AÑO 1998
Jueves, 19 de Noviembre de 1998.
El «Titanic del espacio» suelta amarras El Gobierno estadounidense se ha gastado el doble de lo previsto en la Estación Espacial Internacional y la crisis económica de Rusia amenaza un proyecto que pondrá mañana su primera pieza en órbita.
UN SIMBOLO DEL FUTURO.- Hace ya más de 15 años que Estados Unidos, bajo el Gobierno de Ronald Reagan, diseñó un proyecto para poner en órbita una estación espacial. Un lugar donde poder vivir durante largos periodos, donde desarrollar investigaciones científicas con aplicaciones en la Tierra y desde el que preparar el gran salto hacia otros planetas. Mañana, desde el centro espacial de Baikonur, en Kazajistán, el módulo Zaría será enviado al espacio a bordo de un cohete. La primera de las más de 100 piezas de una ciudad internacional, a la que España contribuye con 9.000 millones de pesetas. Nadie se atreve a vaticinar la fecha en la que estará concluida, pero nunca antes de cinco años.
El Titanic del siglo XXI empieza a construirse mañana.
El primer módulo de la Estación Espacial Internacional (ISS) pone en marcha el proyecto de ingeniería espacial más ambicioso de la Historia, un gran buque para científicos a 400 kilómetros de altura que no estará terminado antes del 2003. Y cientos de icebergs ya amenazan su rumbo.
Desde la creación de las Naciones Unidas hace ya 50 años, nunca se habían unido tantos países con un objetivo común, salvo para organizar una guerra. La ISS se ha convertido en un símbolo del futuro, como lo fue en su momento la Torre Eiffel en París o el Empire State Building en Nueva York. Pero, también, supone una ruptura con el pasado.
Los protagonistas de la guerra fría, que no hace mucho proyectaban en el espacio sus disputas ideológicas, son ahora los principales socios en esta aventura hacia otros mundos. El dinero estadounidense y la experiencia de los rusos se unen a otras naciones, ansiosas por participar en una carrera de la que estaban excluidas hasta hace pocos años. Japón, Canadá y la Agencia Espacial Europea -compuesta por 14 países y con una aportación de 450.000 millones de pesetas, de los que 9.000 corresponden a España- son los principales socios.
Tres, dos, uno...
La cuenta atrás comienza mañana en el cosmódromo de Baikonur (Kazajistán). El módulo presurizado Zaría, construido por el consorcio ruso Krunichev bajo contrato con Boeing, será puesto en órbita en el cohete Protón-K a las 7.40 hora española. Allí esperará, durante 13 días, a que llegue desde Cabo Cañaveral el módulo Nodo-1, a bordo del transbordador espacial Endeavour. El próximo 3 de Diciembre se completará el primer ensamblaje de la nueva estación espacial.
Los astronautas estadounidenses Jerry Ross y Jim Newman conectarán los cables eléctricos entre las dos partes y ambas piezas aguardarán al módulo de servicios, de fabricación rusa pero aún sin terminar, dando una vuelta a la Tierra cada 90 minutos.
¿Conseguirán los rusos cumplir todos los plazos y tenerlo listo para julio de 1999?
Más les vale, porque el Zaría tiene una autonomía en órbita de 500 días y si el módulo de servicio no llega a tiempo acabará cayendo de su órbita y billones de pesetas terminarán en la basura.
Ninguno de los dos primeros módulos está equipado con sistemas de propulsión suficientes para permanecer en el espacio, un riesgo que la Administración estadounidense no quiere tomar. Los problemas presupuestarios rusos han obligado al Congreso a suministrar más fondos al Gobierno de Yeltsin para que finalice su construcción e incluso se han planteado descartar a Rusia del proyecto y enviar otro módulo en su sustitución. Pero, por el momento, prefieren seguir tirando de su chequera y confiar en los rusos.
Nadie se atreve a predecir cuando estará terminada la estación espacial, pero nunca antes del 2003. Van a hacer falta 45 lanzamientos como el del pasado 29 de octubre -John Glenn y Pedro Duque en el Discovery-, un hecho que terminará por convertirse en rutinario.
Cuando la ISS tenga sus casi 100 grandes piezas perfectamente acopladas, este complejo entramado de tuberías, paneles solares, laboratorios y vehículos de emergencia estará habitado por seis o siete astronautas, siempre bajo mando ruso o norteamericano. Será una estructura cinco veces el tamaño de la Mir, lista para permanecer en el espacio cerca de 20 años.
Proyecto polémico. Sonmuchos los que estarán esperando cualquier fallo para bombardear a la estación espacial.
Desde que Ronald Reagan apoyó su construcción en 1983, las críticas han ido aumentando al mismo tiempo que se incumplían los plazos. Por un lado, los que manejan la parte más importante del dinero, los políticos de Washington, buscarán rendimiento a las contínuas inyecciones de dólares que se han visto obligados a insuflar al presupuesto inicial. Para ellos, justificar las fuertes inversiones en la cooperación internacional, en una nueva época tras años de enfrentamientos, son sólo bonitas palabras.
En la Casa Blanca han hecho las cuentas y las cifras finales empiezan a sonar demasiado fuertes: cuando concluya la construcción del proyecto se habrán gastado 40 billones de dólares (unos seis billones de pesetas), casi la mitad aportados por EEUU y casi el doble de lo previsto. Si al menos se consiguieran resultados espectaculares, grandes descubrimientos científicos, curas para enfermedades endémicas, la experiencia valdría la pena. Pero ni los científicos lo tienen claro. Una corriente mayoritaria cree que sería más provechoso utilizar ese dinero en laboratorios en la Tierra y utilizar robots en el espacio.
Con un solo billón de los invertidos en la estación podrían organizarse cuatro misiones como la de la Pathfinder, según explicaba la revista Time esta semana. Precisamente, algunos buscan en Marte la justificación para la ISS.
Daniel Goldin, director de la NASA, va en esa dirección: «Nuestro objetivo es Marte». Cualquier misión tripulada a este planeta requerirá un viaje de, al menos, tres años, y gracias a la estación se podrá adquirir la suficiente experiencia para vivir durante largos periodos en ingravidez, para cultivar alimentos o para reciclar agua y aire.
Las otras «piezas» del mecano «Nosotros somos la compañía de electricidad y ellos la del gas». Este lema, lanzado por los responsables estadounidenses de la estación espacial, refleja el espíritu de cooperación internacional que impregna el proyecto.
Mientras los rusos aportan el combustible para mantener la ISS en órbita, los americanos ponen los paneles solares. Son las dos fuentes de energía, de las que vivirán los dos principales socios y los otros que se han ido uniendo, cada uno con su tecnología. ESA.
La Agencia Espacial Europea contribuye al proyecto con 450.000 millones de pesetas, además de los 82.500 millones que Italia aporta por su cuenta -frente a los 9.000 millones de España-. Bélgica, Dinamarca, Francia, Alemania, Italia, Holanda, Noruega, España, Suecia y Suiza forman parte del quinteto de socios, todas ellas bajo las siglas de la ESA.
La ambición de la agencia europea ha ido menguando según pasaban los años.
El primer proyecto de infraestructura orbital incluía el laboratorio presurizado Columbus, un módulo de experimentos independiente y un avión espacial Hermes, destinado para proporcionar servicios de transporte de tripulaciones. El cambio de concepto de la estación en 1992, con la incorporación de Rusia y la grave crisis económica, obligó a cancelar muchos de los proyectos, y España, por ejemplo, redujo drásticamente su participación, según un informe del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI).
Finalmente, el plan incluye el desarrollo del módulo habitable Columbus (COF) y la fabricación de ocho vehículos no tripulados para transporte de carga a la ISS, que serán lanzados por el cohete europeo Ariane 5.
El COF será uno de los últimos módulos que se lancen al espacio, a principios del año 2003, y ha sido construido con la experiencia del Spacelab. De forma cilíndrica -6,7 metros de largo y 4,5 de diámetro-, estará conectado a la estación por un nodo, a través de cual los astronautas podrán comunicarse con el resto de las zonas habitables de la estación espacial.
La ESA también colabora con la NASA en el desarrollo de un vehículo de rescate que podrá funcionar dentro de dos años. Una vez finalizada la ISS, uno o dos astronautas europeos vivirán durante periodos de cuatro meses en la estación como parte de la tripulación. CANADA.- El brazo robótico es suyo y su dote 130.000 millones de pesetas.
La estación podría sobrevivir sin los laboratorios europeos o japoneses, pero nunca sin la aportación de este mecanismo por control remoto, que permitirá ir ensamblando las piezas. Sus casi 18 metros de largo se mueven sobre una plataforma fijada en unos raíles.
El brazo mecánico tiene unas manos para trabajos de precisión y todo el sistema será controlado desde el interior de la estación espacial mediante ordenadores. JAPON.- La agencia espacial japonesa (NASDA) aporta casi tanto dinero como todos los países que forman la ESA, además de uno de los seis laboratorios presurizados en los que se realizarán todos los experimentos científicos -cristalización de proteinas, sobre todo-. Japón podría mandar pronto a la ISS a una de las astronautas más populares: Chiaki Mukai, la amiga de Pedro Duque.
Viernes, 20 de Noviembre de 1998.
Rusia puso en órbita el módulo Zarya A las 6:51 GMT de hoy entró en órbita el primer componente de la ISS. Dentro de 13 días el Endeavour le agregará bocas de acoplamiento.
Hoy comenzó la construcción de la Estación Espacial Internacional al entrar en órbita el primer módulo del más grande programa multinacional de investigación científica.
El segmento, bautizado Zarya (amanecer), partió puntualmente a las 6:41 GMT, al tope de un cohete ruso Protón, y diez minutos más tarde entró en una órbita casi circular a 380 kilómetros de altura.
Viernes, 4 de Diciembre de 1998.
El segundo vuelo de emsamblaje a la Estación Internacional (ISS-01-2A), transporta el Módulo Unity, nudo de conexión y amarradero para los transbordadores.
Tiene una longitud de 5.5 metros y un diámetro de 4.6 metros, fabricado en duraluminio por la Company Boeing con un equipamiento de 4 estantes.
Domingo, 6 de Diciembre de 1998
La tripulación del «Endeavour» edifica la Estación Espacial Los astronautas saldrán del transbordador para unir los módulos «Zaría» y «Unity». Será como poner la primera piedra de una gran pirámide.
El espectacular ensamblaje del módulo Unity (Unidad) estadounidense y el módulo Zaría (Amanecer) ruso, que tendrá lugar hoy a cientos de kilómetros de altura, se asemeja a la lenta construcción de una especie de juego de Lego espacial. La operación requiere la precisión de un reloj. Cualquier fallo puede provocar un accidente mortal más allá de la atmósfera.
Si la misión de acoplamiento de Unidad y Amanecer se lleva a cabo con éxito, se marcará el punto de arranque de cinco años más de trabajo: el tiempo que requiere la construcción de la nueva Estación Espacial Internacional (ISS), un mastodonte del tamaño de cuatro campos de fútbol que sella también la colaboración entre las principales potencias de la Tierra.
Los tripulantes de la nave espacial estadounidense Endeavour, transformados en mecánicos espaciales, comenzaron ayer los preparativos de su misión, con la apertura de la bodega del transbordador y la extensión del brazo mecánico (canadiense) que pondrá en órbita al Unity.
La astronauta Nancy J. Currie desplazó ayer el módulo norteamericano -una pieza de seis metros de largo y 13 toneladas de peso- hacia el puente del Endeavour y la colocó en posición vertical.
El Unity, como es llamado a secas, no es una de las piezas de gran trascendencia tecnológica. Constituye un nudo de conexiones, los pasillos que comunicarán los primeros habitáculos de la Estación Espacial. La operación más complicada se iniciará esta tarde. Se trata, en primer lugar, de alcanzar el Zaría con el brazo mecánico del transbordador. El módulo ruso -de 21 toneladas y 13 metros de longitud- es el embrión de la ISS. Posee sistemas de autopropulsión y energía para mantener con vida a la estación durante su primera fase. Se planea que, una vez que se hayan ensamblado tres módulos, la nave estará lista para recibir a sus tres primeros habitantes. Maniobra de riesgo.
Pero alcanzar el Zaría va a resultar difícil. El brazo mecánico de la sonda espacial estadounidense jamás ha desplazado una pieza de tal masa. La operación para colocar el módulo ruso justo encima de Unidad deber ser muy delicada. El Endeavour se encontrará a tan sólo tres metros, por lo que existe el riesgo de un choque. Una vez en posición correcta, el piloto del Endeavour acercará la nave de forma que los módulos de EEUU y Rusia queden unidos.
El lunes está previsto que los ingenieros, que trabajarán en parejas -para evitar accidentes- inicien el ensamblaje de conexiones eléctricas, cables de comunicación y antenas.
Una vez unidas las dos piezas, la ISS tendrá ya 21 metros de largo y 26 de ancho, incluidos los paneles solares.
En total, se realizarán cinco paseos espaciales. Serán los primeros de los más de 160 que, se estima, se necesitarán en los próximos cinco años para completar la estación.
Pero antes de regresar a la Tierra, la tripulación del Endeavour no se irá sin poner un pie dentro de la estación. El jueves, un túnel conectará el puente de la bodega con la entrada de la pieza recién ensamblada con el fin de dejarla lista para la próxima fase.
Como en la última etapa de una casa, los astronautas equiparán los habitáculos con luces y ventiladores de respiración.
A comienzos de 1999, llegará el tercer módulo, cuya construcción se ultima en estos momentos en Rusia.
El coste total de la estación está financiado por varios países, con EEUU a la cabeza.
El resto se divide entre Rusia, Japón y la Agencia Espacial Europea. El desequilibrio en la aportación (el 90% viene del país de las barras y estrellas) ha levantado voces críticas en EEUU, donde se pone en duda el carácter «internacional» de la estación. La Zaría, por ejemplo, fue construida en Rusia, pero sólo pudo ser concluida con apoyo de Estados Unidos.
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AÑO 1999