|
Entrenar en altura, todo un arte |
Que el entrenamiento en altura es un buen método de mejorar el
rendimiento de los deportistas es un hecho comúnmente aceptado tanto por éstos
como por los entrenadores y los médicos que trabajan en este ámbito. Aunque
todos ellos saben que es una gran ayuda, reconocen que se trata de una
disciplina en la que resulta muy difícil dominar todas las claves y ajustarlas
a las características individuales de cada sujeto. "Ese es el motivo por
el que el entrenamiento en altura es considerado casi un arte", comenta
Julián Alvarez, director médico del Centro de Alto Rendimiento de Sierra
Nevada, en Granada, un complejo dependiente del Consejo Superior de Deportes (CSD).
Las dificultades para dominar las líneas maestras de esta forma de entrenar son
todavía mayores si no se planifica adecuadamente. "Antes de subir hay que
ser conscientes de que el entrenamiento es un concepto dinámico. Lo que se hizo
ayer influye en el rendimiento de hoy y lo que se hace en la actualidad
determina el rendimiento del mañana. Eso quiere decir
que la altura, si se realiza, debe estar enmarcado dentro del plan anual del
deportista".
Según Alvarez, que habitualmente trabaja a 2.320 metros por encima del nivel
del mar -Granada, la ciudad más próxima está a 683 metros de altitud-, los
entrenadores y deportistas pueden trabajar con la altura de tres formas
distintas: como preparación previa a una competición que se va a disputar en
altura, como parte del entrenamiento básico de comienzos de temporada y como
una forma de mejorar el rendimiento a nivel del mar.
Calcular el margen
"Cuando se va a competir en altitud hay que subir dos o tres semanas
antes", explica. Si no se actúa con tanta anticipación y se acude a la
altura con menos de una semana de margen, el organismo no es capaz de asimilar
los cambios que se producen en ese entorno, lo que interfiere en el rendimiento.
"En dos o tres días, el organismo no se adapta y, por lo tanto, no se
rinde".
Cada vez son más los deportistas y equipos que buscan un lugar en altura en las
fases iniciales de la temporada de los deportistas, en las que se realiza un
trabajo fundamentalmente aeróbico, donde el volumen predomina sobre la
intensidad. Con
ello se gana resistencia aeróbica a través de una estimulación natural a la
producción de eritropoyetina (EPO), una sustancia que todos los dedos apuntan
como la estrella actual del dopaje cuando se recurre a ella por vía farmacológica.
Por eso, podría considerarse a la altitud como el mercado blanco de la EPO,
cuyo principal efecto es el aumento de la hemoglobina y los glóbulos rojos, con
todo lo que supone como mejora en el transporte de oxígeno a los músculos. En
este tipo de entrenamientos es preciso permanecer en altura al menos tres o
cuatro semanas y no realizar un trabajo de intensidad.
Si se quiere utilizar la altura como preparación para una cita que se va a
celebrar a nivel del mar -o en una altitud menor-, se aconseja que tras el
periodo de entrenamiento en altura se produzca otro de readaptación al llano.
Según Alvarez, éste debe durar unos 21 días, tiempo suficiente para volver a
iniciar un ciclo de entrenamiento competitivo. Esta fase es imprescindible por
cuanto el trabajo en altura, aunque se gana mucho, también se pierde ritmo de
entrenamiento, ya que no es un entorno en el que se deba hacer mucho trabajo
anaeróbico, conocido comúnmente como entrenamiento de calidad en muchas
disciplinas.
Para el experto, todavía queda mucho por investigar en qué medida es posible o
rentable hacer ejercicio aeróbico en altura, ya que parece que, aunque produce
un aumento del lactato, también estimula los mecanismos de tamponamiento.