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EDAD de los METALES y la CULTURA CASTREÑA
En
los hornos de cerámica, o entre los rescoldos de una gran hoguera es
indudable que el alfarero vigués vio extraños restos duros más
maleables y que no eran piedra ni arcilla. En otras partes del mundo,
otros hombres, tras ver restos extraños de esas mismas substancias
duras formadas por los restos derretidos de los minerales insertos y
mezclados en las piedras y en la tierra acabaron relacionando el poner
determinadas piedras en los hornos u hogueras y la aparición de estos
productos extraños que pronto aprenderían a malear, a dar forma.
Resultaban
muy útiles si se sabían trabajar y darles la forma adecuada deseada. En
un principio anzuelos y puntas, luego también adornos, o tal vez justo
al contrario. Inmediatamente y según conocían más y más como encontrar
las vetas y recoger material abundante pudieron ampliar la gama de
objetos: puntas para flechas, clavos, cuchillos, hachas, azadas,
espadas y perolas, potes y vasos... y hacer una industria con
ello.
Comenzaron
con metales blandos y de bajo índice de fusión, como el estaño y el
cobre. Las mejoras en los hornos y un mejor conocimiento de los metales
y de las posibilidades de las aleaciones les llevaron paulatinamente al
control del bronce. La aparición del hierro fue ya el cúlmen y con el
se entrar ya en la Historia. Aunque las cosas no sucedieron
linealmente, sino interpolándose y mezclándose unas con otras.
La
revolución neolítica no se produjo aquí, en nuestras costas.
Hasta el momento de la cultura megalítica (con menhires o piedras
enhiestas, círculos líticos, y cámaras sepulcrales o mámoas, modorras,
medoñas y sepulcros o arcas, antas...), que a lo largo del III milenio
a.C. dejó numerosos testimonios.
La
introducción de la metalurgia del bronce durante el II milenio, al
parecer por grupos procedentes del sur del Duero, produjo notables
cambios. La economía depredadora fue progresivamente substituida por
las actividades agrícolas, ganaderas y mineras, que dieron nacimiento
a un comercio en las zonas costeras motivado por la abundancia de
yacimientos de cobre, oro y estaño. El arte rupestre es entonces de
carácter esquemático (insculturas, grabados o petroglifos).
En
ese momento, y en el seno de la cultura del vaso campaniforme
(2100-1800 antes da Era Actual), comienza a manifestarse, a través de
las joyas, ciertas diferencias sociales novedosas; las joyas de las
tumbas de los personajes de mayor riqueza o jerarquía (como en el caso
de la tumba del tesoro de Caldas de Reis), muestran una calidad y
cantidad bien diferenciada del de otras tumbas.
Castro de Baroña. Un ejemplo tipico de castro maritimo.
Los
tres períodos del bronce serían 1800-1500, 1500-900 e 900-600 a. X.C.
La llegada de pueblos centroeuropeos (celtas—célticos, aruios, saefes,
cempsi— e outros), por el 600 antes da Era Actual, supuso el inicio de
la edad de hierro y la consolidación de la cultura de los castros (de
castrelum o castillo), la Cultura castrexa o castreña del Noroeste de
Iberia; primeros asentamientos humanos numerosos y estables. El surgir
de este tipo de vida fue consecuencia de las migraciones humanas, que
hacían entrar en conflicto a unas tribus o pueblos con otras. La
necesidad de protegerse unos de los otros (proteger sus cosechas, sus
ganados, su grano), le llevó a establecer (como han hecho todos los
humanos en todas partes), fuertes defensas en sitios altos y bien
defendibles, protegidos, y que constituyeron los castros.
Los
castros (defensas amuralladas usadas en caso de peligro), y las
citanias (defensas amuralladas habitadas permanentemente o meros
pueblos amurallados, como el de Santa Tecla o Trega), muestran una
tendencia a la diseminación siguiendo las necesidades de la agricultura
el pastoreo o la minería, y atestiguan la presencia de una sociedad
belicosa que protege sus lugares de habitación con terraplenes,
trincheras y poniendo estacadas a su alrededor. Las casas son
circulares u ovales, aunque que también aparecen rectangulares con las
esquinas redondeadas. Casi siempre con un pequeño recinto circular en
la entrada, que con unos postes creaban un espacio semiabierto y
techado. La puerta se decoraba con cuidado y los muros eran de piedra
y/o barro. El piso se hacía con tierra pisoteada. Se ponía una bancada
en la pared y en el centro la cocina y la hoguera. El humo salía
fácilmente por el tejado de paja. Por su reducido tamaño solo se usaba
para preparar la comida y dormir. El resto de las actividades se
realizaban al aire libre.
Aunque
hubo una cierta presencia celta en Galicia, esta no fue muy importante
y su efecto en una cultura heredera de la cultura del bronce atlántico
o Halstatt, de la que provenían los celtas también tampoco fue
muy notable, pero explicaría ciertas similitudes y rasgos culturales
comunes con los celtas, extendidos desde occidente hasta el oriente
europeo y asiático también. Podemos considerar a cultura castrexa como
una versión periférica de una raíz cultural común bien definida en la
área centroeuropea, donde predominó la cultura Hallstat, raíz de la
cultura celta.
LA SOCIEDAD CASTREÑA
La
sociedad castreña se dividía en clases: el jefe y sus cortesanos
nobles, de familias de largo abolengo militar y riqueza, los militares,
los adivinos, videntes, curanderos y sacerdotes, y también los
herreros, los guardianes de los secretos de la metalurgia -un asunto
estratégico en aquel mundo-, y por ello considerados por los demás como
medio brujos. Quien no era poderoso, noble, rico o militar quedaba
comprendido entre os productores: ganaderos, pescadores, cazadores y
agricultores. Finalmente estaban los esclavos. Las mujeres poseían y
heredaban la tierra, casas y posesiones materiales adjuntas y los
hombres defendían los poblados y esas haciendas. Para el hombre
castreño luchar y morir en el campo de batalla era la mayor honra, el
mayor orgullo, y los temas de herencias, casas, ganadería y agricultura
no eran importantes para ellos.
Conocemos
algúnos de los nombres de aquellos pueblos: ártabros, eáporos,
supertamáricos, grovios (o Grove), hellenos (Ria de Vigo), lemavos,
etc.

Aspecto
que tendría Monte Feroso y la bahía de Vigo en el siglo VII aC. En la
cumbre el castro amurallado. En las laderas, con los tejados de paja
amarillenta que marca el paisaje y ocupando las áreas del Monumento a
los Caídos, Marqués de Alcedo, Pracer, Progreso, López de Neira, etc.,
los distintos barrios: los mejores y más respetables -donde estaban los
poderosos y los oficios estratégicos-, en la zona amurallada de la
cima, y los menos importantes en las zonas bajas.
Los
hombres que vivían por Vigo en el siglo VI aC. Ya tenían una cultura
propia castreña bien definida y un estilo de vida sedentaria con
agricultura y caza, casas redondas o difusamente rectangulares con
tejados de paja, tipo palloza, más bien pequeñas, agrupadas,
construidas con piedras y barro y situadas en puntos de fácil defensa.
Esto indica que las peleas por los recursos y por razones estratégicas
y de dominio territorial eran normales. Esta cultura desarrolla un
estilo violento y bélico de vida y basan sus esfuerzos en lograr el
suministro de los alimentos y los minerales que necesitaban para
fabricar objetos considerados como de elevado estatus social, como las
hojas para hacha flechas en cobre primero, bronce y hierro después, y
como prestigio grupal. Na edade do bronce este tipo de ouxetos eran
mais, ou polo menos tanto de uso ritual e de prestixio social que como
ouxetos de uso practico. Un hacha de cobre apenas es usable ya que
tiene una duración útil limitada: tras los primeros cortes efectivos la
hoja queda pronto roma o se abre y hay que afilarla de nuevo mediante
golpeo con una piedra adecuada y darle un nuevo pulido para recuperar
su brillo. Un hacha pulida y reluciente era cosa difícil y
extraordinaria de ver en aquellos tiempos y sin duda un objeto propio
de jefes y de hombres de reconocido prestigio y ese era seguramente su
principal uso: la ostentación de un objeto exclusivo.
Otra
cosa eran las espadas, puntas de lanza, armaduras, cascos, escudos
forrados de cobre o bronce y hachas de guerra destinadas a propinar
golpes y cortes al adversario. Esta tecnoloxia metalúrgica era objeto
de mucho secretismo profesional para uso exclusivo de las clases
poderosas y militares. El herrero era tenido como un mago y sus
conocimientos como asunto mágico y religioso.
Con
la llegada del hierro, más duro y resistente que los otros metales, el
bronce y el cobre perdieron valor y, aunque convivieron por muchos
siglos con el hierro, perdieron prestigio social y uso practico. El oro
y la plata se usaron desde un principio del dominio de la metalurgia,
pero solo para uso ornamental o ritual debido a sus características,
especialmente en el caso del oro, de no oxidarse, plasticidad, fácil
manipulación y sobre todo por su efecto estético resplandeciente una
vez pulido. Desde luego demasiado pesado y blando para un uso como
herramienta.
El
estado permanente de guerra impidió una evolución tecnológica y
cultural de los mouros castreños, entretenida y desgastada por el
ritual de las rencillas continuas. La violencia y la brutalidad eran
parte cotidiana de sus vidas; pendencias vecinales, por lindes, por la
comida, por lograr algún pretendiente al poder una mayor gloria
personal y reconocimiento. Si bien podían pasar temporadas más o menos
apacibles estas no eran largas y enseguida surgían nuevas luchas
tribales interminables. Las cabezas de los vencidos pasaban a formar
parte de la colección de la entrada del poblado. Este estado de cosas
hacia que el progreso tecnológico e intelectual se estancara.

Una vista del castro de O Castro al atardecer de un día cualquiera, muchos años antes de la presencia romana en Vigo.

Los
hombres o bien hacían labores de milicia en la defensa o en el ataque a
otras tribus o bien se dedicaban a ciertos menesteres agrícolas,
ganaderos y pesqueros (los que vivían cerca del mar). También podían
servir de mercenarios en cualquier ejército que pagase por sus
servicios, como para cartagineses o para los romanos, cuando estos
llegaron. Las mujeres se dedicaban a los trabajos agrícolas y ganaderos
y eran las encargadas de transmitir su cultura grupal a los hijos. Los
padres enseñaban a sus hijos varones sus tabúes y liturgias propias de
los guerreros. La posición de las mujeres a la hora de mandar e dirigir
era muy determinante en las cuestiones familiares o incluso tribales, y
seguramente eran sociedades matriarcales, como de hecho atestiguan los
comentaristas romanos. Los roles estaban perfectamente delimitados y
cada parte aceptaba como algo natural e indiscutible su propio rol
social.
Estos
grupos criaban puercos, aves, vacas y cabras... Del mar obtenían peces,
marisco y crustáceos en general. También se obtenían otros productos y
beneficios de la cercanía da mar: algas para abono y sal para
condimentar, conservar alimentos y comerciar. Vivían en un mundo donde
aun no existía ni la patata -que substituyó a las castañas-, ni el
maíz, y que aun habría de tardar unos 2.500 años en llegar desde
América. No existían ni se conocían frutas hoy consideradas normales,
como naranjas, melocotones, plátanos... De hecho la dieta era
básicamente el pan de bellota de roble o encina y las gachas de
cereales (centeno, mijo), algunas legumbres como las habas, guisantes,
hierbas y hortalizas (ortigas y lechugas aun asilvestradas y hoy
considerada mala hierba) y la leche y la carne del ganado y la caza.
Frutas
como las moras, frambuesas, castañas, manzanas y peras eran lo que
podían conseguir en sus bosques y campos, especies y variedades
asilvestradas todavía, de aspecto más pequeño que los que conocemos
actualmente. O mel estaba moi cotizada e usábase para facer licores
alcoholicos. Tamén facian cerveza a partires dos cereáis, as que eran
moi aficionados. Posiblemente o cocido era o xeito de cocinar mais
desexado e os asados sería un prato tamén habitual, inda que non
frecontes, non polo menos para os das clases baixas.
Sábese
que intercambiáronse ouxetos cas otrasculturas a través de vias
interiores e marítimas. A posible visita comercial dos fenicios, gregos
e cartaxineses, coma herdeiros da cultura fenicia, non supusera
apreciabeles trocos nas súas vidas, cicáis o mercadeo. Mais a chegada
dos romanos xa significou o principio do fin da cultura castrexa, inda
que nun principio a romanización probocou un incremento de este tipo de
poboados. A cultura castrexa permanecéu na nosa zoa a ta o século II da
nosa era.
A
edade dos metáis coincide cunha explosion demográfica, si se compàra
coas épocas anteriores. O gran número de construccions megaliticas
funerarias así o atestiguan.
El
Castro de Santa Trega (o Tegra), en A Guarda. Los castros situados
cerca de las lineas de comunicación de los romanos prosperaron
enormemente en un principio, para caer en el abandono cuando la
presencia romana pasó a ser predominante. Con la dominación e la Pax
Romana, el comercio y la prosperidad aumentó, ya no necesitaban
proteger sus haciendas y granjas en los altos. Los romanos también
exigían a los pobladores a venirse a vivir a las zonas bajas, donde
estaban mejor controlados. Esto significó el declive del estilo de vida
castreño.
Cosa
bien distinta eran las extrañas naves, largas y de grandes velámenes,
que a veces se acercaban a la ría a refugiarse de las tormentas o
simplemente a curiosear y hacer comercio con sus abalorios, telas
finísimas y alimentos y condimentos extraños a nuestro paladar por
pieles, metales y algunos alimentos secos. Les interesaba mucho saber
donde encontrar metales.
El castro de Toralla, unido tierra por un itsmo de arena.
Eran
hombres morenos, de pelo negro e rizo, que hablaban una lengua
ininteligible e impronunciable para los vigueses de entonces, y que
venían desde Fenicia en un principio, desde Qart Hadash o Cartago, y
desde el imperio de Gadis y Tartessos más tarde. Con el tiempo las
visitas de estos hombres de mar se acompañarían de otras semejantes,
aunque ya no del mismo país, y procurando que unos no fueran vistos por
los otros y llegando algunas veces a combatir entre ellos en la defensa
de sus exclusivas y secretas zonas de explotación.
Con
el tiempo los griegos, establecieron por aquí e por allá, en la ría y
más al norte factorías para obtener minerales que luego llevaban a su
país. Como proporcionaban objetos extraños y muy atractivos,
nadie les hacía daño y podían hacer sus negocios sin ser molestados,
salvo algún combate esporádico. Por otro lado sabían defenderse
perfectamente y poseían y usaban hábilmente arcos y armas que disuadían
a los atacantes.
Finalmente
se acercaron por nuestra zona un nuevo pueblo; los latinos, que venian
a tratar de poner en vereda a los pueblos que estaban a ayudando a los
pueblos del interior y del sur en sus luchas contra el invasor romano.
Los galaicos sirvieron como mercenarios para defender a los pueblos del
sur durante la conquista romana de Iberia y finalmente obligaron a los
romanos a actuar contra estos belicosos vecinos del noroeste.
Curiosamente los romanos extinguieron a los celtas de la meseta, pero
no hicieron lo mismo con los galaicos.
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Otras ciudades:
Jerez, Granada, Sevilla, Gibraltar, Madrid, Toledo, etc..
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5 de Julio de 2006
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