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NOTAS ACERCA DE LA NOCIÓN ESCOLAR
PARTES DE LA ORACIÓN
Primera Parte
Es del interés de esta Escuela el ir publicando una serie de monográficos sobre algunas de las etiquetas más tradicionales de la Lingüística. Por su interés general, y por su manejo en los estudios, aún habitual, y que muchas veces no contribuye más que a la confusión o enmascaramiento de los verdaderos problemas. Este es el caso de las Partes de la Oración (Parts of speech- Parties du discours- Wortarten, Chásti Rechi), noción tan antigua como liosa, que, seguramente, dará pié para renovados ataques a otras bien asentadas nociones en los estudios de lingüística al uso.
(Las palabras señaladas con asterisco señalan términos o cuestiones que, seguramente, merecen un estudio aparte o una ampliación).
ENTRADA
Elio Donato, el grammaticus del siglo IV, en su Ars grammatica, comenzaba así uno de los tratados:
- Partes orationis quot sunt?
?Octo.
?Quae?
?Nomen, pronomen, uerbum, aduerbium, participium, coniunctio, praepositio, interiectio.
?Nomen, quid est?
?Pars orationis quae...
Y los latinos no hacían más que repetir la nomenclatura de los griegos: pars orationis traduce el girego tà toû lógou mére.Û Û (Es ilustrativo recordar cómo entre los latinos el problema del artículo griego, del que el latín carecía, promovió su "entrada" en su catálogo de "Partes de la Oración" dentro de la categoría Pronomen : arthron et antonymia).
?
Hoy, se sigue empleando esta noción de nuestras gramáticas escolares y, a veces, con una pretensión de universalidad, con cosas tales como Verbo, Nombre y hasta Adverbio y Adjetivo (junto con otras más heterogéneas como Preposición, Artículo o Pronombre) a pesar, como veremos, de los muchos sitios desde los que, en los últimos años, ha venido cobrando voz la mala conciencia y el rechazo de esa pretensión de universalidad. Y, para mayor confusión aún, aparecen esas cosas tan escolares de Verbos y Nombres, y sus Sujetos* y Objetos, etc. con la pretensión de estar refiriéndose a categorías esplícitamente "Universales", -como dicen- en los estudios más de moda, con todo su desarrollo de metalenguajes de gran complejidad y sus aparatos formales (y su, aún mayor, apoyo académico, istitucional , etc.).
Muestras de la heterogeneidad de criterios y sobre todo, de la necesidad de conservar la noción a toda costa, tenemos en numerosos casos de los que son un ejemplo eximio los estudios de tipología y universales, (tan penetrantes por otro lado) de Greenberg, y los que le han seguido, manteniendo aquello de los "órdenes" VSO/SVO, etc. como "costituyentes principales de la oración" , donde tenemos, por un lado V como "parte de la Oración" (su "centro"), S como sujeto (función?) y O como objeto. Algo acerca de ello trataremos en la última parte de estas "notas".
ALGUNOS ASOMOS DE LA CRÍTICA
Un autor francés, J. Feuillet, renueva en un artículo el ataque a la noción: "aunque un aparente consenso se haya instalado hace tiempo y la tradición gramatical se vea tan implantada ya como para no poder imaginar la supresión de términos como verbo, nombre o adjetivo, no se ha llegado nunca a una solución satisfactoria ni sobre el número ni sobre la naturaleza de las Partes de la Oración". "Se podía pensar que este análisis tradicional no debería haber resistido al ataque de las críticas que ha ido recibiendo por doquier". Pero ya desde mucho antes tenemos las reflexiones (que Feuillet no cita) especialmente de lingüistas norteamericanos: así, del maestro E. Sapir : "Las categorías de una lengua, y particularmente las tocantes a la morfología, están tan extendidas que cualquiera que reflexione sobre su propia lengua se cree seguro de reconocerlas. Generalmente aquel que no conoce más que su lengua materna o quizás alguna otra lengua emparentada muy próxima, puede tomar por error las categoría como formas universales de discurso, de "pensamiento humano" o del propio "universo". [...] Las categorías lingüísticas no pueden, entonces, ser definidas en términos filosóficos [...]"; o las del propio L. Bloomfield : " [...] And so we might go on examining the various parts of speech and showing how they not merely grade into each other but are to an astonishing degree actually convertible into each other. The upshot of such an examination would be to feel convinced that the "part of speech" reflects not so much our intuitive analysis of reality as our ability to compose that reality into a variety of formal patterns. A part of speech outside of the limitation of syntactic form is but a will o the wisp. For this reason no logical scheme of the parts of speech their number, nature, and necessary confines- is of the slightest interest to the linguist ". Aunque después, tanto el uno como el otro, relativicen el ataque (como se debe, quizás) ya vemos cómo la crítica a los conceptos de la gramática tradicional ya cobró voz hace decenios. Y, por supuesto, no queda mucho que decir tras estas frases de L. Tesnière: "La clasificación tradicional en diez clases de palabras se funda simultáneamente en tres criterios: la naturaleza, la función y la posición: Así, el verbo, el sustantivo, el artículo y el participio se definen en consideración de su naturaleza propia. El pronombre, sustituto del nombre, el adjetivo, acompañante del sustantivo, el adverbio, acompañante del verbo, y la conjunción, que enlaza palabras, se definen por su función; y, por último, la preposición, que se sitúa ante el sustantivo y la interjección, son definidos en atención a su posición. [...] Viciada en su base, esta clasificación es inconsecuente en su uso [....]". La "solución" consistiría en distinguir entre categorías léxicas y categorías sintácticas, de manera que una unidad oracional compleja, en virtud de su función sintáctica, podría distribuirse en los mismos apartados formales en que se clasifican las unidades sencillas (o palabras) en virtud de sus caracteres morfológicos: mientras que la noción Partes de la Oración quedaría para los miembros (funcionales) de frase, se denominaría clases de palabras a lo que tradicionalmente se llamaba Partes de la Oración.
Este tipo de "soluciones", como veremos en la segunda parte, se quedan cortas en los casos de lenguas en donde los límites entre morfología y sintaxis se vuelven borrosos .
En su artículo, Feuillet nos recuerda, por último, que es el propio método el que es falso, y lo demuestra en su infructuosidad. El defecto fundamental según este autor se puede definir así: se otorgan al morfema o a la palabra propiedades que pertenecen a una unidad superior.
"Las nociones de verbo, sustantivo, adjetivo y pronombre no tienen más que un interés morfológico en el caso de las lenguas flexivas [...], pero en ningún caso pueden servir como punto de partida para la edificación de una teoría lingüística. En efecto, partir de la palabra es arriesgarse a hablar de conjugación adjetival y, por tanto, a confundir categorías y funciones."
"Este análisis, prisionero de la palabra, debe tratar diferentemente a los relatores autónomos* (preposiciones y conjunciones) y a los morfemas sufijados (desinencias casuales, por ejemplo) aunque sus funciones gramaticales puedan ser las mismas".
JUSTIFICACIÓN DE LA NOCIÓN PARTES DE LA ORACIÓN
Pero aquí se trataba, además, de justificar la génesis de esa noción. Veamos, pués, a la manera escolar, qué era aquello de las Partes de la Oración y a qué venía en la Gramática que allí se pretendía.
En principio, la clasificación en Partes de la Oración, aunque incluya cosas de las llamadas clases cerradas* de palabras mezcladas con cosas de las clases abiertas* (Adjetivos, por ejemplo, con cosas tan heterogéneas como pronombres y conjunciones), cosas del vocabulario de palabras con significado*, mezcladas con elementos del vocabulario no semántico*, se trataría de un intento de dar razón de clasificaciones en el vocabulario semántico de las lenguas, con tipos de palabras Nombre y Verbo, por ejemplo, dándose además una pretensión, esplícita o implícita, de la validez de tal clasificación para cualquier vocabulario de cualquier lengua.
Si toda lengua conoce clasificaciones en esa clase abierta de las palabras con significado, parece que hay que reconocer que cada una lo hace a su manera. Esto es idiomático. Esa clase abierta, infinita en el sentido de que hay elementos entrando y saliendo, en contacto directo con la producción, pero sin tocar la gramática, no es ni siquiera la misma para los hablantes de una misma lengua.
Esta clasificación, hecha a partir de las lenguas antiguas nuestras, no encuentra correspondencia clara con ninguna lengua de otras partes del mundo.
Todas las lenguas tienen clases cerradas de palabras (aquí entra en juego algo poco usado, la distinción entre lo que es común a todas, -con el uso de tal término y no de universal, cargado de esa falsa humildad de la lingüística que se quiere Ciencia como las de verdad- y lo que es particular de cada una) y también palabras con significado, la clase "abierta" (esas que solemos identificar más o menos directamente con la Realidad de la tribu*). Las ordenaciones en esa parte del vocabulario semántico son siempre imperfectas, y su infinitud se trata siempre de ordenar en algún sentido, siendo nuestra clasificación en Nombre, Adjetivo y Verbo uno de los intentos, sin más. Aunque no haya nada de común entre las formas de clasificación de esas palabras con significado, de ese vocabulario abierto, se reconoce que todas las lenguas testimonian una necesidad de establecer una cierta ordenación, siempre imperfecta, en ese maremagnum del vocabulario de palabras con significado. La infinitud es muy incomoda de manejar. Si tuviéramos todo el vocabulario semántico en bloque, sin ningún encasillamiento, el trabajo de discurrir y de hablar sería, ciertamente, enorme. Esa intratabilidad de la infinitud viene a ser parcialmente remediada por esas clasificaciones parciales y promovidas según el ejemplo del resto del aparato con sus conjuntos cerrados y ordenados por oposiciones de SI o NO, y, generalmente, por influencia de las clases cerradas: por ejemplo, la clasificación entre Nombres Animados, o de persona y de cosa, e Inanimados, estaría promovida o inspirada en la oposición entre índices* deícticos personales y no personales. La compañía con uno u otro tipo de cuantificadores, puede acarrear una clasificación entre palabras discretas y palabras continuas, por así decirlo: Nombres Contables / Incontables (los garbanzos y el agua, p. ej.) por influencia de la clase cerrada de los cuantificadores definidos e indefinidos.
Entre todos esos intentos, uno de ellos es este que en estos pocos siglos ha dominado entre nosotros: Partes de la Oración.
Ahora podemos ya aclarar cómo se puede llegar a una verdadera definición de estas Partes de la Oración para nuestras lenguas, y negar su interés para otros tipos de lenguas, pues es una casualidad que nuestras lenguas indoeuropeas tengan ese tipo de clasificación en su vocabulario semántico, esto es: no hay nada de necesario en ese tipo de ordenación.
Nuestra clasificación, gramatical, es uno de los procedimientos para dicha ordenación, pero hay que aclarar la cosa: no se justifica tal como nos la da la Escuela. Una cosa es que nuestras lenguas conozcan, desde las antiguas, esa clasificación (gramatical), y efectivamente, esa clasificación, por muy idiomática que sea, está ahí: hay rasgos de morfología o de reglas sintácticas, etc. que distribuyen las palabras con significado en varias clases. Pero en la interpretación escolar (Nuestra Gramática) lo que ha dominado es el error en la interpretación de esa clasificación: este error suele ir por la vía de la semantización*. Así, si se esplica de verdad en la medida que podamos- en qué consiste un Nombre o un Verbo en nuestras lenguas, se puede uno dar cuenta del error y de cómo se ha hecho esa generalización de estas Partes de la Oración a otros lugares. Sólo así se podía hacer esa estensión: solo si los nombres se entienden -como se entienden aún- como palabras de sustancias, y los verbos como palabras para las acciones, y los adjetivos como las cualidades, entonces, en esa medida el campo está abonado a estender su aplicación a partir de esas Categorías. Es este un buen ejemplo de un sitio donde la gramática deja de asistirnos.
Esa clasificación en nuestras lenguas, en cuatro palabras, estaba hecha de otra manera: p ej. se podría decir que el verbo, en sus formas personales, es la clase de palabra que no sirve para hacer de determinante de otra. Y ahora imaginemos qué tiene que ver esto con las cosas que se dicen acerca del verbo, y quién va a reconocer aquí al sacrosanto verbo y todo lo que dicen de él nuestras Escuelas.
P. Ej.- "Encontraron los leñadores cavan campos". Esta frase es imposible, porque "cavan" no sirve para enlazar sintácticamente con otra cosa, y ello nos obliga a hacer, o bien otra frase, en paréntesis: " Encontraron los leñadores (cavan campos)", aunque sea un poco violento, o, si no, convertir el modo personal en lo que se espera, en gerundio, participio, etc: "cavando", "campos cavados", etc., Este es uno de los rasgos que caracterizan a eso del Verbo de verdad. Hay unas funciones sintácticas fundamentales y comunes a cualquier lengua, y es respecto a esas funciones sintácticas fundamentales (núcleo de acción lingüística, complemento que contribuye a la acción o que contribuye al significado, y determinante* ) respecto a las que las PO se justifican o deben justificarse. Nombre es la clase de palabra semántica que sólo puede hacer de predicado y de núcleo de la acción lingüística cuando no está el verbo. Es decir, que tienen una justificación, y esa justificación de las Partes de la Oración es, mayormente, sintáctica. Contra esto no hay nada que decir. Es en su reinterpretación por semantización, por realificación, donde no tienen ninguna justificación las Partes de la Oración. Llegar a decir cosas casi metafísicas como "Los adjetivos son los nombres de cualidad y los verbos las palabras de acción" no funciona (aunque es maravilla cómo este tipo de "definiciones", que ya eran las griegas, cunden, a pesar de todo, por doquiera, ya en las gramáticas escolares, ya subrepticiamente en los estudios más sesudos y más al día).
Ahora, es importante señalar que el hecho de que las Partes de la Oración de nuestras lenguas se espliquen por referencia a la sintaxis, no quiere decir que esto pueda generalizarse para todas las otras clasificaciones. Las clasificaciones pueden tener fundamentos que no sean tan claramente sintácticos (los sintácticos son uno de ellos) aunque para el caso de nuestras lenguas lo sean esencialmente. Lo que se clasifica son palabras con significado, pues las que no lo tienen ya están ordenadas*, y esto quiere decir que hay índices* de las clases cerradas que afectan a unas palabras y no a otras. Por ejemplo, las desinencias verbales en nuestras lenguas afectan a unas palabras y las marcan morfológicamente frente a otras, y esta morfología diferente está sintácticamente condicionada, esto es, en correlación con las diferentes funciones que van a cumplir en la frase: se prevén formas de funciones. Dichos índices pueden ser desinencias o, por ejemplo, reglas de orden, como en el caso del inglés, donde, en la medida en que muy escasamente se puede sostener la división en Partes de la Oración, porque morfológicamente está muy sublimada, resulta que es ese índice de orden Determinante-Determinado el fundamento de la clasificación Adjetivo/Nombre. Otros índices pueden hacer que la morfología diferencie hasta cierto punto una clase de otra, pero esas diferencias morfológicas están a su vez sintácticamente fundadas (en las funciones sintácticas comunes a cualquier lengua).
Además, si lo que se clasifica son palabras con significado, entonces, un mismo significado* puede aparecer a la vez en las varias clases, como en Endulzar, dulce y dulzura, tres palabras con "igual" significado pero clasificadas como diferentes con vistas a la sintaxis con la intervención de elementos morfológicos.
Los atisbos de solución o salida de este perdedero, poco satisfactorios a este respecto, son, sin embargo, significativos: es claro que muchas de esas clases universales, p. ej. las de la oposición dinámico/estático (cuyo estudio sería más bien tarea de etnólogos), no parecen nada común, pero, en todo caso, el error está en ponerlo en relación con oposiciones como la de Nombre / Verbo, lo que va a traer consigo las famosas Categorías*, que, como más abajo veremos, surgen, ya de antiguo, de una astracción a partir de esta clasificación que aún tenemos de sustantivo / adjetivo (ya se sabe: substantia /accidens ...). Se trata, en definitiva, de un mecanismo que veremos a otros respectos repetirse en los estudios, la reinterpretación de los mecanismos gramaticales como si fueran mecanismos reales.
Estando claro ya para nosotros que ha sido el predominio de las lenguas de la Cultura dominante (vae victis!) el que ha querido durante siglos imponer esta cosa tan superficial de la Partes de la Oración como si fueran cosa de la gramática común, y, por el otro lado, que ha sido el encuentro, el registro y la descripción de lenguas estrañas el que ha desengañado (nunca lo bastante) de ello a los gramáticos, pasaremos ahora a jugar con los intentos de mantener la cosa o a los descubrimientos de su inutilidad, en estudios de algunas lenguas especialmente estrañas donde el uso de tales términos se ha revelado como especialmente impertinente y donde el debate se generó hace ya muchos años, y aportaremos algunos ejemplos concretos de producciones en tales lenguas para mayor disfrute y mejor palpamiento de los líos.
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