PINTURA ROMANA

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PINTURA ROMANA EN EL CERRO DEL MOLINETE

EL ESTUDIO Y ANALISIS DE ESTAS PINTURAS HA SIDO REALIZADO POR LA ARQUEÓLOGA:

Dª MARINA GAMBOA GIL DE SOLA

    Por los datos que conocemos parece que se han utilizado dos técnicas distintas para realizar la obra, o por lo menos hay dos tipos de aglutinante para dar los colores, si bien no se puede decir nada acerca de la naturaleza de los mismos por falta de análisis químicos que los estudien. Esta diferenciación se debe al estado de conservación de las distintas zonas de la pintura. Hay zonas, como el fondo negro, que parecen haber calado en el estuco, por lo que parece razonable que se diera el color estando fresca la superficie, de hecho no hubo señales de que fuera soluble cuando se aplicó un poco de agua destilada con amoniaco para eliminar el barro que tenían y que un cepillado no logró eliminar. La banda decorativa azul tampoco es soluble en agua, pero su aplicación a la pared fue distinta a la del fondo negro, ya que presenta un aspecto pulverulento que no tiene el color negro, y su conservación es bastante peor, presentando en muchas zonas un aspecto desconchado. Lo mismo pasa con la aplicación de los colores verde, ocre y amarillo de los motivos decorativos. El aspecto de la pintura es pastoso y en las zonas de mayor deterioro parece también desconchado, con una adhesión a la superficie de estuco bastante más frágil, descubriéndose debajo el fondo negro. Probablemente estos colores se dieron una vez seco el fondo negro. Aun así, estos colores siguen siendo insolubles en agua. El color rojo es el único soluble en agua, aunque por su aspecto cubriente y untuoso, como graso, pudiera parecer lo contrario.

    Son visibles las pinceladas en los motivos decorativos, aspecto que se puede observar en el fondo negro y en los paneles rojos, pero apareciendo ambas superficies coloreadas de manera muy homogénea, sin cambios de intensidad destacables en su aplicación. En estas dos zonas las pinceladas se presentan paralelas unas a otras, siguiendo las líneas que delimitaban cada área a pintar, en el caso de la pintura negra las pinceladas son verticales, mientras que en los paneles rojos las pinceladas son horizontales.

    En cuanto al método para realizar el dibujo base, se ha podido determinar que era a base de líneas de color. En algunas zonas del fondo negro se ha podido observar que bajo los motivos decorativos asoman pinceladas de color blanco. Estas podrían haberse utilizado para realizar los bocetos del dibujo sobre el fondo, y al quedar cubiertas por colores más espesos no se notaría. En las zonas donde aparecen apenas se nota, y solo si se mira detenidamente es posible observarlas. Estos trazos en blanco aparecen siempre sobre la superficie negra, pero se ha podido localizar un trazo en rojo bajo la capa de color negro. Este trazo es una línea recta que sigue, de manera esquemática, la dirección del brazo del candelabro que se conserva, y que probablemente servía de guía al pintor para dibujar encima los motivos, una vez dado el color de fondo. Se aplica el color rojo porque el color ocre no resalta lo suficiente bajo una superficie tan oscura.

    La composición que se ha logrado revela que la pared estaba decorada con paneles rojos, separados unos de otros por interpaneles de fondo negro, adornados con diversos motivos.

    EL CANDELABRO. Aunque bien conservado sólo hay parte de uno, parece que en otros fragmentos más deteriorados aparecen trazas de algún otro. El candelabro está pintado sobre un fondo negro en dos tonos ocre, amarillo y marrón, utilizándose los más oscuros en aquellas zonas que supuestamente están en sombra, y los más claros en aquellas donde reciben la luz. Si esta suposición fuera cierta la luz entraría por la izquierda del dibujo.

    La manera de representar este motivo, como uno de los elementos principales de adorno de la pared, aparece y se consolida en el Estilo III ; en el Estilo II siempre había sido un elemento subordinado al programa decorativo de las habitaciones. Este tipo de representación es el más corriente a partir del siglo I d.C. Para este tipo de decoración hemos encontrado dos paralelos: el primero se encuentra en la Casa del Mitreo, en Mérida, y el segundo se corresponde con el conjunto A del edificio termal de Bílbilis, aunque en este caso los colores de fondo varían un poco. Como en este de Cartagena, los candelabros están decorando los interpaneles , mientras que los paneles están pintados de rojo (azul en Bílbilis). En el cartagenero la decoración del panel consiste en dos líneas, en el emeritense aparece una compleja cenefa. El caso de Bílbilis es igual que el de Cartagena, el panel presenta como decoración una simple línea. En ambos casos la distribución de los paneles es similar a la hipotética restitución de las pinturas cartageneras.

    LOS DELFINES. Nos hemos basado más en las representaciones musivas que en las pintadas. Esto se debe a que las representaciones de peces en la pintura son bastante más raras que en el mosaico. Ejemplos de delfines en la decoración de pavimentos tenemos dos muy claros en Cartagena, el pavimento de la calle de la Soledad, y el fragmento procedente del Estacio. Sin embargo, han sido los mosaicos de otras zonas de España los que más nos han ayudado.

    De Mérida vienen dos ejemplos. El delfín de la casa del Anfiteatro, y el mosaico de Baritto. De ellos nos ha parecido muy interesante la forma de representación del animal. Es Itálica la que más nos aporta en esta investigación. En la casa de la condesa de Lebrija se conserva el llamado Mosaico de los Peces. Es un mosaico cuadrado en el que se representan gran variedad de peces, entre ellos aparece un delfín, que curiosamente presenta unos colores muy similares al de las pinturas del Molinete, además de tener la misma forma prácticamente. Este mosaico policromo está fechado a finales del siglo I d.C.

    Los motivos vegetales. Son de uso continuo durante todos los estadios de la pintura mural romana. En el Molinete aparecen coronas en las que se encierra una flor pintada en tonos azules y rojos. La corona aparece muy estilizada. Es simplemente un marco de color verde de forma circular, adornado por líneas blancas, como cintas que la sujetarían.

    En cuanto a los fragmentos que imitan el mármol brocatel, el ejemplo más claro que nos encontramos es el del zócalo de la tumba de Belo, siglo I d.C. la descripción que L. Abad hace de esta imitación podría ser perfectamente la de los fragmentos cartageneros. Aunque sólo tenemos cinco fragmentos, la conservación de uno de ellos nos muestra exactamente la misma descripción que hemos reseñado.

    La restitución presentada, no indica mas que la posible colocación de los motivos en la pared. Las medidas de los paneles, altura del zócalo o la separación entre los paneles y la moldura del friso no son reales; la falta de datos arqueológicos obliga a esta solución, pese a que no sea la más correcta. Sin embargo podría acercarse bastante a lo que era el original.

CONCLUSIONES

    Teniendo en cuenta las fechas de abandono de la zona del Molinete, a finales del siglo II d.C: y principios del siglo III, y la evolución histórica de la ciudad hay que calcular la realización de las pinturas entre mediados del siglo I d.C. y principios del siglo II. En los últimos años del siglo I a.C., bajo el patrocinio de la familia imperial, se empieza a construir el edificio del teatro. Ya en nuestra era se reforman el foro de la ciudad y parte de la trama urbana, y se construye el Anfiteatro. Es en el siglo II d.C. cuando la crisis económica comienza a golpear la ciudad y muchas zonas de la misma comienzan a ser abandonadas por sus habitantes.

    Parece evidente que la pintura se realizó en una vivienda donde había medios económicos suficientes para decorar una habitación de manera tan lujosa. Además esta vivienda estaría situada en una de las zonas más nobles de la ciudad, a espaldas del foro, en una zona que probablemente destacaría por sus edificios. Hay que señalar que a escasos metros de esta edificación pasaba la vía principal de la ciudad, el Decumano Maximo.

    Es difícil decir a que parte de la habitación pertenecían, pero podemos tomar como ejemplo la casa del sector 5-F de Elche, en la que se pintó un pez rodeado de una corona circular en la parte media de la pared. En la misma casa apareció una decoración similar a la del Molinete, en una habitación que daba al atrio del triclinium. Tal vez en el Molinete las pinturas estuvieran ubicadas en un lugar similar.

Esperamos que en futuras excavaciones se pueda documentar el edificio y sea posible encontrar más fragmentos pertenecientes a este conjunto, así como que su restauración sea lo antes posible.