Parménides nació hacia el año 540 antes de Cristo
en Elea, una colonia griega situada al sur de Italia. Según Diógenes
Laercio y Teofrasto, fue discípulo de Jenófanes —que en sus
obras critica enérgicamente la teología mítica de Homero—,
y parece que mantuvo relaciones con los pitagóricos, lo que ayuda a
explicar algunos puntos de su doctrina, en concreto su concepción
monista del ser.
La importancia filosófica de Parménides es
enorme. El descubrimiento del ser como objeto fundamental del pensamiento
marca un hito en la historia, inaugura una nueva manera de filosofar. Según
Ferrater Mora, la filosofía de Parménides representa «una
de las pocas posiciones metafísicas radicales que se han dado en la
historia del pensamiento filosófico de Occidente».
Por otra parte, la obra de Parménides divide la
filosofía de la naturaleza presocrática en dos períodos
bien definidos: el de los sistemas monistas anteriores a él, y el
de los sistemas pluralistas posteriores a él.
Se suele presentar la filosofía de Parménides
en oposición a la de Heráclito: para éste, todo fluye,
todo está en movimiento permanente, de modo que, parafraseando su
conocido fragmento, nadie puede bañarse dos veces en el mismo río;
para Parménides, por el contrario, todo está en reposo, el ser
es inmóvil e inmutable. Ambos, sin embargo, coinciden, en que la razón,
y no los sentidos, es la fuente del conocimiento verdadero.
Parménides escribió un Poema en hexámetros al estilo homérico,
del que quedan 156 versos, recogidos en obras de autores posteriores, como
Sexto Empírico, Simplicio o Clemente de Alejandría.
Los fragmentos conservados del
poema permiten deducir que constaba de tres partes: una introducción,
o proemio, de carácter religioso y alegórico; una sección,
llamada «vía de la verdad», donde se expone la doctrina
de la realidad, del ente único e inmóvil; y una tercera parte,
llamada «vía de la opinión», que ofrece una cosmología
de tipo tradicional, donde se narra el origen y constitución del
universo, y las variables opiniones de los mortales.
La introducción del poema describe el viaje del
poeta-filósofo, montado en un carro tirado por yeguas y escoltado
por las «hijas del sol», hasta llegar en presencia de una diosa,
que le mostrará el camino de la Verdad, lo que constituye la segunda
parte del poema.
Este camino, que sólo se puede recorrer con la razón,
presenta los postulados básicos de la verdad, «el imperturbable
corazón de la Verdad bien redonda», como dice el poema, que
se pueden resumir en estos puntos:
- No hay más que un sólo ser.
- El ser es eterno
- El ser no tiene principio ni fin.
- El ser es inmóvil.
- El ser y el pensar es lo mismo.
Por el camino de la verdad transitan sólo los inmortales
y los filósofos; el resto de los mortales deben contentarse con el
camino de la opinión o de las apariencias, dominado por la ilusión.
En este mundo de la ilusión y de la apariencia se encuentran los
fenómenos naturales y, por tanto, las explicaciones cosmológicas.
Pero éstas, según Parménides, no constituyen parte
de la verdad, sino simples opiniones de los hombres, basadas en los datos
de los sentidos.
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