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D

DANIEL | DARIO | DAVID | DEMOCRITO | DEMOSTENES | DIONISO | DIOSCORIDES | DOMICIANO | DIOCLECIANO


DANIEL

(s. VII a.C.)
Profeta bíblico. Según las referencias aparecidas en la Biblia, Daniel era miembro de la tribu de Judá, cautiva en Babilonia tras la destrucción de Jerusalén a manos de Nabucodonosor. Según el Libro de Daniel, éste era uno de los sirvientes de Nabucodonosor, de quien se convirtió en consejero tras lograr impresionar al monarca con su interpretación de un sueño. Más tarde fue arrojado, a causa de su fe, al foso de los leones, del que salió indemne, con lo cual mostró al rey Baltasar el poder de Yahvé. La figura de Daniel hay que entenderla en el momento histórico en el cual fue escrito su libro: durante el reinado de Antíoco Epífanes, cuando la cultura y la religión judías se encontraban amenazadas. Se trata de una historia ejemplar, que muestra la devoción de un hombre a su Dios en las más difíciles circunstancias, al tiempo que profetiza, como primer ejemplo de literatura apocalíptica, el final de los tiempos para dar paso al reino de Dios.


DARÍO I EL GRANDE  

(?, 550 a.C.-?, 485 a.C.)
Rey de Persia (521 a.C.-485 a.C.). Hijo de Histaspes, que era miembro de una rama secundaria de los Aqueménidas. Muerto el rey Cambises en 522 a.C., los desórdenes que habían sacudido el Imperio Persa durante los últimos años de su reinado desembocaron en el levantamiento de Gautama, quien accedió al poder con el apoyo de la casta sacerdotal. Darío, que entonces era sátrapa de Partia, tomó parte en una conspiración para asesinarlo y, una vez muerto, parece que por sus propias manos, se proclamó rey. Tras llevar a cabo varias campañas destinadas a aplastar diversos focos de rebelión, a finales del 521 a.C. volvió a reinar la paz y Darío pudo dedicarse a la reorganización de su imperio y a la construcción de una suntuosa capital: Persépolis. Bajo su reinado, se reforzaron las formas de gobierno absoluto y personalista y se incrementó el ceremonial de la corte. Sin embargo, la acentuación del poder real no disminuyó la tolerancia religiosa, de la que Darío, como el resto de los Aqueménidas, siguió haciendo gala.
Tras una fallida expedición contra los escitas, su política exterior se centró en los Balcanes y en Asia Menor, para hacer frente a la guerra contra los griegos. La rebelión de las ciudades jónicas del Asia Menor, entre el 500 a.C. y 494 a.C., que se encontraban bajo la soberanía persa, obligó a Darío a dedicar muchos esfuerzos para sofocarla y lo llevó a una guerra contra algunas ciudades de Grecia, entre ellas Atenas, que apoyaban a los sublevados. Una vez aplastada la sublevación, Darío decidió cortar el problema de raíz y envió una expedición de castigo contra Atenas. El ejército persa fue derrotado por los atenienses en la llanura de Maratón en 490 a.C., por lo que Darío nunca pudo ver cumplido su sueño de aplastar a los griegos, ya que una nueva oleada de sublevaciones en Mesopotamia y Egipto distrajeron su atención y sus fuerzas.


DAVID  

(Belén, actual Israel, h. 1040 a.C.-Jerusalén, id., h. 970 a.C.)
Segundo rey de Israel (h. 1002 a. C.-h. 970 a.C.) y figura central del Antiguo Testamento. Octavo y último hijo de Jesé o Isaí, miembro de una de las principales familias de la tribu de Judá, el profeta Samuel lo ungió en secreto soberano de los hebreos cuando no era más que un muchacho que cuidaba los rebaños paternos en Belén. Siendo aún adolescente, su habilidad musical y la célebre victoria que obtuvo, según la tradición, sobre el gigante filisteo Goliat le ganaron el favor del rey Saúl, monarca que había conseguido unificar en un solo Estado los antiguos reinos de Judá e Israel, y con cuya hija Micol contrajo matrimonio. Pese a su aprecio inicial, Saúl acabó recelando de la popularidad de David, quien se vio obligado a huir de la corte y vagar durante años por las montañas de Judá, período en que llegó a ponerse temporalmente al servicio de los filisteos. A la muerte de Saúl, las tribus del sur lo proclamaron rey de Judá en Hebrón (h. 1010 a.C.), pero tuvo que derrotar a Isbóset, hijo y sucesor del anterior monarca, en una larga guerra civil, para ser reconocido también como soberano de Israel por las tribus septentrionales (h. 1002 a.C.). Gracias a una decidida política exterior expansionista, David logró extender los límites de su reino desde el mar Mediterráneo hasta el río Éufrates, y desde el Líbano hasta el Mar Rojo, tras someter a los pueblos vecinos (amonitas, arameos, edomitas, filisteos y moabitas) y arrebatar la ciudad de Jerusalén a los jebuseos. En política interior, desarrolló una intensa labor unificadora y centralizadora, plasmada en la constitución de una clase de funcionarios, la creación de un ejército profesional y, sobre todo, la elección de Jerusalén como capital política y centro religioso de Israel. Su reinado, sin embargo, se vio empañado por las tensiones entre las diferentes tribus hebreas y por las intrigas palaciegas urdidas por sus numerosas esposas e hijos, como fueron la sublevación de Absalón, muerto por el general Joab después de haberse proclamado rey en Jerusalén, o la rebelión de Adonías, primogénito del soberano, agraviado por la decisión paterna de designar como sucesor al trono a su hermanastro Salomón.
El mayor logro político de David fue, sin duda, la creación de una nación unida y poderosa, de carácter marcadamente teocrático, aunque de corta vida, ya que desapareció poco después de la muerte de su hijo Salomón (929 a.C.), mientras que en la esfera religiosa destacan sus composiciones poéticas -se le reconoce la autoría de un total de 73 salmos- y el proyecto de construir un gran templo en Jerusalén para albergar el Arca de la Alianza, edificio que habría de erigir su sucesor en el trono. La trascendencia de la obra davídica propició que la figura del monarca fuese muy pronto idealizada por el pueblo hebreo como modelo mesiánico, arquetipo que fue posteriormente adoptado por el cristianismo al presentar a Cristo como descendiente de David -«el árbol de Jesé»- e identificar a la Iglesia con «el nuevo Israel». Por este motivo, ha sido representado con frecuencia en el arte cristiano, unas veces como rey y otras como músico, en este último caso retomando la temática iconográfica pagana de Orfeo. Cabe destacar, no obstante, las representaciones escultóricas que nos han legado algunos de los más importantes artistas del Renacimiento italiano, entre las que sobresale la de Miguel Ángel, en la que David aparece con la apariencia apolínea del pastor adolescente vencedor de Goliat.


DEMÓCRITO DE ABDERA

(Abdera?, hoy desaparecida, actual Grecia, h. 460 a.C.-id.?, h. 370 a.C.)
Filósofo griego. Fue tan famoso en su época como Platón o Aristóteles y debió de ser uno de los autores más prolíficos de la Antigüedad, aunque sólo se conservan fragmentos de algunas de sus obras, en su mayoría de las dedicadas a la ética, pese a que se le atribuyen diversos tratados de física, matemáticas, música y cuestiones técnicas. Fundó la doctrina atomista, que concebía el universo constituido por innumerables corpúsculos o átomos sustancialmente idénticos, indivisibles («átomo» significa, en griego, inseparable), eternos e indestructibles, que se encuentran en movimiento en el vacío infinito y difieren entre sí únicamente en cuanto a sus dimensiones, su forma y su posición. La inmutabilidad de los átomos se explica por su solidez interior, sin vacío alguno, ya que todo proceso de separación se entiende producido por la posibilidad de penetrar, como con un cuchillo, en los espacios vacíos de un cuerpo; cualquier cosa sería infinitamente dura sin el vacío, el cual es condición de posibilidad del movimiento de las cosas existentes. Todo cuanto hay en la naturaleza es combinación de átomos y vacío: los átomos se mueven de una forma natural e inherente a ellos y, en su movimiento, chocan entre sí y se combinan cuando sus formas y demás características lo permiten; las disposiciones que los átomos adoptan y los cambios que experimentan están regidos por un orden causal necesario. En el universo, las colisiones entre átomos dan lugar a la formación de torbellinos a partir de los que se generan los diferentes mundos, entre los cuales algunos se encuentran en proceso de formación, mientras que otros están en vías de desaparecer. Los seres vivos se desarrollan a partir del cieno primitivo por la acción del calor, relacionado con la vida como también lo está el fuego; de hecho, los átomos del fuego y los del alma son de naturaleza similar, más pequeños y redondeados que los demás.
La ética de Demócrito se basa en el equilibrio interno, conseguido mediante el control de las pasiones por el saber y la prudencia, sin el recurso a ninguna idea de justicia o de naturaleza que se sustraiga a la interacción de los átomos en el vacío. Según Demócrito, la aspiración natural de todo individuo no es tanto el placer como la tranquilidad de espíritu (eutimia); el placer debe elegirse y el dolor, evitarse, pero en la correcta discriminación de los placeres radica la verdadera felicidad.


DEMÓSTENES

(Atenas, 384 a.C.-Calauria, actual Grecia, 322 a.C.)
Orador y político ateniense. A partir del año 354 a.C. intervino en asuntos políticos y se hizo famoso por sus discursos. Entre los primeros destaca Para los megalopolitanos, que atrajo la atención de los atenienses sobre el peligro que representaba el poder de Esparta. Denunció la ambición de Filipo de Macedonia en las famosas Filípicas, discursos pronunciados durante un largo proceso en la asamblea ateniense. En el 340 a.C. dejó la oposición y pasó a ser jefe del partido dirigente. A lo largo de la década siguiente intentó ser coronado por sus méritos cívicos, pero Esquines se opuso a su propuesta y Demóstenes terminó siendo condenado al exilio. Tras la muerte de Alejandro Magno, volvió a desempeñar un papel importante en Atenas durante la revuelta contra Antípatro. Tras la derrota ateniense, huyó a la isla de Calauria, donde se suicidó por envenenamiento. Se conservan unos setenta discursos suyos, aunque fue ante todo un hombre de acción, que luchó para que Atenas recobrase la hegemonía y contuviera el avance de Filipo. La fuerza de sus discursos y la precisión de sus argumentos, con pocas figuras retóricas, le otorgan una originalidad excepcional.


DIONISO AREOPAGITA, san

(Atenas, ?-id., ? s. I.)
Obispo y mártir ateniense. Según los Hechos de los Apóstoles, era miembro del Areópago ateniense, y más tarde se convirtió al cristianismo, por influencia de Pablo. Según la misma fuente, habría sido el primer obispo de Atenas y habría sufrido el martirio bajo el emperador Domiciano. Durante siglos se le atribuyeron diferentes obras que actualmente se consideran escritas por otro autor, al que se llama «Seudo-Dionisio», y que habría vivido en Siria o Egipto. Estas obras, de inspiración claramente neoplatónica, tuvieron una amplia influencia en la escolástica europea de la Edad Media.


DIOSCÓRIDES  

(Anazarbus, actual Turquía, h. 40-?, h. 90)
Médico y farmacólogo griego. Sus viajes en compañía de las legiones romanas en calidad de médico militar le permitieron recopilar información sobre las propiedades curativas de más de un millar de plantas. Discutió, entre muchas otras, cuestiones sobre el valor medicinal y dietético de derivados animales como la leche y la miel, así como la preparación, las aplicaciones y la posología de productos químicos como el mercurio, el arsénico, el acetato de plomo o el óxido de cobre. También trató el valor anestésico de pociones elaboradas a partir del opio o la mandrágora. Las obras de Dioscórides, recogidas originalmente en cinco volúmenes, conocieron no menos de siete traducciones y constituyeron el manual básico de uso de la farmacología hasta finales del siglo XV.


DOMICIANO, TITO FLAVIO

(Roma, 51-id., 97) Emperador romano (81-97).
Hijo de Vespasiano, a la muerte de su hermano Tito fue proclamado emperador e inició un reinado que ha sido considerado de manera muy negativa por los historiadores. Persona ruda y autoritaria -se hacía llamar dominus-, se enfrentó a la corrupción y trató de solucionar la crisis agraria que afectaba al país. En las fronteras tuvo que hacer frente a las continuas incursiones de Decébalo, rey de los dacios, así como a la presión de los germanos y los sármatas, todo lo cual le forzó a firmar un acuerdo con aquél. La revuelta de Saturnino, en la Germania Superior, que fue aplastada, marcó el inicio de una serie de conspiraciones por parte de la aristocracia romana, que comportaron durísimas represalias del emperador, hasta que él mismo cayó asesinado en un complot en el cual estaba implicada su propia esposa, Domicia.


DIOCLECIANO [Cayo Aurelio Valerio Diocleciano]  

(Salona, actual Croacia, h. 245-Spalato, hoy Split, id., 316)
Emperador romano (284-305). Nacido en el seno de una humilde familia iliria, Cayo Aurelio Valerio Diocleciano emprendió una carrera militar que, sin ser excesivamente brillante, le permitió convertirse primero en comandante de la guardia imperial y más tarde en cónsul. Tras el asesinato del emperador Numeriano, en el 284, Diocleciano dio muerte a Arrio Aper, el presunto homicida, y fue proclamado emperador por el ejército de Asia Menor. Un año más tarde, en el 285, desaparecido Carino, coemperador y hermano de Numeriano, el Senado le reconoció la dignidad imperial. Aquel mismo año, a fin de acabar con las usurpaciones militares y las tendencias centrífugas que amenazaban con desmembrar el imperio, Diocleciano decidió asociar al poder a otro oficial ilirio de su confianza, Maximiano, a quien cedió el control de la mitad occidental del imperio, primero con el título de césar y después con el de augusto Herculius (286). Se reservó para sí el gobierno de la mitad oriental y la dignidad de augusto Iovius, la cual, al vincularlo a Júpiter, la principal divinidad romana, le confería un poder superior al de Maximiano.
La bipolarización de la autoridad imperial dio buenos resultados, pues Maximiano reprimió el movimiento bagauda surgido en las Galias, mientras Diocleciano recuperaba Armenia, aprovechando en beneficio propio las divisiones internas de los persas. Sin embargo, los conflictos políticos y sociales en el imperio iban en aumento, razón por la que, en mayo del 293, Diocleciano vinculó al poder en calidad de césares a otros dos militares: Constancio Cloro para Occidente y Galerio para Oriente. Con la aparición de estos colaboradores de jerarquía inferior, la dirección del imperio quedó en manos de una tretrarquía, forma de gobierno que permitía, por una parte, asegurar la unidad territorial y, por otra, solucionar los problemas de cada región con celeridad y eficacia. Así, Diocleciano, que había fijado su capital en Nicomedia, se ocupó de la parte de Oriente; Galerio, que residía en Sirmio, atendió los asuntos de las zonas situadas al sur del Danubio, desde los Alpes hasta el Mar Negro; Maximiano, que alternaba residencia entre Milán y Aquileia, tenía a su cargo África, Hispania e Italia; y, por último, Constancio Cloro vigilaba desde Tréveris a las Galias y Britania. En ambas partes del imperio los tetrarcas obtuvieron grandes victorias militares: aplastaron la rebelión de Carausio en Britania (296), acabaron con las revueltas sociales de Egipto (297) y fijaron la frontera romana en el río Tigris, tras derrotar a los persas (298).
Paralelamente, Diocleciano llevó a cabo una serie de importantes reformas internas que perseguían centralizar el poder, racionalizar la administración, sanear la economía y reorganizar el ejército. Así, por ejemplo, recortó la autoridad del Senado, transformó las 57 provincias existentes en 96 y las agrupó en 12 diócesis, separó en cada provincia el gobierno civil del militar para impedir las usurpaciones imperiales, estableció nuevos impuestos, tanto territoriales como personales (capitación), e hizo obligatorio el culto a Júpiter como elemento cohesionador del imperio, lo cual provocó una cruenta persecución contra los cristianos entre los años 303 y 311. En el 305, ya enfermo, renunció a sus responsabilidades políticas, abdicó en favor de Galerio -y obligó a Maximiano a hacer otro tanto en beneficio de Constancio Cloro. Dedicado a la vida contemplativa, que sólo abandonó para intentar solucionar sin éxito las disputas existentes entre los tetrarcas (307), murió en su retiro de Spalato en el 316.