(s.VI a.C.)
(s. VI a.C.)
(Acragas, Sicilia, 484 a.C.-?, 424 a.C.)
(Rudia, actual Italia, 239 a.C.-Roma, 169 a.C.)
(isla de Samos, actual Grecia, h. 342 a.C.-Atenas, h. 270 a.C.)
Citas: «La filosofía es una actividad que con discursos y razonamientos procura la vida feliz.»
(Cirene, actual Libia, 276 a.C.-Alejandría, 194 a.C.)
ESCIPIÓN, Publio Cornelio, llamado EL AFRICANO
(?, 235 a.C.-Liternum, actual Italia, 183 a.C.)
(isla de Paros, actual Grecia, ?-?) ; (s. IV a. C.)
(Eleusis, actual Grecia, 525 a.C.-Gela, Sicilia, 456 a.C.)
(?, h. 330 a.C.-?, h. 275 a.C.)
(Cnidos, actual Turquía, 400 a.C.-id., 350 a.C.)
(Salamina, actual Grecia, 480 a.C.-Pella, hoy desaparecida, actual Grecia, 406 a.C.)
Obras:
ESCIPIÓN EMILIANO, Publio Cornelio, llamado Africano el Menor o Numantino
(?, 185 a.C.-?, 129 a.C.)
(?, 113 a.C.-?, 71 a.C.)
EZEQUIEL |
EMPEDOCLES |
ENNIO |
EPICURO |
ERATOSTENES |
ESCIPION EL AFRICANO |
ESCOPAS |
ESQUILO |
EUCLIDES |
EUDOXO |
EURIPIDES |
ESCIPION EMILIANO |
ESPARTACO
Fabulista griego. Pocos datos existen sobre su vida, y ya en la época clásica su figura se vio rodeada de elementos legendarios. Según la tradición más difundida, nació en Frigia, aunque hay quien lo hace originario de Tracia, Samos, Egipto o Sardes. Sobre él se conocen numerosas anécdotas e incluso descripciones sobre su físico recogidas en la Vida de Esopo, escrita en el siglo XIV por Planudo, un monje benedictino, si bien es dudosa su validez histórica. Lo que si parece cierto es que Esopo fue un esclavo, y que viajó mucho con su último amo, el filósofo Janto. Las fábulas a él atribuidas, conocidas como Fábulas esópicas, fueron reunidas por Demetrio de Falero hacia el 300 a.C. Se trata de breves narraciones protagonizadas por animales, de carácter alegórico y contenido moral, que ejercieron una gran influencia, en la literatura de la Edad Media y el Renacimiento.
Profeta hebreo. Según la tradición bíblica, era hijo de Buzzi, un sacerdote de Jerusalén. Cuando el rey babilónico Nabucodonodor destruyó Jerusalén, Ezequiel siguió a sus habitantes en su exilio a Babilonia. Según la cronología comúnmente aceptada, el primer período de profecía de Ezequiel se sitúa entre el año 592 a.C. y el 585 a.C. , y el segundo período a partir de 572 a.C. En la primera de dichas etapas anunció la pronta destrucción de Jerusalén, debido a la proliferación de la injusticia y el aumento de los ritos paganos; en la segunda, anunció la restauración de la casa de Israel por intermediación de la gracia divina y aconsejó a los exiliados que abandonaran la diáspora y regresaran a la tierra de la cual procedían. A Ezequiel se le atribuye la redacción del libro homónimo del Antiguo Testamento, o al menos de gran parte de él.
Filósofo y poeta griego. Para dar cuenta de los cambios a los que está sometido el mundo, Empédocles afirmaba que debe haber más de un principio, por lo cual postuló la existencia de cuatro elementos: la tierra, el aire, el fuego y el agua, de cuyas combinaciones surgen todas las cosas. Por ello, nada es verdaderamente destruido, sino sólo transformado en otra combinación. El amor y el odio serían los principios de atracción y repulsión que dominan alternativamente el curso del universo, en un ciclo siempre repetido. Empédocles desempeñó también un papel muy importante en el desarrollo de la escuela de medicina de Sicilia y al parecer salvó a la ciudad de Sileno de una plaga. Una leyenda explica que, cansado de la vida y de que la gente no creyera en su carácter divino, Empédocles se suicidó saltando al cráter del volcán Etna.
Poeta latino. Formado en la cultura helénica, fue llamado por Catón el Viejo a Roma, donde impartió lecciones de griego y entró en contacto con personajes influyentes, como los Escipiones o Marco Fulvio, a los que fue introduciendo en la cultura griega. Adaptó entonces obras de poetas griegos, tanto clásicos como contemporáneos, al gusto romano. Escribió también obras originales, como los Anales, poema épico en dieciocho libros, compuesto en hexámetros, donde narra la historia de Roma, y que tuvo una gran influencia en poetas posteriores, o las Sátiras, género nuevo en la tradición romana. Así mismo, es autor de una veintena de tragedias, que toman como modelo a Eurípides. El conjunto de su obra tuvo una gran importancia en la consolidación de la poesía nacional romana e influyó notablemente sobre poetas como Lucrecio y Virgilio.
Filósofo griego. Perteneció a una familia de la nobleza ateniense, procedente del demo ático de Gargetos e instalada en Samos, en la que muy probablemente nació el propio Epicuro y donde, con toda seguridad, pasó también sus años de infancia y adolescencia. Cuando los colonos atenienses fueron expulsados de Samos, la familia se refugió en Colofón, y Epicuro, a los catorce años de edad, se trasladó a Teos, al norte de Samos, para recibir las enseñanzas de Nausifanes, discípulo de Demócrito. A los dieciocho años se trasladó a Atenas, donde vivió un año; viajó luego a Colofón, Mitilene de Lesbos y Lámpsaco, y entabló amistad con algunos de los que, como Hemarco de Mitilene, Metrodoro de Lámpsaco y su hermano Timócrates, formaron luego el círculo más íntimo de los miembros de su escuela. Ésta, que recibió el nombre de escuela del Jardín, la fundó Epicuro en Atenas, en la que se estableció en el 306 a.C. y donde transcurrió el resto de su vida. El Jardín se hizo famoso por el cultivo de la amistad y por estar abierto a la participación de las mujeres, en contraste con lo habitual en la Academia platónica y en el Liceo aristotélico. De hecho, Epicuro se opuso a platónicos y peripatéticos, y sus enseñanzas quedaron recogidas en un conjunto de obras muy numerosas, según el testimonio de Diógenes Laercio, pero de las que ha llegado hasta nosotros una parte muy pequeña, compuesta esencialmente por fragmentos. Con todo, el pensamiento de Epicuro quedó inmortalizado en el poema latino La naturaleza de las cosas, de Tito Lucrecio Caro.
La doctrina epicúrea preconiza que el objetivo de la sabiduría es suprimir los obstáculos que se oponen a la felicidad. Ello no significa, sin embargo, la búsqueda del goce desenfrenado, sino, por el contrario, la de una vida mesurada en la que el espíritu pueda disfrutar de la amistad y del cultivo del saber. La felicidad epicúrea ha de entenderse como el placer reposado y sereno, basado en la satisfacción ordenada de las necesidades elementales, reducidas a lo indispensable. El primer paso que se debe dar en este sentido consiste en eliminar aquello que produce la infelicidad humana: el temor a la muerte y a los dioses, así como el dolor físico. Es célebre su argumento contra el miedo a la muerte, según el cual, mientras existimos, ella todavía no existe, y cuando ella existe, nosotros ya no, por lo que carece de sentido angustiarse; en un sentido parecido, Epicuro llega a aceptar la existencia posible de los dioses, pero deduce de su naturaleza el inevitable desinterés frente a los asuntos humanos; la conclusión es la misma: el hombre no debe sufrir por cuestiones que existen sólo en su mente.
La ética epicúrea se completa con dos disciplinas: la canónica (o doctrina del conocimiento) y la física (o doctrina de la naturaleza). La primera es una teoría de tipo sensualista, que considera la percepción sensible como la fuente principal del conocimiento, lo cual permite eliminar los elementos sobrenaturales de la explicación de los fenómenos; la causa de las percepciones son las finísimas partículas que despiden continuamente los cuerpos materiales y que afectan a los órganos de los sentidos. Por lo que se refiere a la física, se basa en una reelaboración del atomismo de Demócrito, del cual difiere principalmente por la presencia de un elemento original, cuyo propósito es el de mitigar el ciego determinismo de la antigua doctrina: se trata de la introducción de una cierta idea de libertad o de azar, a través de lo que Lucrecio denominó el clinamen, es decir, la posibilidad de que los átomos experimenten espontáneamente ocasionales desviaciones en su trayectoria y colisionen entre sí. En este sentido, el universo concebido por Epicuro incluye en sí mismo una cierta contingencia, aunque la naturaleza ha sido siempre como es y será siempre la misma. Éste es, para la doctrina epicúrea (y en general para el espíritu griego), un principio evidente del cosmos que no procede de la sensación, y la contemplación de este universo que permanece inmutable a través del cambio es uno de los pilares fundamentales en los que se cimienta la serenidad a la que el sabio aspira.
Astrónomo y geógrafo griego. Director de la biblioteca de Alejandría y tutor del hijo del rey Tolomeo III. Fue el primero en medir la circunferencia de la Tierra, y su cálculo contiene un error de sólo 90 kilómetros respecto a los cálculos actuales. También midió la oblicuidad de la eclíptica (la inclinación del eje terrestre) con gran precisión y se cree que llegó a compilar un catálogo de hasta 675 estrellas. Sus trabajos de matemáticas se conocen fundamentalmente gracias a los escritos de Pappo de Alejandría; ideó un método conocido como «la criba de Eratóstenes» que permite la elaboración de una tabla de números primos.
Militar romano. Hijo de Publio Cornelio, y sobrino de Cneo Cornelio, participó en la batalla de Tesino contra el ejército de Aníbal, en la cual salvó la vida a su padre. Más tarde combatió en Cannas, donde sobrevivió a la terrible derrota que sufrieron las legiones romanas. Tras la muerte de su padre y su tío en Hispania, fue nombrado procónsul a los veinticinco años y se le asignó el mando de un ejército encargado de combatir a los cartagineses en la península Ibérica. Pronto demostró sus dotes de mando, ya que poco después de su llegada tomó por sorpresa la capital cartaginesa en Hispania, Cartago Nova, en el 209 a.C.. Este éxito le reportó la alianza de muchos caudillos ibéricos como Indíbil y Mandonio, que se unieron a sus filas. En los años siguientes combatió a los cartagineses en Hispania, derrotándolos en Bécula e Ilipa, y aunque no pudo impedir que el ejército de Asdrúbal, el hermano de Aníbal, lo eludiera, se dirigiese hacia el norte y marchara sobre Italia en el 208 a.C., consiguió arrojar a los cartagineses de la Península tras la toma de Cádiz en el 206 a.C.
En el 204 a.C., con la autorización del Senado, reunió un ejército en Sicilia y desembarcó en las cercanías de Útica, en el norte de África. Allí derrotó a los ejércitos cartagineses que se le opusieron en la batalla de los Campos Magnos y forzó unas conversaciones de paz con Cartago que pronto se rompieron con el regreso de Aníbal de Italia. En la batalla de Zama, Escipión logró infligir la primera derrota importante a Aníbal gracias a contar por primera vez con superioridad en caballería por su alianza con el rey de Numidia Masinisa. Así Cartago se vio obligada a rendirse, con lo que concluyó la Segunda Guerra Púnica. En el 190 a.C. participó con su hermano Lucio en una campaña en Asia, a raíz de la cual fue acusado en Roma de corrupción en las finanzas de la guerra. Escipión rehusó defenderse públicamente, quemó sus documentos personales y se retiró a Liternum, donde pasó los últimos años de su vida.
Escultor griego. Junto con Praxíteles y Lisipo, se le considera la tercera gran figura de la escultura griega del siglo IV a.C. Se sabe que trabajó en el templo de Artemisa en Éfeso, en el de Atenea Alea en Tegea y, hacia el final de su carrera, cuando era ya un artista consagrado, en el mausoleo de Halicarnaso. Su obra se conoce sobre todo a través de copias del período helenístico. Destacan la decoración escultórica de los frontones de Tegea, Amazonomaquia del mausoleo de Halicarnaso. En ellas se advierte un estilo de gran originalidad, caracterizado por el trazo nervioso, la fastuosidad de los drapeados y una considerable intensidad dramática, que anticipa la carga emocional propia de la escultura helenística. Constituye una magnífica síntesis de su estilo la famosísima Ménade, que encarna el movimiento y la gracia.
Trágico griego. Vivió en un período de grandeza para Atenas, tras las victorias contra los persas en las batallas de Maratón y Salamina, en las que participó directamente. Tras su primer éxito, Los persas (472 a.C.), realizó un viaje a Sicilia, llamado a la corte de Hierón, adonde volvería unos años más tarde para instalarse definitivamente. De las noventa obras que escribió, sólo se han conservado completas siete, entre ellas una trilogía, la Orestíada (Agamenón, Las coéforas y Las Euménides, 478 a.C.). Se le considera el fundador del género de la tragedia griega, a partir de la lírica coral, al introducir un segundo actor en escena, lo cual permitió independizar el diálogo del coro, aparte de otras innovaciones en la escenografía y la técnica teatral.
Llevó a escena los grandes ciclos mitológicos de la historia de Grecia, a través de los cuales reflejó la sumisión del hombre a un destino superior incluso a la voluntad divina, una fatalidad eterna (moira) que rige la naturaleza y contra la cual los actos individuales son estériles, puro orgullo (hybris, desmesura) abocado al necesario castigo. En sus obras, el héroe trágico, que no se encuentra envuelto en grandes acciones, aparece en el centro de este orden cósmico; el valor simbólico pasa a primer término, frente al tratamiento psicológico. El género trágico representó una perfecta síntesis de las tensiones culturales que vivía la Grecia clásica entre las creencias religiosas tradicionales y las nuevas tendencias racionalistas y democráticas. Amén de las citadas, las obras de Esquilo que se han conservado son: Las suplicantes (c. 490), Los siete contra Tebas (467) y Prometeo encadenado, obra sobre cuya autoría existen aún dudas.
Matemático griego. Poco se conoce a ciencia cierta de la vida de quien fue el matemático más famoso de la Antigüedad. Se educó probablemente en Atenas, lo que explicaría con su buen conocimiento de la geometría elaborada en la escuela de Platón, aunque no parece que estuviera familiarizado con las obras de Aristóteles. Enseñó en Alejandría, donde alcanzó un gran prestigio en el ejercicio de su magisterio durante el reinado de Tolomeo I Sóter; se cuenta que éste lo requirió para que le mostrara un procedimiento abreviado para acceder al conocimiento de las matemáticas, a lo que Euclides repuso que no existía una vía regia para llegar a la geometría (el epigrama, sin embargo, se atribuye también a Menecmo como réplica a una demanda similar por parte de Alejandro Magno). La tradición ha conservado una imagen de Euclides como hombre de notable amabilidad y modestia, y ha transmitido así mismo una anécdota relativa a su enseñanza, recogida por Juan Estobeo: un joven principiante en el estudio de la geometría le preguntó qué ganaría con su aprendizaje; Euclides, tras explicarle que la adquisición de un conocimiento es siempre valiosa en sí misma, ordenó a su esclavo que diera unas monedas al muchacho, dado que éste tenía la pretensión de obtener algún provecho de sus estudios.
Fue autor de diversos tratados, pero su nombre se asocia principalmente a uno de ellos, los Elementos, que rivaliza por su difusión con las obras más famosas de la literatura universal, como la Biblia o el Quijote. Se trata, en esencia, de una compilación de obras de autores anteriores (entre los que destaca Hipócrates de Quíos), que las superó de inmediato por su plan general y la magnitud de su propósito. De los trece libros que la componen, los seis primeros corresponden a lo que se entiende todavía como geometría elemental; recogen las técnicas geométricas utilizadas por los pitagóricos para resolver lo que hoy se consideran ejemplos de ecuaciones lineales y cuadráticas, e incluyen también la teoría general de la proporción, atribuida tradicionalmente a Eudoxo. Los libros del séptimo al décimo tratan de cuestiones numéricas y los tres restantes se ocupan de geometría de los sólidos, hasta culminar en la construcción de los cinco poliedros regulares y sus esferas circunscritas, que había sido ya objeto de estudio por parte de Teeteto.
La influencia posterior de los Elementos fue decisiva; tras su aparición, se adoptó inmediatamente como libro de texto ejemplar en la enseñanza inicial de la matemática, con lo cual se cumplió el propósito que debió de inspirar a Euclides. Más allá, incluso, del ámbito estrictamente matemático, fue tomado como modelo, en su método y exposición, por autores como Galeno, para la medicina, o Espinoza, para la ética. De hecho, Euclides estableció lo que, a partir de su contribución, había de ser la forma clásica de una proposición matemática: un enunciado deducido lógicamente a partir de unos principios previamente aceptados. En el caso de los Elementos, los principios que se toman como punto de partida son veintitrés definiciones, cinco postulados y cinco axiomas o nociones comunes. La naturaleza y el alcance de dichos principios han sido objeto de frecuente discusión a lo largo de la historia, en especial por lo que se refiere a los postulados y, en particular, al quinto (postulado de las paralelas). Su condición distinta respecto de los restantes postulados fue ya percibida desde la misma Antigüedad, y hubo diversas tentativas de demostrarlo como teorema; los esfuerzos por hallarle una demostración prosiguieron hasta el siglo XIX, cuando se puso de manifiesto que era posible definir geometrías consistentes, llamadas «no euclidianas», en las que no se cumpliera la existencia de una única paralela trazada a una recta por un punto exterior a ella.
Astrónomo y matemático griego. Estudió matemáticas con Arquites, filosofía en la escuela de Platón en Atenas y astronomía en Heliópolis. Fue el primero en dar una explicación sistemática de los movimientos del Sol, la Luna y los planetas: para ello, construyó un modelo de 27 esferas concéntricas en el que la esfera exterior correspondía a las estrellas como puntos fijos en el cielo y en el centro, la esfera Tierra. Así mismo, dividió la esfera celeste en grados de longitud y latitud. En matemáticas se atribuye a Eudoxo la teoría de la proporción que se encuentra en el libro V de Euclides, además de la elaboración de un método de calcular áreas y volúmenes delimitados por curvas.
Poeta trágico griego. De familia humilde, tuvo como maestros a Anaxágoras, a los sofistas Protágoras y Pródicos y a Sócrates, cuyas enseñanzas se reflejan en su obra. En el 455 a.C. presentó a concurso su primera tragedia, Los Pelíadas, con la que obtuvo el tercer puesto. Seguirían 92 obras más, de las cuales se han conservado diecisiete tragedias, que, sin embargo, poca fama y reconocimiento le aportaron en vida: sólo obtuvo cuatro victorias en los festivales anuales que se celebraban en Atenas, por lo que hacia el final de su vida decidió trasladarse a Macedonia para incorporarse a la corte del rey Arquelao (408 a.C.), donde según la leyenda fue devorado por unos perros.
Sus obras representan un cambio de concepción del género trágico, de acuerdo con las nuevas ideas que había aprendido de los sofistas; así, su escepticismo frente a las creencias míticas y religiosas es manifiesto en sus obras, que rebajan el tono heroico y espiritual que habían cultivado Esquilo y Sófocles a un tratamiento más cercano al hombre y la realidad corrientes. El héroe aparece retratado con sus flaquezas y debilidades, dominado por oscuros y secretos sentimientos que le impiden enfrentarse a su destino, del que finalmente es liberado por la intervención de los dioses al término de la obra (recurso llamado deus ex machina, por los artilugios escénicos que usaba para introducir al dios); otras innovaciones suyas son la introducción de un prólogo y la asignación de un papel más reducido al coro. En sus tragedias pasa a primer término el tratamiento psicológico de los personajes, de gran profundidad. Incomprendido en su época, se convirtió en modelo a imitar ya por los trágicos latinos, y luego su influencia prosiguió durante el neoclasicismo y el Romanticismo alemán (Lessing, Schiller, Goethe).
Los Pelíadas (455 a.C.)
Alcestes (438 a.C.)
Medea (431 a.C.)
Hipólito (428 a.C.)
Los Heráclidas (430-427 a.C.)
Andrómaca (c. 426 a.C.)
Hécuba (c. 424 a.C.)
Hércules furioso (c. 424 a.C.)
Las suplicantes (c. 422 a.C.)
Ion (c. 418 a.C.)
Las troyanas (415 a.C.)
Ifigenia en Táuride (414 a.C.)
Electra (413 a.C.)
Helena (412 a.C.)
Las fenicias (409 o 408 a.C.)
Orestes (408 a.C.)
Ifigenia en Áulide (representada en el 415 a.C.)
Las bacantes (representada en el 405 a.C.)
Militar romano. Hijo de Paulo Emilio, adoptado por Publio Cornelio Escipión, el Africano, se educó en un ambiente helenístico y fue amigo de Polibio. En el 151 a.C. participó en las campañas en Hispania de Galba y Lúculo, como lugarteniente de este último, y se distinguió en las guerras contra las tribus celtíberas de la Meseta. Iniciada la Tercera Guerra Púnica contra Cartago, Escipión Emiliano se trasladó a África como tribuno militar, pero fue requerido para resolver un conflicto sucesorio en el reino de Numidia, muy ligado por la amistad del viejo rey Masinisa con los Escipiones. Habiendo solucionado el problema, marchó sobre Cartago para reforzar el asedio de la ciudad con tropas númidas. En esta acción, Escipión Emiliano tuvo un papel muy destacado, sobre todo ante la escasa efectividad de los cónsules encargados del asedio. En el 147 a.C. le fue concedido el consulado, así como el mando de las fuerzas encargadas de tomar Cartago. Restableció la disciplina entre las tropas, y gracias a sus grandes conocimientos de la poliercética, el arte del asedio, consiguió estrechar el cerco sobre la capital púnica. Lenta pero metódicamente, los romanos asaltaron, uno tras otro, los barrios de Cartago hasta apoderarse de toda la ciudad, que fue finalmente pasto de las llamas.
Trasladado a Hispania se dedicó a someter a las tribus celtíberas que tantos quebraderos de cabeza estaban dando a Roma. Lo mismo que en Cartago, procedió primero a reorganizar las legiones, para lo cual utilizó los métodos más duros. A continuación avanzó contra Numancia, el foco principal de la resistencia antirromana, y la sometió a un cruel asedio (134-133 a.C.) tras cercarla con una doble empalizada, para impedir tanto las salidas de la guarnición como la llegada de refuerzos. De esta manera, la ciudad fue rendida por hambre, lo cual le valió que le fuese concedido el triunfo a su vuelta a Roma. En su actividad política se opuso a los repartos de tierras a la plebe. Murió asesinado en su propio lecho.
Gladiador romano. Esclavo de origen tracio, en el año 73 a.C. lideró una revuelta en la escuela de gladiadores de Capua, tras lo cual, con un reducido grupo de fugitivos, se refugió en el Vesubio. Allí organizó un pequeño ejército de esclavos fugitivos y logró derrotar a las tropas enviadas contra él. Sus fuerzas fueron creciendo, y tras derrotar a las dos legiones del pretor Varilio su ejército llegó a los 70 000 efectivos, con lo cual inició una marcha hacia el norte, arrasando las ciudades que hallaba a su paso, con el objetivo de abandonar Italia. Pero cuando parecía tener el camino libre, cambió de idea y marchó hacia el sur, en unos momentos en que Roma estaba movilizando un gran número de tropas y había llamado a sus ejércitos de fuera de Italia. Estas fuerzas, al mando de Craso, Pompeyo y Lúculo, cercaron a los esclavos y los aniquilaron en los campos de Silaro.