
Jean Paul Sartre nació en París en
1905. Huérfano de padre desde muy niño, fue criado por una
madre católica y un abuelo calvinista, lo que le creó una
tensión religiosa que le conduciría finalmente al ateísmo.
Estudió en la Escuela Normal Superior de París,
donde obtuvo la agregaduría en Filosofía el año 1929,
al mismo tiempo que Simone de Beauvoir, mujer con la que convivió
y compartió sus ideas progresistas durante el resto de su vida.
El tituló obtenido en la Escuela Normal le permitió
ejercer la docencia en los liceos de El Havre, Laon y París, hasta
el año 1945, en que abandonó la enseñanza. Antes,
entre 1933 y 1935, residió en Alemania como becario del Instituto
Francés de Berlín, lo que le permitió entrar en contacto
con la fenomenología de Husserl y las ideas existencialistas de
Heidegger, que influyeron profundamente en la evolución de su pensamiento.
Participó en la Segunda Guerra Mundial, primero
como soldado y después, tras unos meses de internamiento en un campo
de prisioneros de guerra en Alemania, como colaborador de la resistencia
francesa contra los nazis.
Una vez terminada la guerra, Sartre se dedicó
de lleno al estudio de la filosofía y a la redacción de sus
múltiples obras: ensayos (El existencialismo es un humanismo,
1946),
novelas (La náusea, 1938), obras de teatro (Las moscas,
1943; A puerta cerrada, 1944), obras de investigación
filosófica (El ser y la nada. Ensayo de una ontología
fenomenológica, 1943; Crítica de la razón dialéctica,
1960).
Su compromiso con la realidad social y política,
desde una posición de izquierda, se plasmó en la fundación,
junto con Merleau-Ponty, de la famosa revista Temps Modernes, el
año 1946, y en su participación activa en las manifestaciones
de mayo de 1968.
El año 1964 la Academia Sueca le concede el premio
Nobel de Literatura, pero Sartre lo rechaza por razones ideológicas.
Los achaques de la vejez (Sartre está casi completamente
ciego desde el años 1975) no le impiden seguir ejerciendo su actividad
como intelectual comprometido, cosa que hace a través de numerosos
artículos y conferencias. Murió en París el año
1980.
Sartre fue una persona muy activa y comprometida con todos
los aspectos y manifestaciones de la vida cultural, social y política
de su tiempo. No fue sólo un gran filósofo, el máximo
representante del existencialismo francés, sino también un
gran escritor, que supo servirse de la literatura para expresar su pensamiento
filosófico y sus ideas políticas.
En el pensamiento de Sartre pueden distinguirse dos períodos.
En el primero, encontramos su filosofía ontológico-existencial
propiamente dicha, expuesta en obras como La náusea o El
ser y la nada, ya citadas.
El segundo, iniciado con la publicación de la
Crítica
de la razón dialéctica (1960), se caracteriza por llevar
a cabo una revisión crítica del marxismo desde sus
postulados existencialistas.
Podríamos incluso hablar de un tercer período,
constituido por los últimos años de la vida de Sartre, época
en que tanto el existencialismo como el marxismo parecen quedar superados
de forma dialéctica por nuevas visiones e interpretaciones de la
realidad.
Incluimos en estas páginas El
existencialismo es un humanismo, obra del año 1946 en
la que Sartre quiere defenderse de las críticas y malentendidos
que suscitaba su pensamiento. Las tesis básicas de este escrito
pueden resumirse así:
• La existencia del ser humano es anterior a su esencia;
no hay nada parecido a una “naturaleza humana” en el sentido que lo entiende
la filosofía escolástica o racionalista.
• No existen normas, principios o valores establecidos
de una vez para siempre; éstos dependen de las distintas situaciones.
• Esto crea una inseguridad al ser humano, que lo sume
en la desesperación, de la que sólo puede librarse por medio
de la acción.
• Acción que, a su vez, sólo es comprensible
desde la perspectiva de la libertad humana, concebida no como algo dado
desde el principio, sino como una tarea y un objetivo que hay que perseguir
durante toda la vida del individuo.
• Por ello no se puede negar que el existencialismo,
filosofía orientada a conseguir mayores cotas de libertad y de perfección
para el ser humano, sea un verdadero humanismo.

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