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La negación, decir "no" bajo cualquiera de las formas que la lengua nos permite, es una acción de importancia primordial no sólo en el ámbito del lenguaje sino también en el de lo político. Y esa trascendencia hace que sea imprescindible que se acometa la tarea de intentar, al menos, combatir algunos de los errores más corrientes, esto es: algunas de las ideas dominantes, que en torno a esta cuestión se producen.

Convendrá lo primero aclarar bien qué es, a pesar de que corramos el riesgo de convertir en algo positivo lo que tenía su gracia precisamente en no serlo. Lo primero que hay que aclarar es que la acción de negar consiste en dejar vacía la predicación que se niega sin sustituirla por ninguna otra. Tratemos de ver esto claro con algunos ejemplos. Cuando en matemáticas decimos "5-3=2" simplemente estamos quitando, negando, a 5 la cuantía de 3, sin que añadamos ni siquiera 0,000001 por ejemplo. Cuando gritamos "mili, no" no estamos proponiendo un ejército profesional, ni que los objetores realicen servicios sociales, simplemente decimos que no queremos que haya mili, sin más. Cuando surgió aquel "nucleares: no, gracias" no se proponía que se sustituyesen por centrales eólicas térmicas o de pedales, se pretendía sencillamente, y ya ves lo que se consiguió con la persistencia en el rechazo y en no entrar a valorar, como a los políticos tanto les gusta, alternativa alguna, que no se construyesen más y se desmantelaran las que había. Así pues se verá ahora claro que la negación no afirma nada, que es una trampa y una traición al propio hacer de la negación pensar que negar una cosa equivale a afirmar, defender, otra. Fíjate como decir: no "N", siendo "N" lo que quieras, es completamente distinto de decir "no N", pues la negación verdadera, la que hace lo que dice, está fuera de la idea a la que se opone, mientras que "no N" se ha convertido en algo positivo, en una cosa, en otra "n" cualquiera, en otra idea, y se ha hecho así falsa negación, ha dejado de hacer lo que tenía que hacer. Este error de tratar de convertir la negación en una afirmación va muy de la mano del de pensar que para rechazar algo, para alzarse contra algo y querer acabar con ello, hace falta tener una idea, un plan, un proyecto alternativo. No sólo no es necesario, sino que, como se espera que se vaya viendo ya, es contraproducente, es uno de los caminos más seguros para evitar que desaparezca aquello contra lo que nos alzamos.

Otra idea corriente contra la que alzarse es la que asocia lo positivo a lo bueno y lo negativo a lo malo. Veamos de nuevo algunos ejemplos que sirvan para aclarar la cuestión. Si oigo que el equipo de fútbol de mi pueblo tiene tres puntos negativos parece que no será muy bueno, por lo menos para ellos, pero si presto atención a la maldad, veré que se trata de una maldad derivada de algo positivo, de una afirmación, de un "tener tres puntos negativos", como podría haber tenido diez positivos, es un caso de "no N" o falsa negación; por otra parte, si el resultado de un análisis para detectar el padecimiento de SIDA resulta "negativo", no parece que haya mucha maldad en ello. Esta asociación de positivo con bondad y negativo con maldad viene ya de lejos como nos recuerda el mito bíblico de la expulsión del paraíso de Adán y Eva tras comer el fruto prohibido del árbol de bien y mal, con lo que la perversa conversión de lo bueno en el Mal y de lo malo en el Bien, que llega a nuestros días hasta límites insospechados con la equiparación entre Dinero y Bien supremo.

La negación es el corazón de todo lenguaje y toda lógica, es, de nuevo contra la creencia dominante, la primera cosa que dice el niño, frente "papá" o "mamá", lo primero que el niño hace es decir no, primero como mero rechazo, apartando o dando un manotazo, por ejemplo, a aquello que le disgusta y luego, ya lingüísticamente, usando el gesto para negarse a alguna solicitud de un adulto, para pasar finalmente al uso del término que en la lengua en la que entra, y que a su vez entra en él, haya para la negación. Con el paso de ese rechazo activo del niño, que aparta de sí lo que le disgusta, a la abstracción, se produce la aparición misma de la lengua, que será posible gracias a que, de un lado, trae el niño, como "herencia biológica", por emplear un imagen de la mitología científica, la capacidad de hablar, lo que llamamos gramática común, y, de otro, se encuentra con la lengua de la tribu que le haya tocado en suerte y va oyendo de los hablantes de su entorno.

La negación es también el primer instrumento lógico, pues es lo que permite el establecimiento de la diferencia (A/no A) y sin diferencia no hay identidad así en la gramática, por ejemplo la oposición entre fonemas de una lengua, como en el mundo que el lenguaje crea. Es la raíz de la abstracción, que es lo fundamental del lenguaje, por eso un sordomudo puede hablar, o sea abstraer, independientemente del lenguaje de signos que emplee.

Repasemos ahora algunas de las maneras de producirse la negación. La forma primera es la del lenguaje corriente y moliente, por medio de los implementos de los que cada lengua dispone. Para el caso de esta que estoy ahora empleando: no, a- (ateo), an- (anarquismo), anti- (anticapitalista), des- (descubrir), in- (inutilizar), contra- (contracorriente), ...y también, en su caso, el silencio mismo. Gestualmente, o sea convencionalmente, lingüísticamente, pues sin lenguaje no hay convención, también podemos formular la negación. Y por medio de otras acciones corporales, por ejemplo, tirar el televisor a la basura. Es importante señalar que siendo hablar un forma de hacer, la negación es una forma de acción de especial relevancia y no es, contra la idea dominante, algo teórico que se aplicará más tarde, sino que al negar las ideas que forman la Realidad se la está transformando, igual que se crea la Realidad con el vocabulario semántico de la lengua, pues para que un perro sea de verdad un perro no habrá perro real hasta que no se incorpore la palabra "perro", aunque te muerda, pues si lo que te muerde no sabes que es un perro, tendrás una herida y hasta te podrá entrar la rabia y te morirás, pero no de mordedura de "perro". Esto que es tan evidente resulta de ordinario dificilísimo de entender, pues sucede, como muy bien señalaba Freud en su misma primera obra citando a su maestro Charcot, que "no se ve más que aquello que se ha aprendido (nos han enseñado, más bien) a ver". Así que si no lo ves claro a la primera, trata de despojarte de los prejuicios que te han inculcado y trata de leerlo con la mayor ingenuidad, o sea, falta de ideas previas, que puedas y a ver si así razón se te presenta con claridad.

Veamos ahora como se neutraliza, como se acaba con la negación. El principal procedimiento actual de acabar con la negación es por vía de asimilación, de integración. Así que el peligro político mayor al que se enfrenta todo intento de rebelión hoy es el ser recuperado por el Poder. Hay que recordar que los procedimientos de mera represión en la actualidad se reservan para los territorios de los márgenes, tanto de los países periféricos a los de los estados del bienestar como para los elementos marginales de esos mismos estados. se acude a las fórmulas represivas tradicionales por medio de ejércitos y policía sólo como medida excepcional y se procura el rápido restablecimiento de, aunque sea sólo de fachada, de la "normalidad democrática" que rige como ideal en los estados del bienestar. La zanahoria, ha descubierto el Poder, hace andar al burro mejor, más deprisa y con menos esfuerzos y peligros para el amo, así que triunfante en todo el orbe la idea democrática, aunque de hecho queden los más de los territorios y sus poblaciones sometidos a formas antiguas de dominación, el ideal pregonado a mantener, alcanzar o falsificar, lo que demuestra su valor como ideal asumido por las masas de individuas personales, es ese. Lo que hoy mantiene el orden establecido en los estados del bienestar y les hace ansiar a las poblaciones sometidas del resto del mundo este modelo de sometimiento como ideal a alcanzar, bien emigrando hacia aquí físicamente, bien emigrando psicológicamente y tratando de llevar en sus países, en la medida de lo posible, este modo de vida que creen el mejor de los posibles, es la idea de que este orden de cosas de las que supuestamente disfrutamos la mayoría en los estados del bienestar, es lo deseable y que por conseguirlo o mantenerlo cualquier esfuerzo o sacrificio se justifica. Y esa idea, como todas las ideas, de que esto es lo bueno se introduce en las masas de individuos personales por medio de la palabra, pues no hay ideas sin lenguaje (luego se reforzará con imágenes, la mayoría convertidas ya en lingüísticas, o con otros medios). De ahí la importancia de la negación, ya que si bien es cierto que las palabras sirven para mentir, también lo es que esta cosa maravillosa, y la única humana que a todos se nos da gratis, a la que llamamos lenguaje, es la única que sirve para denunciar las mentiras de las ideas. Por eso hablar es hacer, por eso negar es deshacer.

Examinemos ahora un asunto esencial y de difícil comprensión, dificultad que viene dada por lo cerca que nos toca, más imposible, pues es a mi persona particular la que en ella se pone en cuestión: ¿quién dice no?. Para tratar de entender esto hay que considerar lo primero que dentro de cada uno, de ti que lees esto y de mí que lo escribo también, hay una guerra sin cuartel entre lo que de pueblo o gente indefinida habita en uno y su entidad personal propia, con su nombre propio, su número de carnet de identidad o de pasaporte, sus rasgos peculiares que le diferencian de los demás. Y así vemos la dificultad de entender esto, porque reconocer que el enemigo está en casa, que es por cierto precondición para derrotarlo, es lo que el Poder espera que no suceda, ya que su pervivencia depende del éxito de la operación de conversión del pueblo en masa de individuos personales que traguen los sustitutos de vida, propiamente desconocida, que se les ofrecen desde arriba. Que el malo esté fuera me convierte a mí en bueno, que el enemigo venga del exterior únicamente ofrece una facilidad para oponerse, pero que esté dentro de mí mismo, ¡eso ya es mucho reconocer!.

Esa noción de pueblo o gente indefinida a la que se alude no es propiamente nadie, su gracia está justamente en que no se sabe quién o qué es, simplemente no soy Yo, no es un conjunto o suma de yoes, es el único que puede propiamente decir no, pues una Persona o conjunto de ellas nunca podrá negarse. La Realidad, componenda falsa pero, ¡cómo no!, real entre mundo del que se habla y mundo en el que se habla, y que ha venido a dar en Dinero, como cosa entre las cosas reales, esto es, ideales, por excelencia, idea primera en la que se asienta el modo de dominación actual del Régimen de Capital-Estado que padecemos, se sostiene en su mentira por la fe de los individuos que están convencidos de que lo que quieren es lo que hay y lo quieren ¡faltaría más! libremente, por su voluntad personal. De ese Individuo Personal en el que confían Estado y Capital, porque nada peligroso para ellos puede esperarse, no sale negación verdadera alguna, sólo de lo que no es Individuo, y que cobijamos baja la noción de pueblo, puede esperarse tal cosa. Así pues es posible que de quienes sufren más gravemente la dominación, y se encuentran más lejos del poder, pueda darse, entiéndase bien, sea más probable, nada seguro en cualquier caso, la negación. De los niños, las mujeres o los trabajadores, o más precisamente, de lo niño, lo mujer, lo trabajador (pues la mera adscripción de alguien a uno de esos grupos no garantiza en cada caso concreto que pueda predominar, o siquiera aparecer, la rebelión, ya que lo normal es que a pesar de sufrir más gravemente la dominación prime lo personal, esto es, lo idiota, y lo conforme al mundo establecido), cabe albergar una cierta confianza en que pueda darse más fácilmente alguna posibilidad de rebelión contra la propia condición de sometimiento. Y aunque no sea imposible que quienes ocupan los escalones superiores de la jerarquía social puedan, porque también en ellos se da esa doble condición de gente e Individuo, alzarse y decir no, aunque, y esto es importante recordarlo, les sea más difícil porque para llegar a ocupar esa posición necesitan tener una fe mayor en las ideas que sostienen el Régimen, necesitan creer que lo bueno, para ellos al menos, es lo que hacen, que la sustitución de las posibilidades inciertas de vida desconocida por Dinero, el único Dios verdadero de esta época, es lo verdaderamente bueno y deseable. La idea tan extendida de que los de arriba son unos malvados que actúan en su propio provecho no es más que eso, una idea, esto es, una falsedad, pues ellos son los primeros y máximos creyentes en esta forma moderna de Dios que es el Dinero, no se puede ascender en la pirámide del Poder si esa fe, matarán, violarán, robarán, torturarán si es necesario por la fe que tienen en que lo que consiguen con ello es en verdad bueno.

Cabe sugerir que para distinguir si algo procede de abajo, de lo popular, o de arriba, del Poder, puede atenderse, entre otras cosas, a la variación que en función del sujeto que lo produce tenga la verdad de la cosa, dicho de otro modo, si la supuesta verdad de lo que se dice depende de quien lo dice, entonces estaremos ante una Opinión Personal, una Idea, algo que nada tiene que ver con lo verdaderamente popular, ya ves como a los políticos y a los tenderos (Estado y Capital) y a sus Medio de Formación de Masas les encantan las opiniones y los gustos personales que se traducirán en forma de votitos o facturas de compra sin peligro alguno para el Régimen. La verdad es, en cambio, común, de nadie y por ello simplemente de cualquiera que la enuncie, como recordaba Machado en el Juan de Mairena "la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero".

¿A qué se dice no?: a la Realidad bajo cualquiera de los nombres abstractos (nada personal, no hay que obcecarse con que los malos son los personajones que poner la cara en cada momento concreto al Poder, es al Poder mismo a lo que se dice no) que adopte en cada momento: Capital, Estado, Régimen, Sistema, Individuo Personal, Dinero, en fin cualquiera de los nombre modernos de Dios. A esa Realidad, nada natural pues si lo fuera no haría falta imponerla, que viene dada por el vocabulario semántico, las palabras con significado, de cada lengua (un ejemplo de la utilidad de los estudios gramaticales) es a la que se dice no. Se dice no de la mentira que el Dinero, como forma más perfecta en la actualidad de la realidad, al que todas las cosas se reducen, supone.

Esa negación se produce al hablar por desmantelamiento de esa Realidad que con la parte más superficial del lenguaje, el vocabulario semántico, se había constituido. No hace falta para ello someterse a plan o proyecto futuro, que son en general nefastos para la vida, sean los Planes Quinquenales o el Plan de Vida Personal que en cualquier agenda se refleja. Los inevitables sometimientos a programaciones futuras deberán pues vigilarse y tratar de reducirlos al mínimo indispensable para que la negación pueda cumplir su tarea de destrucción de las ideas de la Realidad y, so pretexto revolucionario, no se vuelva a reproducir aquello que se combatía por no tener presente que fines y medios son la misma cosa, y que no hay manera de combatir al enemigo si se usan sus mismas armas.

¿Dónde se niega? Hay que tener en cuenta que la constitución misma de la Realidad está basada en la componenda de la antítesis irreductible entre el mundo en el que se habla y el mundo del que se habla. El mundo en el que se habla simplemente no es, lo hay y punto, pero no es, puesto que con esa expresión aludimos al mundo de lo no nombrado, de lo exterior al lenguaje, mientras que mundo del que se habla ya sí es propiamente, en él una oveja es ya una oveja, esto es, tiene su nombre "oveja" que nos permite hablar de ella, hacerla ser, reducirla a un caso de "oveja" que nos permite por ello contarlas cuando hay varias o hasta decir que hay una sola. Así que el lugar de la negación es el mundo del que se habla, en el que se construye y destruye la Realidad.

A propósito de la cuestión del lugar podemos detenernos un momento en el asunto del centro y la periferia o margen, que suele prestarse a numerosas equivocaciones. Es frecuente ver como, llevados por los mejores sentimientos , pero disociados éstos de los mejores razonamientos (y cuando razón y pasión no marchan al unísono debería encenderse luz de alarma de error), tantos jóvenes, especialmente, se fueron y se van a los mundos tercero y cuarto , a las guerrillas antes o a las organizaciones no gubernamentales ahora, con el ánimo de luchar con los más oprimidos por su liberación o al menos por la dulcificación de su condición. Sin rechazar acciones específicas que puedan hacer aportaciones verdaderamente de oposición al Régimen, no hay que dejar de señalar que es en este mundo primero de los Estados del Bienestar o del Desarrollo Desarrollado donde está el núcleo de la dominación, y que es aquí donde verdaderamente se podría hacer algo de utilidad, no sólo por ellos, al modo de la caridad cristiana o solidaridad, sino por todos, al modo de la comunidad, que es la única forma de entender sin engaños la cosa, no es estar al lado del pueblo porque simpaticemos con él, sino porque lo que de pueblo haya en nosotros se rebele contra la dominación a la que está sometido y se levante por ello, no por caridad.

Nos queda ahora exponer cuál es el motor de la negación, qué hace decir no. Ese motor no es otro que el recuerdo del placer ya sentido. Lo que nos permite sentir que algo no es en verdad bueno y que pese a los esfuerzos que desde arriba se hagan por vendernos la moto no hay manera de que traguemos por las buenas sin sentir que nos están dando el cambiazo, no es sino la comparación que hacemos, conscientemente o no (en contra las más de las veces de nuestra propia consciencia y voluntad), entre lo que se nos ofrece como vida, como bueno, como objeto de deseo y fuente de placer y el recuerdo, especialmente cuando este aflora como reviviscencia, como un volver a sentir algo vivido, de un gozo sin más objeción que el haber terminado. Esa evocación de lo vivido es la que nos permite comparar, si no la cosa misma, sí el sentimiento, la sensación de placer de verdad con la vacuidad de lo que se nos ofrece.

La experiencia, que cuesta ya llamar universal por la precocidad con la que se nos impide vivir un vida digna de ese nombre, por la diligencia que el Régimen emplea para, antes de nacer incluso ("Centro de Enseñanza Prenatal"), impedir que quedemos expuestos a nada que no sean ya sustitutos, de placer que originariamente es amoroso, en forma de relación con la madre o quien haga de tal principalmente, es la que nos permite disponer de ese instrumento de comparación, que no medida, pues el placer es sin número ni límite. Con esa experiencia primigenia como referencia vamos luego siendo capaces de experimentar las otras formas posteriores de amor y placer. Fíjate como hasta la Ciencia, en sus ramas de Psicología o Criminología por ejemplo, se ve obligada a admitir que una falta severa de amor en la infancia, esos dos primeros años cruciales para la constitución del alma o personalidad humana con el aprendizaje de la lengua correspondiente, se traduce en graves patologías psicosociales, por la perversión de haber convertido lo malo vivido en el modelo de Bien a perseguir.

Para expresarlo de una forma pedante pero contundente cuando te pregunten por qué estás contra el Estado y el Capital puedes decir sencillamente que porque el Capitalismo no es libidinalmente competitivo, o sea, que no mola nada, que no da placer verdadero, que es un fraude al corazón y a la cabeza. Esa íntima conexión que hay entre placer y negación, como sustento aquel de ésta, implica que si negamos la Realidad ya dicha, lingüísticamente configurada, porque no produce placer, en el acto mismo de negar, de levantarnos contra la dominación, experimentamos un placer, el placer del razonamiento (recuerda como te sientes las veces en las que hay un diálogo de verdad vivo en el que participas apasionadamente, nada que ver con los diálogos comerciales a que personalmente estamos sometidos lo más del tiempo, del tipo de qué auto comprar o qué hipoteca es más conveniente para el piso-nicho de nuestra boda futura).

Es cierto, por otra parte, que a veces puede suceder que uno lo pase mal rebelándose, y sufra pobreza grande o encarcelamiento y represión, pero ese es un problema de uno, y uno, de cualquier manera lo pasa mal. Lo pasa mal a sabiendas o sin saberlo, ningún individuo reconocerá de sí mismo que se aburre en la discoteca o con el serial de turno, dirá que se lo pasa muy bien, pero cualquiera que mire desde fuera reconoce sin dificultad alguna que no es cierto, que ahí no hay placer alguno, que lo único que hay es contentamiento o sumisión por asimilación a lo que le han vendido, y así la niña será feliz en su matrimonio y el niño será feliz haciéndose un ejecutivo del Señor. De todas formas uno lo pasa mal, y los ratos en los que uno lo pasa menos mal y tiene algún vislumbre de vida son más bien por azar.

Y sólo resta, para terminar, advertir contra el llamamiento al voluntarismo, al hacer depender de la voluntad la acción negadora, que al convertir en trabajo (sólo hace falta voluntad, "fuerza de voluntad" para las cosas que suponen un sacrificio como trabajar o seguir un régimen de adelgazamiento) lo que debería ser un fruto del enamoramiento, del gusto por las cosas mismas que se hacen (y se ve sin más que enamorarse a voluntad no hay quien lo haga, negocios matrimoniales sí, pero enamorarse, eso pasa o no pasa, pero no hay quien sea lo bastante propietario de sí mismo como para que eso le pueda pasar) mata la posibilidad de que pueda pasar lo que no se sabe.


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