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Y más adelante: El Diálogo
es "obra de un narrador
ameno, de un solitario fabulador, la creación
de un
poeta, el espejo de una época vivamente
agitada y a la
vez de un ser humano puro y bueno. Pues los
capítu-
los no contienen dogmas y tesis, sino cada
uno una
historia pequeña y muy bien narrada,
ya una divertida
y fresca, ya una seria y amarga, ya una conmovedora
y
fina". La parte doctrinal "también
es excelente en
cuanto tal; pues por más que el autor
se desvíe, sigue
siendo el mismo hombre probo, bienintencionado
y
bueno, cuya naturaleza educa de por sí,
y también
sigue siendo un creyente y un monje convencido.
Aunque a veces llegue a lo burlesco, percibimos
detrás del narrador que juega con las
ideas al reli-
gioso serio e impertérrito, y cuando
narra los mila-
gros de la Virgen adquiere... una ternura
fina y
poética sencillamente conmovedora"
(14). Sus relatos
revisten una gran variedad. "Habla sobre la
vida de
los monjes, comerciantes y seglares, sobre
guerras y
cruzadas,... a veces incluso acusa a la Iglesia
secular,
y cuando tiene que decir algo malo sobre los
monjes, e
incluso sobre los de su propio convento, lo
hace con
vergüenza y tristeza, y con toda discreción,
pero
honesta y objetivamente". "Predominan las
anécdo-
tas: breves ejemplos de una conversión
o de un casti-
go, pequeñas escenas de la vida mundanal
o conventu-
al, agudezas, respuestas acertadas y también
ilustra-
ciones vivas de pasajes de la Biblia. A menudo
no
tiene más que diez líneas, y
manan inagotables de
una memoria inmensamente segur y cuidada,
y de una
observación realista y clara de la
vida cotidiana" (15)
Cesáreo es puro y natural. En cierta
ocasión, alude a
una mujer "amiga de don Enrique, nuestro abad".
No
se le ocurre explicar qué entiende
por esta expresión.
Le parece la cosa más natural que un
abad y una
mujer piadosa mantengan una amistad espiritual.
De
hecho, Cesáreo se refiere con frecuencia
a relaciones
de amistad espiritual entre monjes y monjas
o muje-
res piadosas. En sus páginas, el clima
de sospecha o
menosprecio respecto a la mujer se transforma
en
acogida y receptividad para toda aportación
femenina
en materia de contemplación y cualidades
de corazón.
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Su lenguaje y su estilo son admirables.
"Sobre todo,
escribe en un latín que nadie escribía
mejor en su
tiempo y región. No es latín
clásico. Pero está tan
alejado del esquemático latín
promedio del lenguaje
eclesiástico como del latín
germanizado, torpemente
violento, de algunos cronistas. En lo esencial,
el rela-
to está sentido y pensado en latín,
por lo cual es claro
y conciso; sobre todo,las construcciones son
simples.
Como narrador, Caesarius puede ser llamado
un
artista... Más importante que la composición
son la
plasticidad, la honestidad y seguridad literaria
de la
narraciones" (16). Cesáreo es, en suma,
un "narra-
dor sereno y contemplativo! (17).
(texto tomado de: García M. Colombás,
La
tradición
benedictina: Ensayo histórico. V.
Los siglos XIII y
XIV, Zamora, 1995, pp. 122-130)
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