Texto 1
Tractatus logico-philosophicus.
Varios fragmentos
1. El mundo es todo lo que acaece.
1.1 El mundo es la totalidad de los hechos,
no de las cosas.
1.11 El mundo está determinado por
los hechos y por ser todos los hechos.
1.12 Porque la totalidad de los hechos determina
lo que acaece y también lo que no acaece.
1.13 Los hechos en el espacio lógico
son el mundo.
1.2 El mundo se divide en hechos.
1.21 Cualquier cosa puede acaecer o no acaecer
y todo el resto permanece igual.
(3.32 El signo es lo perceptible en el símbolo.)
3.323 En el lenguaje corriente ocurre muy a menudo
que la misma palabra designe de modo y manera diferentes —porque pertenece
a diferentes símbolos— o que dos palabras que designan de modo y
manera diferentes se usen aparentemente del mismo modo en la proposición.
Así, la palabra ‘es’ se presenta como cópula,
como signo de igualdad y como expresión de la existencia; ‘existir’,
como un verbo intransitivo, lo mismo que ‘ir’; ‘idéntico’ como adjetivo;
hablamos de algo, pero también de que algo sucede.
(En la proposición ‘Verde es verde’ —donde la
primera palabra es un nombre y la última un adjetivo—, estas palabras
no sólo tienen diferente significado, sino que son también
símbolos diferentes).
3.324 Así nacen fácilmente las confusiones
más fundamentales (de las cuales está llena toda la filosofía).
3.325 Para evitar estos errores debemos emplear
un lenguaje de signos que los excluya, no usando el mismo signo en símbolos
diferentes ni usando de manera aparentemente igual aquellos signos que
designen de modo diverso. Un lenguaje de signos, pues, que obedezca a la
gramática lógica, a la sintaxis lógica.
(La notación lógica de Frege y Russell
es un lenguaje tal, aunque no exento aún de todo error).
4. El pensamiento es la proposición con
significado.
4.001 La totalidad de las proposiciones es el
lenguaje.
4.002 El hombre posee la capacidad de construir
lenguajes en los cuales todo sentido puede ser expresado sin tener una
idea de cómo y qué significa cada palabra. Lo mismo que uno
habla sin saber cómo se han producido los sonidos singulares.
El lenguaje corriente es una parte del organismo humano,
y no menos complicada que él.
Es humanamente imposible captar inmediatamente la lógica
del lenguaje.
El lenguaje disfraza el pensamiento. Y de tal modo, que
por la forma externa del vestido no es posible concluir acerca de la forma
del pensamiento disfrazado; porque la forma externa del vestido está
construida con un fin completamente distinto que el de permitir reconocer
la forma del cuerpo.
Las convenciones tácitas para comprender el lenguaje
corriente son enormemente complicadas.
4.003 La mayor parte de las proposiciones y cuestiones
que se han escrito sobre materia filosófica no son falsas, sino
sin sentido. No podemos, pues, responder a cuestiones de esta clase de
ningún modo, sino solamente establecer su sinsentido.
La mayor parte de las cuestiones y proposiciones de los
filósofos proceden de que no comprendemos la lógica de nuestro
lenguaje.
(Son de esta clase de cuestiones de si lo bueno es más
o menos idéntico que lo bello).
No hay que asombrarse de que los problemas más
profundos no sean propiamente problemas.
4.0031 Toda la filosofía es “crítica
del lenguaje” (pero no, en absoluto, en el sentido de Mauthner). Es mérito
de Russell haber mostrado que la forma lógica aparente de la proposición
no tiene necesariamente que ser su forma real.
4.11 La totalidad de las proposiciones verdaderas
es la ciencia natural (o la totalidad de las ciencias naturales).
4.111 La filosofía no es una de las ciencias
naturales.
(La palabra ‘filosofía’ debe significar algo que
esté sobre o bajo, pero no junto a las ciencias naturales).
4.112 El objeto de la filosofía es la aclaración
lógica del pensamiento.
Filosofía no es una teoría, sino una actividad.
Una obra filosófica consiste esencialmente en
elucidaciones.
El resultado de la filosofía no son “proposiciones
filosóficas”, sino el esclarecerse de las proposiciones.
La filosofía debe esclarecer y delimitar con precisión
los pensamientos que de otro modo serían, por así decirlo,
opacos y oscuros.
(6.4. Todas las proposiciones poseen igual valor)
6.41 El sentido del mundo debe quedar fuera del
mundo. En el mundo todo es como es y sucede como sucede: en él no
hay ningún valor, y si lo hubiera no tendría ningún
valor.
Si hay un valor que tenga valor, debe quedar fuera de
todo lo que ocurre y de todo ser-así. Pues todo lo que ocurre y
todo ser-así son casuales.
Lo que lo hace no casual no puede quedar en el mundo,
pues de otro modo sería, a su vez, casual.
Debe quedar fuera del mundo.
6.42 Por lo tanto, tampoco puede haber proposiciones
de ética. Las proposiciones no pueden expresar nada más alto.
6.421 Es claro que la ética no puede expresarse.
La ética es transcendental.
(Ética y estética son lo mismo).
6.422 El primer pensamiento que surge cuando se
propone una ley ética de la forma “tú debes”, es: ¿y
qué si no lo hago? Pero es claro que la ética no se refiere
al castigo o al premio en el sentido común de estos términos.
Así pues, la cuestión acerca de las consecuencias de una
acción debe ser irrelevante. Al menos, estas consecuencias no pueden
ser acontecimientos. Pues debe haber algo justo en aquella interpelación.
Sí que debe haber una especie de premio y de castigo ético,
pero deben encontrarse en la acción misma.
Y esto es también claro, que el premio debe ser
algo agradable y el castigo algo desagradable.
6.423 De la voluntad como sujeto de la ética
no se puede hablar.
Y la voluntad como fenómeno sólo interesa
a la psicología.
6.43 Si la voluntad, buena o mala, cambia el mundo,
sólo puede cambiar los límites del mundo, no los hechos.
No aquello que puede expresarse con el lenguaje.
En resumen, de este modo el mundo se convierte, completamente,
en otro. Debe, por así decirlo, crecer o decrecer como un todo.
El mundo de los felices es distinto del mundo de los
infelices.
6.431 Así pues, en la muerte el mundo no
cambia, sino cesa.
6.4311 La muerte no es ningún acontecimiento
de la vida.
La muerte no se vive.
Si por eternidad se entiende no una duración temporal
infinita, sino la intemporalidad, entonces vive eternamente quien vive
en el presente. Nuestra vida es tan infinita como ilimitado nuestro campo
visual.
6.4312 La inmortalidad temporal del alma humana,
esto es, su eterno sobrevivir aun después de la muerte, no sólo
no está garantizada de ningún modo, sino que tal suposición
no nos proporciona, en principio, lo que merced a ella se ha deseado siempre
conseguir. ¿Se resuelve quizás un enigma por el hecho de
que yo sobreviva eternamente? Y esta vida eterna ¿no es tan enigmática
como la presente? La solución del enigma de la vida en el espacio
y en el tiempo está fuera del espacio y del tiempo.
(No son de la ciencia natural los problemas que hay que
resolver.)
6.432 Cómo sea el mundo es completamente
indiferente para lo que está más alto. Dios no se revela
en el mundo.
6.4321 Los hechos pertenecen todos sólo
al problema, no a la solución.
6.44 No es lo místico cómo sea el
mundo, sino que sea.
6.45 La visión del mundo sub specie
aeterni es su contemplación como un-todo-limitado.
Sentir el mundo como un todo limitado es lo místico.
6.5 Para una respuesta que no se puede expresar,
la pregunta no puede tampoco expresarse.
No hay enigma.
Si se puede plantear una cuestión, también
se puede responder.
6.51 El escepticismo no es irrefutable, sino claramente
sinsentido si pretende dudar allí en donde no se puede plantear
una pregunta.
Pues la duda sólo puede existir cuando hay una
pregunta; una pregunta, sólo cuando hay una respuesta, y ésta
únicamente cuando se puede decir algo.
6.52 Nosotros sentimos que, aun cuando todas las
posibles cuestiones científicas hayan sido respondidas, el problema
de nuestra vida no ha sido penetrado aún. Desde luego que no queda
ya ninguna pregunta, y precisamente ésta es la respuesta.
6.521 La solución del problema de la vida
está en la desaparición de este problema.
(¿No es ésta la razón de que los
hombres que han llegado a ver claro el sentido de la vida no sepan decir,
después de mucho dudar, en qué consiste ese sentido?)
6.522 Hay, ciertamente, lo inexpresable. Se muestra
a sí mismo: es lo místico.
6.53 El verdadero método de la filosofía
sería propiamente éste: no decir nada, sino aquello que se
puede decir, o sea, las proposiciones de la ciencia natural —algo, pues,
que nada tiene que ver con la filosofía—; y siempre que alguien
quisiera decir algo de carácter metafísico, demostrarle que
no ha dado significado a ciertos signos en sus proposiciones. Este método
dejaría descontentos a los demás, pues no tendrían
el sentimiento de que estábamos enseñándoles filosofía,
pero sería el único estrictamente correcto.
6.54 Mis proposiciones son esclarecedoras de este
modo: que quien me comprende acaba por reconocer que carecen de sentido,
siempre que el que comprenda haya salido de ellas a través de ellas.
(Debe, pues, por así decirlo, tirar la escalera después de
haber subido.)
Debe superar estas proposiciones. Entonces tiene la justa
visión del mundo.
7. De lo que no se puede hablar, mejor es callarse.
Ludwig Wittgenstein: Tractatus logico-philosophicus. Alianza Editorial, Madrid.
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