
Ludwig Wittgenstein nació en Viena en 1889,
hijo de un próspero industrial del acero. En la casa paterna, Ludwig
creció junto a sus siete hermanos, en un ambiente rico en estímulos
culturales y artísticos. Brahms y Mahler, por ejemplo, eran huéspedes
habituales de la familia.
Ludwig empezó estudios de ingeniería en
la universidad de Berlín y los continuó en Manchester, dedicándose
a la investigación aeronáutica durante varios años.
Pero, después de leer los Principles of Mathematics, de Russell,
sus intereses pasaron de la aeronáutica y aerodinámica a
los problemas de la fundamentación de las matemáticas y,
de ahí, a la lógica y a la filosofía.
A partir de 1912 siguió estudios en Cambridge
bajo la dirección de Bertrand Russell y empezó a ocuparse
intensivamente de la investigación filosófica. Para poder
concentrarse mejor en sus estudios, se fue a vivir en soledad a Noruega.
Allí le sorprendió el estallido de la Primera
Guerra Mundial y Wittgenstein se alistó como artillero en el ejército
austro-húngaro. Esto no le impidió seguir con sus reflexiones
filosóficas, que fue apuntando en una serie de cuadernos, de modo
que, al final de la guerra, cuando cayó prisionero de los italianos,
tenía el manuscrito de su Tratado lógico-filosófico
prácticamente terminado. Esta obra fue publicada en 1921 en alemán
y, un año más tarde, en versión bilingüe inglés-alemán
con el título latino de Tractatus logico-philosophicus.
Tras repartir buena parte de la sustanciosa herencia
paterna entre sus hermanas y un grupo de artistas e intelectuales (Rainer
Maria Rilke, entre ellos), Wittgenstein llevó una vida austera y
retirada, primero como maestro de escuela en Austria y después como
jardinero en un convento de Viena entre los años 1920 y 1929.
En este último año, Wittgenstein volvió
a sus intereses filosóficos y decidió reanudar sus estudios
en Cambridge, donde, a instancias de Russell, fue nombrado catedrático
el año 1937, cargo que ocupó hasta 1947, con excepción
de un breve período en que ejerció como enfermero voluntario
durante la Segunda Guerra Mundial.
Nacionalizado inglés en 1938, Wittgenstein murió
de cáncer en Cambridge el año 1951. En los últimos
años de su vida redactó las Investigaciones filosóficas,
que serían publicadas póstumamente en 1953.
Aunque de temperamento irritable, nervioso y depresivo,
Wittgenstein fue un hombre de una personalidad fascinante, que vivió
atormentado por su exigencia de autenticidad, por el trabajo y por la idea
de la muerte. Difícil para la convivencia social y con escasa estima
por la bondad y cualidades del ser humano, sintió a menudo la necesidad
de aislarse de la gente y de vivir en completa soledad.
Wittgenstein estaba dotado de una gran sensibilidad artística
y musical y sus intereses abarcaban no sólo la filosofía
y las matemáticas, sino también la aeronáutica, la
arquitectura y la escultura. Aunque gozó del reconocimiento y amistad
de los filósofos más importantes de su tiempo, no se sentía
a gusto dentro del mundo académico, y prefería vivir en soledad.
En el pensamiento de Wittgenstein pueden distinguirse
dos etapas. La primera viene marcada por la publicación del Tractatus
logico-philosophicus (1921-1922), en el que trata de dar una salida
a los problemas no resueltos del positivismo clásico respecto a
las matemáticas, la ciencia y la filosofía. Para él,
la filosofía no es un saber, sino una actividad, y su finalidad
es aclarar las proposiciones; así, la filosofía se circunscribe
a un análisis del lenguaje.
La segunda etapa queda definida por su obra Investigaciones
filosóficas, publicada póstumamente en 1953. Este libro
da origen a la corriente denominada filosofía analítica,
que centra su reflexión en el estudio del lenguaje como único
modo de resolver los problemas filosóficos.
Además de las obras citadas, escribió Observaciones
filosóficas sobre los principios de las matemáticas (1956)
y las notas a las Investigaciones, conocidas con el nombre de Cuadernos
azul y marrón (1958).
En estas páginas incluimos dos textos de Wittgenstein,
uno del Tractatus y otro de las Investigaciones filosóficas.
El texto sacado del Tractatus
logico-philosophicus se compone en realidad de varios fragmentos.
El primero recoge la tesis ontológica básica de esta obra:
el mundo consta de todos los hechos y éstos son causales, carecen
de necesidad. El segundo plantea la adecuación e inadecuación
entre los signos y los símbolos. El tercer fragmento trata del análisis
lógico del lenguaje y de su relación con el mundo. En el
cuarto, finalmente, se delimitan los ámbitos (ética, estética,
religión...) en los que no se puede decir nada con sentido, para
concluir con su famosa afirmación: “De lo que no se puede hablar,
más vale guardar silencio”.
De las Investigaciones filosóficas, por su parte, se propone un fragmento en el que Wittgenstein critica primero su anterior concepción del lenguaje para pasar, a continuación, a presentar algunos aspectos de su nueva idea de la filosofía. Según su nueva concepción, la tarea de la filosofía no consiste en corregir el uso ordinario del lenguaje, sino en comprender su funcionamiento de forma adecuada, lo que resolverá por disolución los problemas filosóficos tradicionales.

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