Renato Descartes nació en la Touraine en 1596,
en el seno de una noble familia francesa. Estudió con los jesuitas
en el colegio de La Flèche, de donde sacó una gran afición
a las matemáticas y un cierto escepticismo con respecto a las demás
ciencias.
Después de participar durante una breve temporada en
la vida social de París, se encerró por dos años en
una vivienda de esta ciudad, oculto incluso a sus amigos, para entregarse
por completo al estudio de las matemáticas.
Tras este retiro, se alistó como soldado y participó
en la Guerra de los Treinta Años, no porque se sintiera movido a ello
por sentimientos patrióticos, sino porque quería conocer a
fondo el mundo y la naturaleza humana.
A esta etapa militar siguieron varios viajes por Europa, tras
los cuales decidió establecerse en los Países Bajos, donde
pasó un largo período de casi veinte años, dedicado al
retiro y a la investigación científica.
Llamado por la reina Cristina de Suecia, que quería
que el propio Descartes le explicara algunos puntos de su pensamiento, se
trasladó a Estocolmo en el año 1649, pero su salud no soportó
el clima de esas latitudes y murió en esa ciudad el año siguiente.
Por su intento de construir todo el edificio del pensamiento
humano a partir de bases firmes e inconmovibles, puede decirse que Descartes
es el primer filósofo moderno en sentido estricto. Para no partir de
bases poco sólidas, Descartes se propuso dudar de todos los conocimientos
y creencias vigentes entonces hasta que pudiera encontrar alguna verdad de
la que fuera imposible dudar. Tal verdad creyó hallarla en la constatación
de que, aunque dudara de todo, no podía dudar del hecho de que estaba
dudando, verdad que expresó en la célebre frase: «Pienso,
luego existo». A partir de esta verdad fue construyendo toda su filosofía,
en la que demuestra la inmortalidad del alma, la existencia de Dios y la
existencia del mundo externo.
Descartes es el fundador del racionalismo moderno, que defiende
la teoría de que el entendimiento posee ideas que no proceden de los
sentidos, a partir de la cuales podemos llegar a conocer las verdades fundamentales
sin necesidad de recurrir a la información que nos proporciona la
percepción sensible.
Descartes fue, además, un notable matemático,
creador de la geometría analítica y de las coordenadas, logro
que le asegura un puesto entre los grandes matemáticos de todos los
tiempos.
Sus obras más importantes son las siguientes, cuyo título completo expresa a la perfección el contenido y la intención de las mismas:
— Meditaciones de filosofía
primera, donde se trata de la existencia de Dios y la inmortalidad del alma. De las seis meditaciones de que consta esta obra, reproducimos
las tres primeras.
La meditación primera
trata de las cosas que pueden ponerse en duda, es decir, de la duda como método
para eliminar las opiniones sin fundamento.
La meditación segunda
estudia la naturaleza del espíritu humano, que, según Descartes,
es más fácil de conocer que el cuerpo, a partir de la verdad
indubitable del «pienso, luego existo».
La meditación tercera,
por su parte, se propone demostrar la existencia de Dios, para lo cual utiliza
dos argumentos, uno basado en la absoluta perfección de Dios, que
no puede no existir, y otro fundado en la contingencia de mi existencia como
ser pensante.
— Discurso del método para guiar rectamente
la razón y buscar la verdad en las ciencias.
De esta obra reproducimos la segunda y la cuarta parte.
En la segunda parte Descartes
plantea la conveniencia de crear un método de pensamiento seguro,
que guíe a la razón en la tarea de encontrar la verdad. Discute
primero las ventajas y limitaciones que aportan otras ciencias para la invención
del nuevo método, y luego establece las reglas de su método,
presenta las ventajas de su ejercicio y defiende su carácter racional
y su aplicabilidad general.
En la cuarta parte del
Discurso del método, tras exponer los motivos de duda que asaltan
al hombre en su búsqueda de la verdad, Descartes llega al «Pienso,
luego existo» como primer principio de la filosofía. Descartes
dice que el yo es una sustancia pensante y luego busca el criterio de verdad
de ese principio, cosa que encuentra en la idea de Dios. Descartes utiliza
el argumento ontológico para probar la existencia de Dios (a partir
de la idea de perfección llega a la existencia de Dios y a su esencia).
Así, finalmente, establece que el fundamento de la certeza metafsica
radica en la perfección y en la veracidad de Dios.
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