Poema
El Poema de Parménides está escrito
en hexámetros, aunque su temática es más bien prosaica.
Su lenguaje es oscuro y de difícil comprensión, por lo que
hay diversidad de opiniones en cuanto al sentido de algunas de sus oraciones.
El poema consta de dos partes la vía de la Verdad
y la vía de la Opinión, precedidas de una introducción
o proemio. En esta introducción, de tipo alegórico, Parménides
describe cómo pasó del error a la verdad, de la oscuridad a
la luz, conducido por la diosa de la iluminación o del día.
En la primera parte, la vía de la Verdad, Parménides
llega, a partir de la premisa de la existencia y usando sólo la razón
como guía, sin ayuda de los sentidos, a deducir todo lo que podemos
saber sobre el ser.
En la segunda parte, la vía de la Opinión, se
presentan las ideas cosmológicas de Parménides, que siguen la
tradición de su época, basadas en el mundo de las apariencias
que nos proporcionan los sentidos.
Proemio
Fragmento 1
Las yeguas que me arrastran me han llevado tan lejos cuanto
mi ánimo podría desear, cuando, en su conducción, me
llevaron al famoso camino de la diosa, que conduce al hombre vidente a través
de todas las ciudades.
Por este camino era yo conducido. Pues por él me llevaban
las hábiles yeguas, tirando del carro, mientras unas doncellas mostraban
el camino.
Y el eje ardiendo de los cubos de las ruedas rechinaba (pues
era velozmente llevado por dos ruedas bien torneadas, una a cada lado), cuando
las hijas del Sol, abandonando la morada de la Noche, se apresuraron a llevarme
a la luz, quitándose los velos de sus cabezas con sus manos.
Allí están las puertas de los caminos de la
Noche y del Día, que sostienen arriba un dintel y abajo un umbral de
piedra. Elevadas en el aire se cierran con grandes puertas. La Justicia pródiga
en castigos guarda sus dobles cerrojos.
Rogándole las doncellas con suaves palabras, hábilmente
las convencen de que les desate pronto de las puertas el fiador del cerrojo.
Éstas al abrirse originaron una inmensa abertura, tras hacer girar
alternativamente sobre sus goznes los ejes de bronce, provistos de remaches
y clavos.
A su través, en derechura, las doncellas conducen el
carro y las yeguas por un ancho camino. Y la diosa me recibió benévola,
cogió mi mano derecha con la suya y me habló diciéndome:
«Oh joven, compañero de inmortales aurigas,
que llegas a nuestra morada con las yeguas que te arrastran, salud, pues
no es mal hado el que te impulsó a seguir este camino que está
fuera del trillado sendero de los hombres, sino el derecho y la justicia.
Es preciso que aprendas todo, tanto el imperturbable corazón de la
Verdad bien redonda como las opiniones de los mortales, en las que no hay
verdadera ciencia. Aprenderás, empero, también estas cosas,
cómo las apariencias, pasando todas a través de todo, deben
lograr la apariencia de ser.»
La vía de la Verdad
Fragmentos 2-3
Pues bien, te contaré (y tú, tras oír
mi relato, trasládalo) las únicas vías de investigación
pensables. La primera, que es y no es no-ser, es el camino de la persuasión
(pues acompaña a la Verdad); la otra, que no es y es necesariamente
no-ser, ésta, te lo aseguro, es una vía totalmente impracticable.
Pues no podrías conocer lo no-ente (es imposible) ni expresarlo; pues
lo mismo es el pensar y el ser.
Fragmento 4
Mira firmemente a las cosas que, aunque lejos, están,
sin embargo, presentes a tu mente; pues éste no separará lo
ente de estar unido a lo ente ni dispersándolo totalmente por todas
partes según el orden del mundo, ni reuniéndolo.
Fragmento 6
Lo que puede decirse y pensarse debe ser. Esto es lo que
te mando que consideres. Te aparto, pues, de esta primera vía de investigación
y después de aquella por la que los hombres ignorantes vagan bicéfalos;
pues la impotencia guía en su pecho el pensamiento vacilante; son
arrastrados, sordos y ciegos a la vez, estupefactos, gentes sin juicio, para
quienes el ser y el no-ser son considerados lo mismo y no lo mismo y para
quienes el camino de todas las cosas es regresivo.
Fragmento 7
Pues nunca se probará qué sean los no-entes;
pero tú aparta tu pensamiento de esta vía de investigación,
no dejes que la costumbre te obligue a dirigir por este camino tu mirada sin
rumbo, tu oído resonante, o tu lengua, sino que juzga con la razón
la prueba muy discutida propuesta por mí.
Fragmento 8
Un solo discurso como vía queda: es; en éste
hay muchos signos de que lo ente es ingénito e imperecedero, pues es
completo, inmóvil y sin fin. No fue en el pasado, ni lo será,
pues es ahora todo a la vez, uno, continuo. Pues, ¿qué nacimiento
le buscarías? ¿Cómo, de dónde habría nacido?
Ni voy a permitir que digas o pienses «de lo no-ente»;
pues no es decible ni pensable que no es. Pues, ¿qué necesidad
le habría impulsado a nacer después más bien que antes,
si procediera de la nada? De modo que es necesario que sea absolutamente o
no.
Ni la fuerza de la verdad permitirá que de lo no-ente
nazca algo a su lado; por eso la Justicia no permite ni que se engendre ni
que perezca, aflojando sus cadenas, sino que las mantiene firmes; la decisión
sobre estas cosas se basa en esto: es o no es.
Pero se ha decidido, como es necesario, abandonar a (una vía)
como impensable y sin nombre (pues no es la vía de la verdad) y que
la otra es real y verdadera. ¿Cómo podría lo ente después
de eso perecer? ¿Cómo podría nacer? Pues si nació,
no es, ni ha de ser alguna vez. Por tanto, queda extinguido el nacimiento
e ignorada la destrucción.
Ni está dividido, pues es todo igual; ni hay más
aquí, esto impediría que fuese continuo, ni menos allí,
sino que está todo lleno de ente. Por tanto, es todo continuo, pues
lo ente toca a lo ente.
Por otra parte, inmóvil en los límites de poderosas
cadenas, está sin comienzo ni fin, puesto que el nacimiento y la destrucción
han sido apartados muy lejos, ya que la verdadera creencia los rechazó.
Permaneciendo lo mismo en el mismo lugar, yace por sí mismo y así
se queda firme donde está; pues la firme necesidad lo tiene dentro
de las cadenas del límite que por ambas partes lo aprisiona, porque
no es lícito que lo ente sea ilimitado; pues no es indigente de nada,
y si lo fuera, carecería de todo.
Lo que puede pensarse es sólo el pensamiento de que
es. Pues no hallarás el pensar sin lo ente, en cuya relación
es expresado; pues el Hado lo ha encadenado para que sea entero e inmóvil.
Por tanto, todas las cosas son meros nombres que los mortales pusieron convencidos
de que son verdaderos, nacer y morir, ser y no-ser, cambio de lugar y variación
del color resplandeciente.
Pero puesto que su límite es el último, es
completo por doquier, semejante a la masa de una esfera bien redonda, igual
en fuerza a partir del centro por todas partes; pues ni mayor ni menor es
necesario que sea aquí o allí. Puesto que tampoco es lo no-ente,
que le podría impedir alcanzar lo homogéneo, ni es posible
que lo ente sea aquí más y allí menos que lo que es,
pues es todo inviolable; puesto que, siendo igual a sí mismo por todas
partes, está uniformemente dentro de sus límites.
(Traducción española de Jesús García Fernández, en Kirk-Raven: Los filósofos presocráticos. Editorial Gredos, Madrid 1970.)
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