INDEPENDENCIA
Ciento seis años después del desastre naval de Rande estalla la Guerra de la Independencia contra los franceses. Napoleón era un gran emperador escondido en el pequeño cuerpo de un revolucionario totalitario. Conquistó las voluntades de sus seguidores con un populismo y mensaje revolucionario para su época, libertador, aunque al final les dio un Emperador, una dictadura que atrajo el odio de toda Europa, incluidos el de los liberales y progresistas que antes le habian apoyado y admirado como un adelantado y un libertador. Trató de debilitar a los imperios que rodeaban Francia exportando la revolución francesa -que pretendía representar-, con la excusa de querer liquidar a los reyes absolutistas y sus privilegios. Al final surgió el ambicioso dictador megalómano que era, el Nuevo Cesar, tan o mas absolutista que aquellos a quienes combatia, seguramente con la eterna excusa de un pragmatismo revolucionario. Una vez más, como poco antes la Revolucion Francesa, las ansias de libertad creaba un monstruo, un salvapatrias. La herencia del providencialismo real.
Para ciertas clases altas, las no afrancesadas, un dominio francés al mando de Napoleón significaban la perdida del control sobre el orden social y posibles caídas de sus privilegios seculares, y los que lo disfrutaban no estaban dispuestos a renunciar gratuitamente a ellos. Y teniendo al pueblo de ayudante mejor que mejor!. Sin embargo, al mismo tiempo, las promesas conciliadoras de Napoleón les animaba a un inicial colaboracionismo esperanzado.
Impresionante legajo del 2 de Mayo, exhortanto a la población a tranquilizarse. .

El ejército de Napoleón avanzaba ahora ocupando localidades estratégicas. Tras el 2 de mayo, buena parte de las autoridades, ejército e Iglesia seguian del lado francés, considerando los desgraciados sucesos como actos irresponsables y equivocados, pero la población desoía ya estos consejos y hasta amenazas y reaccionó con pasión y por su cuenta, al margen de las autoridades francoespañolas. En pocos días el mensaje de resistencia recorrió España y Vigo se unió a este grito. Ser “afrancesado”, adherirse a sus postulados progresistas se convirtió en traición y ser tachado de ateo o anticatólico, liberal y colaboracionista con el enemigo. España reaccionó por instinto, no por lo que posiblemente le convenia: ser dominada temporalmente por una nación que le hubiera traido un buen impulso de modernidad, aunque tambien no pocos problemas, según se vió después.
.Los vigueses, como buenos súbditos del Rey y orgullosos de nuestra independencia, aparentemente en peligro, nos aprestamos a rechazar a los extranjeros que venían ocupando paulatinamente ciudades y pueblos mientras se acercaban a Galicia.

Vigo en 1808
Bando francés destinado a su tropa, traducido, en el 2 de Mayo.

Echamos a los franceses y con ellos nos enterramos en nosotros mismos con Fernando VII y su absolutismo trasnochado. Fernando VII cerró cualquier oportunidad a la modernidad, representada en la Constitución de Cádiz, y se aferró a un “ordeno e mando” tan típicamente español en estos tiempos oscuros. Los siguientes años son un continuum de crisis de gobiernos, golpes militares liberales (la izquierda del momento), deposiciones, reposiciones, guerras civiles de carlistas e isabelinos (una mezcla de conflicto de estilos de vida y pleitos monárquicos), abdicaciones y restituciones monárquicas, en un crescendo de contradicciones y antagonismos seculares que culminarían brutalmente, con paroxismo, en la Guerra Civil Española, aparente continuación de las anteriores carlistas, hasta volver, desde el 78, a donde nos habíamos quedado: salir del aislamiento peninsular y reencontrándonos con nuestros vecinos naturales: el resto de Europa.
Los sentimientos nacionales, enfocados en el promonárquismo de los madrileños, secundado por el resto de españoles, y la brutal respuesta de los soldados franceses a la revuelta popular cuando impedían la expatriación de parte de la familia real significó una respuesta emocional y previsible de casi todos los españoles, incluso de muchos de los que veían en los franceses esa oportunidad histórica para incorporarnos al progreso otra vez. La prepotencia francesa fue superior para los orgullosos españoles.
En 1809 Vigo es la última población ocupada por el invasor en España, y la primera en ser liberada. Parece ser que hubo un incidente casual entre paisanos y franceses, y una baja entre los primeros. La exigencia de justicia enardeció a los paisanos, que, finalmente dirigidos por los militares Pablo Morillo y Bernardo González "Cachamuíña" y la ayuda del Conde de Gondomar, se termina asaltando las murallas y lográndose la rendición -pues no podían recibir ya ayuda-, y posterior expulsión del ejército napoleónico, que son embarcados sin armas a sus barcos. Este episodio motivó la concesión a Vigo del título de Fiel, Leal y Valerosa.

La entrada de las tropas francesas en Vigo. Pronto desgraciados incidentes exacervarían el estado de ánimo de la población.

Tropas francesas en los arrabales de Vigo, cerca de la salida de la Puerta del Sol, en lo que hoy es la plaza de la Puerta del Sol. Apenas existian algunas casas y edificios extramuros (la aduana y control de mercancias), y la carretera a Ourense (Principe y Urzaiz), era poco más que un camino de tierra.

En el puente de Pontesampaio los vigueses huidos y habitantes de los alrededores lograron batir en retirada a los franceses, tras impedirles cruzarlo cuando acudían al rescate de la guarnición francesa en Vigo. Aislados y sin posibilidad de refuerzos, los franceses se rindieron.

Ourense sobre 1808.
En 1810, durante el trienio Liberal, breve periodo en el cual Fernando VII estaba controlado constitucionalmente, alcanza la categoría de ciudad. Vigo se convierte en capital de la provincia, pero perderá dicha condición con la restauración del absolutismo de Fernando VII, periodo conocido como la Ominosa Década. En sus ultimos años de reinado Fernando VII, tras decadas reprimiendo al liberalismo, parecio entender que el absolutismo ya no tenia cabida en España, y comenzó suaves reformas liberalizadoras. Eso no impedirá qu erecordemos su reinado como uno de los más nefastos de España.
Los siglos XVIII y XIX
El final del siglo XVIII y el comienzo del XIX van ser cruciales para el futuro de la ciudad. En la primera mitad del siglo XVIII la ciudad no acoge empresarios de nuevo cuño, pero será en la segunda mitad, con el reinado de Carlos III, que llegarán a nuestra villa empresarios con nuevo espíritu comercial, dinero e ideas a desarrollar. Se establecen aquí para iniciar empresas de salazón y comercio marítimo. Y también se atreven con el negocio del corsarismo, el lado legal de pirateo. Vigo conoce una prosperidad y empuje desconocidos hasta entonces.
En este momento es cuando las contradicciones con la ciudad de A Coruña se van a mostrar más crudamente. En realidad es una nueva edición de la eterna lucha de la ría de Vigo y nuestra ciudad por arrebatar a Baiona y A Coruña el ser los únicos puertos que podían ser usados para la descarga y descarga de mercancías extranjeras, lucha que ya existía antes de descubrirse América. Nuestro empeño, defendido por el arzobispo de Santiago ante Felipe II fue desestimado, pese a lo ventajoso de nuestro puerto y ría, por cuestiones religiosas y de orden, con la excusa del poco control, debilidad defensiva y excesiva liberalidad de nuestras gentes frente a herejía extranjera. El tema de las herejías no era cosa baladí en esa época, desde luego. Podía decidir el futuro.
A Coruña tenía el privilegio real de ser la única ciudad del noroeste de poder encargarse de la estiba y desestiba del comercio importante con las Americas y con extranjeros en general, privilegio que ella mismo obtuvo peleando con el puerto de Cádiz, que lo tenía acaparado. Eso propició el desarrollo de una burguesía urbana potente e influyente. Asidos a su monopolio no dejaban que ningún otro puerto ensombreciera sus privilegios. Vigo luchó también, por cuestiones de pesca o la salazón del pescado con otras poblaciones cercanas, como Pontevedra, Baiona o incluso Bouzas, a veces incluso encarnizadamente. Lograr una posición más ventajosa y mejorar la economía local era cuestión de ponerse muy serio. Estas luchas por los privilegios del comercio crearon las rivalidades entre las ciudades gallegas, rivalidades que permanecen aún hoy en día. Las reclamaciones para que Vigo levantara el vuelo que su prosperidad y crecimiento demandaba -que proporcionalmente podrían perjudicar a A Coruña-, eran la construcción de un pantalán o muelle para facilitar el atraque y el desembarco de las mercancías a través del mar y un acceso terrestre adecuado para los carros de la época hacia Madrid y su transporte y comercio con el resto del reino. Los comerciantes ourensanos, por ejemplo, se veían en el absurdo de tener que enviar sus mercancías a A Coruña.

Las líneas rojas indican la situación de las calles Alfonso XII y Elduayen, que llega hasta la Puerta del Sol, donde sigue hacia el Príncipe –antiguamente Carretera de Ourense y hacia Castilla-. El ramal que sube es la calle Carral y la que discurre paralela al mar es Rúa Real. Alrededor de lo que es el Príncipe es se distingue el trazado de Progreso, el callejón de Núñez, y otros trazados aún existentes. Algunos de estos trazados fueron caminos durante la prehistoria, y hoy en día son calles asfaltadas...

Comparación de planos de Vigo de 1850 y de 2004. Teofilo Llorente recorría el muro marítimo de la ciudad. A Pedra era aún eso: una enorme peña que sostenía el muro y qu ese volcaba al mar. Desde el bar Laurel, viejo vestigio de aquellas épocas, se podía escupir a las mismas olas batiendo contra el muro y las rocas. La calle Laxe sigue el lienzo de la murallas hacia abajo hasta el puerto de madera. Doctor Cadaval y Progreso son antiguas vías de la ciudad. Desde la altura de la actual Plaza Elíptica, cerca de la que hubo una antigua capilla, bajaba un camino hacia la playa por Roupeiro, Pontevedra y Hospital, rural hasta hace muy pocos años. Romil y Falperra son también antiguas vías, tan antiguas como prehistóricas, seguramente. El callejón de Méndez Núñez, que venía también desde la iglesia situada por la zona de la plaza Elíptica, caía en fuerte pendiente hasta Progreso. Muchas de esas laderas eran aún más pronunciadas que hoy, suavizadas por la urbanización. Es digno de mencionar los riachuelos que desembocaban en la Alameda y Areal. En los 60 y 70 aún era posible pasar por encima del que pasaba por la zona de Pontevedra y Hospital, donde se encontraron lápidas y piedras sepulcrales romanas que fueron usadas como losas y calzada para pasa el regato.
Estas peticiones de Vigo, evidentemente, rompía el monopolio de la Coruña, pese a su peor acceso a Castilla a través de Pedrafita. Evidentemente los obstáculos eran de orden económica y para defender sus privilegios. Pero A Coruña tenía una influyente burguesía, nacida a la sombra del puerto comercial, y de un acceso a Castilla si no decente si suficiente, y con la prosperidad disfrutaba de personajes influyentes y con el poder para detener y entorpecer los sucesos y llevarlos hacia sus propios intereses. Hacían lo que había que hacer y que sería lo mismo que hubieran hecho cualquier otro. El mismo Vigo, si la situación fuera justo la contraria habría hecho lo exactamente igual. Y de hecho Vigo lo hizo, cuando evitó que Bouzas compitiera con ella en la pesca.
Felizmente para Vigo las cosas fueron imponiéndose. Madrid necesitaba más recursos y veían muy apropiado disponer de un puerto y accesos para Vigo mejorados, por lo que consideraron dar su beneplácito a esas mejoras y licencias. Contra la opinión y los deseos de la burguesía coruñesa el pantalán y la carretera a Castilla desde Vigo fue un hecho y la ciudad tuvo una explosión de prosperidad. Con un puerto digno y accesos suficientes a la meseta los catalanes -que iban la Cuba o a cualquier otra parte de América a hacer lo que saben hacer tan bien: negocios-, vieron que a lo mejor no era necesario emigrar tan lejos de su patria y que bien visto Vigo les ofrecía grandes oportunidades de negocio con la pesca y el vino. Comienzan a instalar por la ría factorías de salazón de pescado. La salazón exige mejores barcos por el que los astilleros comienzan a marcar la costa y las antiguas playas. Los astilleros precisan de talleres auxiliares y trabajadores más y más especializados. Es el nacimiento de una industria y de un boom urbanístico que no parará hasta nuestros días.

Pequeño montaje de como pudo ser A Coruña sobre el año 1750. A partir de un grabado de la época.

Sin embargo Vigo era aún poco más de un pueblo grande. Aunque feroz: la flota corsaria de Buenaventura Marcó del Pont, afortunado empresario de la época, de origen catalán -como no pudiera ser de otro modo-, logra aún mayores éxitos económicos con ella que con sus negocios terrestres. El barrio de O Areal cobra notable importancia al alojar los astilleros, factorías de salazón, casas de marineros y los primeros edificios modernos burgueses y otros grandes edificios oficiales, iconos arquitectónicos de la bonanza económica, como un teatro, gracias a Norberto Velásquez Moreno, y una aduana.
Marcó del Pont logrará incluso hacer que el puerto de Vigo comercie con las Indias (América), gracias a una flota de prestigio europeo.
Buenaventura Marcó del Pont y Porí, nacido en Calella de Palafrugell, Gerona (España); 1728 y muerto en Vigo en 1817, donde vivía desde 1750, destacó por sus ideas innovadoras en la instalación de salazón para la distribución de pescado en su tierra natal. Siendo ya uno de los armadores más importantes de España, consiguió del rey Carlos III de España, en 1773, las primeras concesiones para hacer de Vigo puerto de comercio con América. En 1779 obtuvo licencia de corso y se dedicó a atacar barcos mercantes ingleses y de sus aliados portugueses, cuando la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos. Su actividad corssaria tuvo notable exito y ello le enriqueció aún más. Recordemos que el nombre de corsario se cambia a pirata cuando lo nombra el atacado.
Siendo regidor de Vigo ordenó, en 1817, la reconstrucción de la Concatedral de Santa María de Vigo, tras su destrucción durante la pasada Guerra de la Independencia Española. Costeó de su bolsillo la talla del Cristo de la Victoria a la ciudad, imagen emblematica del catolicismo vigués.
Tuvo cuatro hijos de la viguesa Juana Ángel y Méndez. Francisco Casimiro Marcó del Pont fue el último gobernador español de Chile. Buenaventura Miguel Marcó del Pont representó a la compañía de su padre en Buenos Aires. Francisco Marcó del Pont, se hace construir un pazo en Redondela, conocido como "o do Pousadorio"El patriarca vigués de este linaje fué Buenaventura Marcó del Pont, casado con Juana Angela Montes Villarino, y tuvo varios hijos: Pedro Francisco Marcó del Pont siguió la carreira de armas y llegó a ser brigadier en 1825 y comandante general de armas de la provincia de Tui. Buenaventura Marcó del Pont, otro hijo, fué intedente del ejército y regidor perpetuo del concello de vigo. Mandó la construcción el retablo del Santísimo Cristo de la Victoria, pagado de su bolsillo y de su hermano Francisco.

Francisco Casimiro Marcó del Pont
Una rama de su familia se convirtió en una de las más importantes de la joven nación argentina.
Otro empresario exitoso de nuestra ciudad, de origen riojano, fue Lorenzo Llorente, que acabó siendo alcalde de la ciudad. Introdujo el préstamo y el crédito para los mareantes que querían comprar barcos y aperos para faenar bajo una formula semejante al actual leasing. Pedro Abeleyra, otro poderoso empresario gallego poseía almacenes en el Areal de la Gamboa con todo tipo de mercancías de América y Europa. Se uno se molesta en ir a zona de confluencia entre Gamboa y Alameda podrá ver los portales de algunos de esos de almacenes, que aunque reconvertidos aun conservan en sus sótanos algunos vestigios de su antiguo aspecto. Otros emprendedores de éxito fueron, entre otros, Norberto Velázquez Moreno, Francisco Manuel Menéndez...
Descripción urbana del Vigo en la Edad Moderna
Vigo, en estos tiempos, y pese los continuos ataques de los corsarios, el puerto y ciudad de Vigo no poseía defensa útil alguna y los vigueses, que aún resistían y se empeñaban en vivir de los frutos de la mar, la gran despensa, vigilaban la línea del horizonte con justificada aprensión. Vigo estaba semiderruida y con las calles en franco deterioro y sin posibilidad de transito de carros o cabalgaduras.
La vida en la ciudad en el era fácil. Las condiciones higiénicas, vistas desde la actual óptica, eran desastrosas, y propiciaban el desarrollo de las pestes de aquellas épocas. La ignorancia hizo determinar que el medio mejor para evitar la peste era huir… en masa, así, el contacto entre unos y otros propiciaba la expansión de la enfermedad por las otras ciudades y pueblos.
La Colegiata y el convento de las franciscanas, levantado en el Areal sobre las ruinas de un pazo anteriormente destruido en otra incursión corsaria, estaban siendo construidos.
En el inicio de la era moderna, por el 1500, la villa se va expandiendo a su albur y al capricho de sus habitantes, sin tener en cuenta ni seguir ninguna dirección urbanística concreta o diseñada previamente. Siguiendo el viejo modelo de las aldeas las casas nuevas se construyen en torno a las iglesias o casas importantes, o adaptándose de la manera más apropiada a la geografía local, a los lindes establecidos y caminos. El Casco Vello y el Areal tiene cierta red de sumideros de desagües más estos están en pésimo estado y por lo general cegados por las manipulación del pescado y una ausencia de mantenimiento y saneamiento suficientes. Como en otras poblaciones europeas, el mal sistema de salud favorecerá las explosiones de peste cada cierto tiempo.
En el 1656 comienza la construcción de las murallas de Vigo que va suponer un corsé para el Casco Urbano, que crecerá hacia adentro, súper poblándose, retorciéndose y constriñéndose en si misma como un cerebro dentro del cráneo. Parece que exista una profunda y arcaica tradición de colapso viario en esta ciudad ya que ya entonces el transito era cosa bien complicada en estos días, entre la guerra y las obras de fortificación. Cada casa tenia la obligación de encarar o ayudar al arreglo de la parte de calle que pasara por delante de su portal.
En el siglo XVII comienzan la instalación de las primeras fuentes canalizadas. Pero los trabajos de salazón (la salmuera, grasas y desperdicios de los pescados), las arenas y el descuido las cegaban a menudo, haciéndolas inservibles y obligando a continuos arreglos. ¿No les suena extrañamente familiar esto a ustedes?.
Por causa de la guerra los vecinos se veían en la obligación de alojar y mantener en sus casas a los soldados. Esto produjo algún que otro altercado serio entre ciudadanos vecinos, incluso con los de alta cuna, como Leonardo de Arines, propietario de la actual casa de la plaza de Almeida, que se negó a alojar en su casa a cuatro ministros. Existían otros motivos de disputas y algaradas, como la escasez de la sal, materia prima vital para el salazón del pescado y de la cual dependían los que lo vendían fuera de la ciudad. Tras ciertos momentos de esplendor durante el siglo XVI, truncado por las guerras y pestes, Vigo no deja de ser un villorrio pesquero tratando de sobrevivir a las vicisitudes de la historia.

Hasta bien entrado el siglo XVIII las laderas de O Castro y las que suben hacia Calvario o Plaza de España, las que iban hacia la estación de RENFE y cerca de la playa eran terrenos baldíos, humedales, pantanosos u ocupados por pequeñas huertas con frutales, viñedos, olivos... Las casas, salvo alguna que otra aislada en el medio de los campos, se apiñaban en la orilla de mar en O Areal o en las laderas norte y oeste, desparramándose de manera caótica por el promontorio del Casco Vello. La línea del mar estaba entrecortada por zonas de rocas que ya no existen.
El Vigo de estas épocas estaba conformado por diversos núcleos protourbanos, as veces unidos, aunque no era lo habitual. En realidad Vigo siempre ha crecido absorbiendo núcleos o barrios. Los barrios más persistentes eran los ubicados en la Ladeyra, la ladera del Castro, un grupo en la zona de Roupeiro que se extendía hasta la orilla del mar por el Areal. Algún grupo por Teis y el Canadelo (entre la RENFE y García Barbón), y por la zona de la Falperra y Romil cerraba sus limites. Las casas del Casco Vello partían, en escaso numero desde la zona de la calle del Príncipe, Barrio del Placer y la base del Castillo de San Sebastián, actual Ayuntamiento de Vigo, hasta Teófilo Llorente, que no existía como calle por supuesto, si no que era la línea de rocas donde venia a romperse las olas y donde destacaba A Pedra, una enorme roca granítica al borde del mar que daría nombre a la plaza que se situó justo encima de ella. Los símbolos o edificios más sobresalientes y reconocibles de la villa serían la Iglesia de Santa Maria -la actual concatedral-, y la Torre de la Pulguiña o del Penso, resto del castillo medieval reconstruido allí y que servia de punto de observación, vigilancia y defensa ante los ataque corsarios.
En 1513 Vigo cuenta con 242 vecinos. Cada vecino censado significaba un padre de familia o cabeza de familia de una casa, sin contar parientes. Suponiéndoles una mujer y unos 4 o 6 hijos, los abuelos y alguna tía o sobrino a su cargo por vecino podemos calcular una población real de unas 2500 personas, a las que habría de añadir militares de la guarnición y los transeúntes y comerciantes que permanecían solamente unos meses al año. Una población fluctuante entre 1500 y 3000 personas según las épocas no parece descaminado de suponer para el Vigo del siglo XVI, pero con una tendencia creciente en la media hasta el punto que en 1571 ya son 700 los censados.
En la primera mitad del siglo Vigo, favorecida por los acontecimientos de la descubierta de América, la buena pesca y el aumento del comercio catapultan a la ciudad a un esplendor desconocido, llegando a ser más poblada que Tui, Baiona, Redondela o A Guarda -aunque menos que Pontevedra-, y una de las villas más prosperas del sur de Galicia. Pero en el 1579, tras la peor peste recordada en la zona, ya solo quedan habitadas dos casas en la villa, y muriendo o huyendo el resto de la población.
Con la construcción de la muralla, durante la Guerra de la Independencia de Portugal, Vigo tiene límites físicos urbanos. Los barrios, calles, plazas y casas tienen que seguir un ordenamiento urbano con un máximo aprovechamiento del suelo. Así comienzan a construirse casas pequeñas y con pisos, apoyándose unas en las otras, como corresponde la tradición urbana. Ya desde muchos siglos atrás las calles eran zonas controladas por gremios. Los herreros cos herreros, los sombrereros con los sombrereros etc. Casi como si de castas se tratase. A fin de cuentas era normal que los oficios se heredasen de padres a hijos y nadie esperaba que un desease ser otra cosa que lo que había sido su padre. La alternativa era ser artista, mendigo, militar o clérigo, claro, o un fuera de la ley. Hay que recordar que en el se dejaba ir de un lado la otro libremente. Uno tenia que vivir en donde nacía y cualquier cambio de domicilio era menester ser informado y aceptado por la autoridad. Vigo, al ya disponer de murallas y puertas las abría y cerraba a unas horas determinadas, y nadie podía salir o entrar sin el permiso del oficial al mando de las llaves de la ciudad. Los comerciantes necesitaban pasaportes y visados para ir de una villa la otra y la mendicidad itinerante solamente era tolerada con limitaciones. Sin embargo, para la época, Vigo era un puerto liberal y de costumbres abiertas, propicio para las ideas liberales y heréticas incluso, debido la presencia de barcos de todo origen en su ría y puerto. Y una seña de la identidad de Vigo, coma de todos los puertos, era dejar en la ciudad y sus habitantes algo de las ideas distintas y originales de otras latitudes, y de costumbres más innovadoras e ilegales incluso. Este detalle fue motivo de la desconfianza de las autoridades y de no darle más alas a la ciudad.

Hasta la construcción de las murallas la ciudad fluctuaría y cambiaría de tamaño y forma muchas veces, con una tendencia a ocupar las rocas del promontorio que O Castro tiene en el mar, donde está O Casco Vello, y con prolongaciones por la playa, cortadas puntualmente por rocas, hoy desaparecidas, hasta O Areal, Guixar y Teis. La calle del Placer, mucho más longa que su actual trazado –iba desde la plaza de la Constitución hasta la iglesia de Santiago el Mayor ubicada por Venezuela-, y Falperra que existe documentada desde el 1533, escaparían del amurallamiento. O Berbés, cuyo nombre viene de Berdez, en referencia el verdor que en algún tiempo lejanos debió tener como prado o huerta, también quedó fuera de las murallas, como el Convento de San Francisco que aún hoy conserva una calle empedrada llamada de Santa Marta y que la enlazaba con barrios arrabaleros de la Falperra y Romil, formando el barrio del Cura. Cerca del convento, hacia Torrecedeira, existía un cementerio -posteriormente eliminado y hoy en día urbanizado con un grupo de casas-, y una playa, donde hasta no hace mucho existían unos baños públicos con casetas, y donde se celebraban verbenas populares y bailes.
Por los alrededores del Policarpo Sanz, García Barbón y Urzaiz solo habría campos, viñedos, frutales, maizales, corredoiras y manantiales a cientos. Cerca de las murallas se constituían los embriones de ciertos barrios y calles bien conocidas, como la Porta del Sol, como inicio del camino de Ourense, bajando desde Cabral en línea recta, formando al llegar a las murallas de Vigo el barrio del Salgueiral, por los arboles –salgueiros-, que allí crecían, Justo encima del Salgueiral estaba la calle y barrio del Placer, que acababa debajo de donde hoy está la Cruz de los Caídos y pasa la calle Venezuela. Conformando el Campo de Granada de Arriba, hoy Plaza del Rey, y el Campo de Granada de Abajo, donde comienza la calle Don Bosco.
El Barrio de San Sebastián, donde están ahora los restos del castillo y el actual monolito cristalocementéreo que constituye nuestro funcional Ayuntamiento –y monumento en falso a la modernidad-, recibe su nombre por una capilla dedicada a ese santo construida en el siglo XVI. Una de sus calles y la de las Hortas, cuyo nombre no deja duda acerca de lo que había en ese espacio en esa época. Y fácil imaginar una colina verde de prados y huertas cortadas por muros y cercados con una pequeña capilla en el medio, poco más abajo las primeras casas y la Torre de la Pulguiña vigilante, hasta el 1875, en que fuera derrumbada. La perspectiva de la ciudad desde la capilla de San Sebastián era alta y escarpada y las rutas de acceso a las calles de abajo empinadas y angostas. Esa geografía empinada sugiere que fue el origen del poblamiento, siendo las grutas y recovecos las primeras habitaciones y refugios en estas tierras.

Arriba el castillo de O Castro y la prolongación que daba a donde hoy en día existe un parque infantil. Abajo los rectángulos que representan la Alameda, zona extramuros ganada al mar y arbolada, a modo de paseo. La pendiente desde Sol a la puerta de Balboa estaba urbanizada. Desde esta puerta partía la carretera a Pontevedra y a sus pies se celebraba la feria de los cerdos, al lado de la Alameda. Este plano es posterior al de 1856 y muestra una mayor urbanización de la zona extramuros.
En la Ladeyra del Castro, excepto en el Placer, Falperra y Romil había pocas casas. En la zona del Placer y principalmente donde hoy es Progreso y Doctor Cadaval, el terreno es muy empinado y los derrumbes no eran infrecuentes. Ahí solo podrían construir gentes humildes que no tenían otra opción si deseaban estar cerca de la ciudad. Bajaban por él alegres y cantarines arroyos. Del campo de Granada de Arriba partía un camino hacia la zona de la Plaza de España y el Castillo de O Castro, que mantenía la Ladeyra despejada de árboles por lógica militar. La calle de Doctor Cadaval partía desde la explanada de Sol, como un camino de tierra, sorteando campos de labor y prado, alguna pequeña casa, subiendo poco a poco para volver la caer y convertirse en la calle Progreso. Solamente era un mero camino de tierra que aún hoy podemos seguir, bajo el asfalto y el adoquinado, e incluso hacer una viaje por el tiempo medieval de Vigo enlazando con el callejón de Núñez, que esta justo entre Progreso con Maria Berdiales y Xoaquin Loriga, en la misma curva, y que era su continuación sin duda. El pavimento, aún parcheado con cemento, aún conserva cantos rodados y piedras de pocos siglos atrás, pero que marcan un camino superviviente de la Edad Media, neolítico e incluso anterior, siendo un vestigio fósil de los rueiros clásicos de los habitantes de estas laderas. Al llegar a este punto entre las calles Joaquin Loriga y Progreso, se dividían en dos: una ramal seguía por el callejón de Núñez y salvaba un promontorio empinado, y el otro bajaba por la parte de Don Bosco que cae junto al Museo de Arte Contemporánea, antiguo Palacio de Justicia, cruzando Principe, Urzaiz, siguiendo por Isabel II y rematando en Pontevedra y Hospital -ahora Ines Perez de Cota-, donde hubo, alternativamente, iglesias, pazos, conventos y hospitales militares. Por ahí esta la Fuente de Roupeiro. Allí giraba de nuevo hacia arriba para subir por la Republica Argentina, serpenteando por Rosalía de Castro por otro ramal que surgía por la izquierda, en el barrio del Roupeiro, y pasando por el arroyo del Hospital. La zona es famosa por los puentes que existían en el y sobre todo por las lápidas romanas que se encontraron para hacerlo viable, usadas como empedrado. Yo recuerdo perfectamente pasar por allí de niño, jugando. Era una zona marginal, obrera, de talleres, muros, quincallería, electrodomésticos tirados, viviendas de gitanos, en un entorno mas rural que urbano. No era una zona recomendable, aunque excitante para un crío. Rosalía de Castro solo se intuía ya que estaba llena de maleza, restos de casas viejas, talleres semiderruidos y factorías arruinadas (aun quedan muestras hoy en día). Aunque alguna de las losas por las que pisaba, y bajo las cuales se oía el chapoteo del agua del arroyo, que yo creía mero desagüe de aguas sucias y de cloacas, no eran las que ahora están en el Museo Quiñónes de León, en Castrelos, convertidas en joyas de la historia romana en Vigo, se parecian bastante. En lo que es ahora una bajada a Rosalía Castro, en la continuación de Republica Argentina, existía un túnel, cegado con un muro por los años 70 u ochenta, por el que discurría la vía del tren que iba desde la estación al puerto. Pasaba al lado de la RENFE, por abajo, y su otro extremo salía por detrás del edificio de “Oh, Vigo!”, la antigua sede de la Sección Femenina de la Falange y la entrada de la autopista por la calle Cervantes. Rosalía y Roupeiro eran zonas semirurales, con casas viejas y destartalas, ruinas de los viejos talleres de los años 20 y 30 y las incipientes edificaciones que cambiarían radicalmente su fisonomía. e los Maristas, cruzando Ecuador y Simón Bolívar hasta llegar a la parroquia de Santiago de Vigo, situada en la cumbre del que es hoy la Plaza Elíptica, o muy cerca de allí.
La calle del Príncipe, el Barrio del Salgueiral, inicio de la carretera a Ourense y Castilla, tras un arranque horizontal ascendia por la pendiente hacia el Calvario y Cabral, pasando por campos, tierras de labor, praderas, huertas y frutales. Había pequeños bosques aislados de grandes árboles a la altura de Vía Norte y Casablanca, que tomó su nombre precisamente por una de aquellas casas de piedra encaladas, solitaria, que algún día hubo allí. Más arriba, en Choróns y otras partes del Calvario –a la sazón una aldea o barriada-, había bosquecillos con algunos árboles enormes, especialmente en épocas recientes, cuando se trajeron los eucaliptos. Canto más uno se alejaba del centro más abundaba la vegetación y las árboles, Se uno toma la visión de la zona de Teis y Chapela, eliminando muchas casas y las empequeñece, quitándoles colorido, o si busca por la calle Pino, Cantabria o Canadelo Alto o también a veces, perdidas por aquí y por allá en Bouzas, en la ladera sur del Castro (Hispanidad), se pueden encontrar algunos ambientes semirurales supervivientes que reflejan y ayudan la imaginarnos bastante bien lo que era la ladera que aún existía en Urzaiz a fináis del siglo XIX e inicios del XX. Más concretamente en los inicios del XX, ya que el crecimiento de la ciudad comienza siendo espectacular a partir de los años 30, apenas un pueblo, y explotando en los 60 y 70.
Un apéndice: ¿por que cada barrio se llama como se llama?. Pues por cuestiones lógicas: el Salgueiral (zona Principe)por que fué un bosquecillo de este tipo de árboles, Choróns por que hubo sauces llorones en algun momento, Casablanca ya se explicó: una casa de ese color dio nombre a la zona, al ser la mas llamativa o unica de la zona en algun momento. A veces, de tanto repetir o de conocer desde niños, nos olvidamos del significado u origen de un nombre, cuando es el mismo nombre el que nos da todas las pistas. Calvario suelen recibirlo los barrio situados en un alto o cumbre, como el Calvario biblico.
En la orilla del mar, y junto a las mismas murallas, ya casi en arena de la playa, en la parte baja del Salgueiral, nos encontramos la Aduana: este edifico estaba situado cerca de la porta de Gamboa. Desde la Aduana y de una plaza donde se celebraba la Feira dos Cardos, partía la carretera de Pontevedra. Siempre hubo una pequeña explanada en el arenal terroso que representaba el germen de la Alameda, limitada por la muralla y bastión de A Laxe y que llegaba hasta la calle Colón y Pontevedra. Un regato caía por la vertiente de Carral hasta el mar, llamado Arroyo de los Tornos y, paralelamente, unos metros más allá, discurrían la Alcantarilla de Villavicencio, que nacía cerca del Placer y bajaba por debajo de la actual Casa de las Artes, viniendo a desaguar en la Alameda, en el puerto deportivo, la altura del pequeño muelle de piedra.
La calle Pontevedra y Hospital son de los caminos, y luego calles, más antiguas de Vigo. Esto me hace pensar que debió ser ya desde muy antiguo el camino habitual de las gentes para acceder a esta zona desde el Casco Vello y la Ladeyra. La zona intermedia entre este punto y las murallas debieron ser por mucho tiempo campo o zona de malezas, semejante a como están ahora partes de San Miguel de Oia, el Fragoso y Coia, con un bosque bajo y matorral litoral de difícil acceso. El camino que subía hacia la carretera a Pontevedra, hoy Policarpo Sanz, García Barbón y Sanxurxo Badía, era la carretera de Ourense. Hoy la llamamos Urzaiz (José Antonio hace unos años).

Casas y talleres por el Areal, Guixar, sobre el 1702.
Desde la Aduana, cerca de A Laxe, y desde allí hasta Guixar existía una fila de casas y factorías a la orilla del mar, en la playa, con huertas y campos en sus partes de atrás. Aún es posible encontrar alguna de aquellas estructuras vivienda-huerta o jardín, hoy en día abandonado y salvaje, por el Areal, sobre todo en el Callejón de O Funil, estrecha calleja que une García Barbón con O Areal. Aún existen restos de viejos muros de los muros de aquellas antiguas factorias, almacenes, talleres y astilleros, muros de piedra de tipo rural o arrabalero de piso enlosado que seguramente salva pequeñas y ancestrales vías de agua. en la zona donde ahora solamente hay una gran explanada. Llegando a Sanjurjo Badia, existían al borde de la vía una barriada de casas de pescadores y agricultores de condición humilde. Justo el otro lado de la carretera había algunas grandes mansiones y magníficos campos y bosquecillos. Encima de todo aquello era zona del ferrocarril y un taller y centro ferroviario. Las factorías de envasado se apretaban en la Beiramar. Aún hoy en dia se poden ver alguna de aquellas factorías y casas en la calle que va desde García Barbón, desviándose justo al inicio de Sanjurjo Badia, a Guixar y Vulcano, por debajo del Colegio Apóstol Santiago, que aún conserva los restos de un pequeño y frondoso bosquecillo. A los pies del Monte del Niño da Aguía (el Nido del Águila), -traducido burdamente como monte de la Virgen de la Guía, por mera fonética y sonoridad-, se veía un núcleo urbano y industrioso hoy comido por los astilleros e industrias.
Por el otro lado de la ciudad, hacia del sur, está la fuente nueva de Romil, que aún existe y que daba comienzo el Barrio de la Falperra, viejo barrio alto y extramuros, de gente modesta, de cuya existencia existen referencias desde el siglo XV. Este barrio fue muy habitado en el siglo XVI. Era uno de los núcleos urbanos del Vigo medieval, aunque luego, con la construcción de las murallas, quedaría extramuros. Si bien la Falperra está modernizada, aún es posible respirar Vigo de la época de las murallas en la calle de Santiago, que discurre debajo del que fuera la Panificadora.
Una calle fósil de las que aún podemos disfrutar los vigueses. Pasar por ella es pasar por la historia de la ciudad. Calle estrecha, enlosada, típica. Remata en Alfonso XII, que entonces en el existía más que como un prado y un camino que se bifurcaba cerca hacia Tui, Bouzas y Baiona, una siguiendo el actual Pi i Margall y la otra bajando cerca del mar, por Torrecedeira. En la plaza y fuente en la que remata la calle de Santiago (no somos conscientes de la importancia de una fuente en aquellos siglos!), estaba la puerta de la muralla en su entrada por la calle de la Ferreria, llamada Puerta de la Falperra, con el baluarte de San Julián asomando a la caída que anuncia el Berbés, convertida hoy en escalera que baja al Casco Vello desde Alfonso XII, entonces Paseo de Alfonso, al lado del Olivo. Desde el Paseo de Alfonso bajaba y subía por la calle Barroca la gente al Berbés y a los lavaderos de la Barroca. Las calles de esta zona son de origen medieval y posiblemente herederas de las romanas. Son sinuosas y aprovechan o siguen el relieve de antiguas rocas y accidentes del terreo. Con seguridad este es uno de los núcleos prehistóricos de la zona,

Conocida casa en la Plaza del Ayuntamiento sobre 1850. Notar como las casas buenas estaban encaladas. Solamente quedaba al aire la piedra labrada; las esquinas, alféizares, remaches, soleras.... Vigo era un pueblo blanco, aunque no tanto como los pueblos blancos andaluces si mucho más de lo que pudiéramos pensar. La actual moda de dejar la piedra descubierta por pensar que así parece "estilo antiguo" es antihistórica y no deja de ser un ridículo apaño anacrónico, más fruto de la revalorización de la piedra vista -ahora se tiene por material noble-, que del recuperación de los viejos estilos. Entonces solamente la piedra labrada era considerada noble pues indicaba poder adquisitivo y era más estética, por supuesto.

Vigo desde la altura de Bouzas (que se ve en el ángulo inferior derecho). La imagen corresponde a mediados del segundo lustro del siglo XIX. Pongamos que en el 1880.

Bouzas, sobre 1850.

Vista de Bouzas desde O Castro, sobre 1850

Vigo en 1875, segun un grabado de Kueste. Sorprende esta gran roca de primer plano. ¿Un detalle creativo?, ¿real entonces?.

Vista de Bouzas sobre 1850

Vista zenital de Vigo en 1856. Muy poco después las murallas serían demolidas y sus piedras (muchas de ellas vestigios de edificios de eras pasadas), usadas para cementar el nuevo puerto y la construcción de los nuevos edificios.
Típica calle del Casco Vello en 1850, superviviente del caótico trazado medieval, y cercano a la concatedral. Así era aún algunas zonas de Rosalía de Castro por los años 60

Vista de Vigo del 1851 desde O Vixiador. La Alameda según su más moderna concepción comenzaba a perfilarse gracias a los enterramientos. Pronto desaparecerán las murallas, derruidas para permitir al expansion -y reutilizadas en la construccion de nuevos muelles y casas-, y desaparecerá la Torre de la Pulguiña, hito postrero de la Edad media. Los catalanes, empresarios forasteros y locales mantenían las sus factorías en la línea del mar, por el Areal y Guixar.

La misma perspectiva 122 años después.
En la página siguiente se muestra una vista desde las murallas de Vigo en 1856. En primer termino la Porta del Sol. Desde la Porta del Sol salen dos caminos. Uno sube en dirección a Ourense, la carretera de Ourense y Castilla, pasando por el Calvario. El camino que discurre por la izquierda es Policarpo. Las laderas de la izquierda llegaban a la Alameda, el Areal y a la carretera de Pontevedra. Todo era campos y huertas con algunas casas aisladas.


Grabado de Vigo de 1840

"Fotografiación”, o conversión digital de un dibujo a fotografía del Vigo en 1890, basado en un grabado de la época. Se aprecia la rampa que bajaba al mar desde A Pedra, ahora linde del Hotel Bahía de Vigo. la muralla costera, el edificio donde hoy en día está el Bohemia, en el actual Teofilo Llorente, y que aún mantiene un trozo de aquel lienzo y muros antiguos. A la izquierda el Hotel Continental, hoy en día ocupado por un moderno edificio, en cuya base esta Vigo Foto. Enfrente de esta esquina aun se puede contemplar restos de la antigua muralla, encofrada como una piedra preciosa en una urna acristalada subterránea.

Grabado fechado en 1858. Nótese que no se aprecia el lienzo de la muralla. En el borde dercho del muelle parecen vislumbrarse grandes gruas de estiba. Lo qu emás llama la atencion es el alto edificio justo entre San Sebastian (actual Ayuntamiento) y la concatedral. Algunos han querido ver en ese edificio la emblematica Torre da Pulguiña, superviviente de la edad media. Pero con mucha mayor seguridad solo se trate de un edificio contemporaneo del grabado. Lo curioso es que no se parecia en otros grabados cercanos en el tiempo, como la litografia anterior, fechada en 1840.

Fotograficacion a partir del grabado anterior. Ya sin murallas y sin el emblematico edificio (¿Torre da Pulguiña?).
Detalle del grabado de 1858, el misterioso edificio:


Personalmente deduzco que este edificio debió estar en los edificios derruidos para crear el espacio que une Puerta del Sol con la calle Elduayen, la Plaza de la Constitucion y plaza de la Princesa. Ese espacio ahora vacio, via de circulación y plaza estaba ocupado, según podemos comprobar en los mapas anteriores (ver plano comparativo de arriba, cuando Principe se inserta con Elduayen en las murallas, como se ve en al siguiente imagen:

Aunque existe otra opción: que sea realmente la mitica Torre do Penso o Torre da Pulguiña, un vestigio medieval derruido por esa época. A su favor está la perspectiva, según la definamos. Aunque se trata de un dibujo, y eso incluye distorsiones y perspectivas falseadas, estaria situado o bien delante del plano que hace la Concatedral (con lo cual seria un edifico moderno), o bien podemos suponer que está en la base del Castillo de San Sebastian o muy cerca y delante de él. La sutil forma almenada del edifico sugiere un amurallamiento, aunque puede ser un mero efecto de pixelizacion (veanse en otros edificos el mismo o parecido efecto). Lo que más me hace dudar son esas "ventanas" tan sugerentemente medievales. Si las comparamos con edificios dibujados más adelante en el plano: son ventanas demasiado grandes y escasas, de aire bastante medieval. Eso no seria propio de un edifico moderno.
Una paradoja: Portugal ha mantenido su acerbo arquitectónico muchísimo mejor que nosotros gracias en parte a su menor desarrollo. La razón económica podría haber sido crucial. Sin dinero para grandes “innovaciones” con uralita, ladrillo visto, cemento y cristal, solo pudieron conservar lo que tenían, preservando así un aspecto que en las Europa más civilizada ha sido norma: lo bonito, lo hermoso, se conserva intacto y lo nuevo se hace en nuevas ubicaciones. Exceptuando alguna excepción como la horrorosa Torre Eiffel (para la gente de su época, tachada de mamotreto infame), y sin embargo icono parisino mundialmente reconocido hoy. La pirámide del Centro Pompidou en el Louvre, otra brutal agresión en un entorno perfecto, que como en el caso antecedente, solo el tiempo y el adaptarse ha logrado hacérnoslo aceptar finalmente. A todo nos acostumbramos!. La excusa a estas agresiones suele ser que cada época debe dejar sus signos de identidad. Yo lo aprecio, pero no intercalado en otro signo… aunque esto -la superposicion de esteticas y signos-, ha sido la norma en toda época y lugar, o sea que mejor aceptarlo: las generaciones futuras ni se darán cuenta!. O sea que Toralla es solo la superposicion de un simbolo del siglo XX en medio de lo que siempr eha existido... Quejate ahora!. Y eso que a mi -ya me he acostumbrado-, no me desagrada ese "monolito" Kubrikano en medio de la mar oceana. ES rompedor, no?. Lastima que no sea tres veces mas alto :) .
Vigo desde Choróns, Calvario, sobre 1880.

MIsma vista desde Llorones, en el 2003

Un elemento imprescindible para el despegue poblacional e industrial de la ciudad: el ferrocarril. Encima Via del Norte.


Vigo en 1880 desde la Guía. Fotografiación o conversión a una imagen fotografica a partir de un grabado datado en 1880.

Vigo sobre 1850, desde la vértice del castillo de San Sebastián, actual Ayuntamiento. A la izquierda se aprecia el paseo de Alfonso XII, Elduayen y el puerto, la Iglesia concatedra. Un barco se acerca al muelle.
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EL CASTILLO DEL CASTRO
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Última modificación:
15 Noviembre de 2006
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