Georg Wilhelm Friedrich Hegel nació en Stuttgart en 1770, el mismo
año en que nacieron Hölderlin y Beethoven.
Los estudios de filosofía, el entusiasmo por la Revolución
Francesa y la dedicación a la Antigüedad clásica unieron
a Hegel con el poeta Hölderlin y el filósofo Schelling en el
seminario de la universidad de Tubinga. El amor a los griegos permanecería
siempre como una constante en la vida de Hegel.
En 1793 Hegel abandona Tubinga para ir como preceptor a Berna
y, más tarde, a Francfort. Tras algunos años dedicados a esta
actividad, la modesta herencia recibida de su padre le permite entregarse
por entero a su vocación filosófica.
En 1801 se traslada a Jena, donde se hallaba Schelling, para
conseguir su habilitación en la universidad. Jena, que dependía
de la corte de Weimar, era entonces el centro espiritual e intelectual de
Alemania: allí Fichte y Schelling enseñaban filosofía,
Schiller era catedrático de historia y allí residían
los poetas románticos Novalis y Schlegel, entre otros.
Hegel impartió sus lecciones en Jena entre 1801 y
1806, año de la batalla de Jena, que supuso la derrota de los prusianos
ante las tropas francesas de Napoleón. Hegel se ve obligado
a abandonar la ciudad para escapar de los acontecimientos, llevándose
consigo el manuscrito de la Fenomenología del Espíritu,
que se publica el año siguiente.
Durante algún tiempo, Hegel ejerce como redactor de
un periódico en Bamberg (1807-1809) y como profesor de filosofía
y director de un «Gymnasium» o liceo en Nüremberg (1809-1816).
En esta ciudad termina otra obra clave de su pensamiento,
la Ciencia de la lógica, publicada en tres volúmenes
entre 1812 y 1816. Esta obra le valió a Hegel el nombramiento como
profesor de la universidad de Heidelberg, donde escribió su Enciclopedia
de las ciencias filosóficas, publicada en 1817.
Al año siguiente Hegel es nombrado profesor de la
universidad de Berlín, capital del Estado prusiano, donde alcanzó
gran prestigio. Sus lecciones eran seguidas por las personalidades más
importantes del Gobierno, y Hegel se convirtió en una especie de filósofo
nacional, cabeza visible de la filosofía alemana, cuyos discípulos
ocupaban las cátedras de la mayoría de las universidades.
Además de las disciplinas filosóficas tradicionales,
Hegel enseñaba filosofía del derecho, de la religión
y del arte, filosofía de la historia e historia de la filosofía.
Así, antes de su muerte, se publicaron sus Principios de la filosofía
del derecho. Las demás lecciones fueron editadas póstumamente
por su discípulos: Lecciones sobre la historia de la filosofía,
Lecciones sobre la filosofía de la historia universal y Lecciones
sobre filosofía de la religión.
La filosofía de Hegel, una construcción idealista autosuficiente, ha sido criticada por su desprecio de la realidad y del saber empírico, pero ha ejercido una gran influencia en el ámbito en que el método dialéctico había demostrado su utilidad, es decir, en el campo de las ciencias históricas. Desde Hegel, y gracias a él, la filosofía de la historia y la misma historia de la filosofía adquieren una gran importancia entre las disciplinas filosóficas.
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