CALIMACO |
CATILINA |
CATON |
CATULO |
CESAR |
CICERON |
CLEOPATRA |
CALIGULA |
CLAUDIO |
CARACALLA |
CONSTANCIO |
CONSTANTINO
(?, 579 a.C.-?, 530 a.C.) Rey persa (550 a.C.-530 a.C.).
Hijo de Cambises, de la casa de los Aqueménidas, príncipe de Anshan, y de la princesa meda Mandane, hija del rey de los medos Astiages (Ishtuwegu), de quien Cambises era un fiel vasallo. En 559 a.C. sucedió a su padre en Pasargada, en 550 a.C. se puso al frente de una rebelión de los persas contra los medos, en la cual triunfó gracias a la poca fidelidad de las tropas que seguían al medo. Esta victoria no significó la supresión de los medos, sino que, como el propio Ciro se encargó de demostrar al perdonar a Astiages, la ascensión de los Aqueménidas sirvió para fortalecer la unión de ambos pueblos. Esta política de integración se convirtió en uno de los referentes principales de su política exterior, junto con su tolerancia religiosa. Una vez asegurada su posición en la meseta del Elam, se dispuso a continuar con su expansión territorial, marchando sobre el reino de los lidios en Anatolia, a los que derrotó en Pteria.
Tras perseguir al rey de los lidios, Creso, hasta la Anatolia Occidental, lo volvió a derrotar en el «Campo de Ciro» y lo capturó al conquistar Sardes, la capital lidia. Una vez asegurada Anatolia, Ciro puso sus ojos en Babilonia, regida por el rey Nabónido. Aprovechando hábilmente la situación de debilidad de los neobabilonios, y la crisis religiosa que enfrentaba al rey con el influyente culto al dios Marduk, la deidad de la ciudad, logró llevar a cabo una rápida campaña que acabó con la sumisión de la antaño poderosa ciudad de Mesopotamia (539 a.C.). Entre las disposiciones de Ciro hay que destacar la liberación de los judíos y la orden de reconstrucción del templo de Jerusalén. El gran prestigio que estas conquistas le granjearon, hizo que la mayoría de los reyes de Siria, junto con las ciudades fenicias, le rindiesen vasallaje, con lo que los persas consiguieron los servicios de las flotas de éstas. En el 530 a.C., emprendió una campaña contra los masagetas en el norte de su reino, en el curso de la cual encontró la muerte.
(Cirene, actual Libia, h. 310 a.C.-Alejandría, Egipto, h. 235 a.C.)
Poeta y erudito alejandrino. Maestro en Eleusis, recibió el encargo de ordenar la biblioteca de Alejandría. La gran erudición que demostró en esta labor se hace evidente en las notas que acompañaban la clasificación y ordenación de los autores, un trabajo que ha sido de gran valor para los posteriores estudios bibliográficos y literarios realizados sobre el período clásico. De su obra poética se han conservado algunos fragmentos, seis Himnos y 63 epigramas, así como un breve poema épico, Hecale, con el que se reafirmó en su particular concepción de la epopeya, sobre la cual polemizó con Apolonio de Rodas, discípulo suyo. Su obra más conocida es el poema La cabellera de Berenice, que ha llegado a nosotros, sin embargo, no en su versión original, sino a través de una imitación de Catulo.
Citas: «La riqueza sin la virtud no basta a los hombres, ni la virtud es suficiente sin la riqueza.» Himno a Júpiter.
(?, 109 a.C.-Pistoya, actual Italia, 62 a.C.)
Patricio romano. Antiguo seguidor de Sila, en el 69 a.C. fue gobernador en África y se le acusó de abuso de poder durante el ejercicio de su cargo. Figura denostada por la historiografía romana, Catilina inició una serie de conspiraciones para hacerse con el poder, en las cuales estuvo implicada una parte de la joven nobleza romana, entre la que se encontraba César, quien, acuciado por las deudas, buscaba la manera de acceder al poder dictatorial para librarse de ellas.
Tras fracasar en sus dos primeras conjuras, sin que pudiera ser probado nada contra él, Catilina hizo un último intento en el 62. Para su desgracia, la conspiración fue descubierta por Cicerón, su principal adversario, quien hizo tomar Roma militarmente. Catilina compareció ante el senado y Cicerón, mediante cuatro brillantes discursos (Catilinarias), le denunció y lo forzó a huir de Roma. Catilina se reunió entonces en Etruria con el ejército de C. Manlius, que pronto fue vencido por las tropas leales a la república. Catilina pereció en la batalla de Pistoia, mientras Cicerón ejecutaba a sus seguidores en Roma y César era nombrado gobernador de España.
CATÓN, Marco Porcio, llamado el Censor
(Tusculum, actual Italia, 232 a.C.-?, 147 a.C.)
Político romano. Luchó contra Aníbal a las órdenes de Fabio y estuvo en la batalla de Zama. Como cónsul, en el 195 a.C. mandó un ejército en Hispania con el cual aplastó una revuelta de los iberos cerca de Ampurias, y pacificó las nuevas provincias. Abandonó la península Ibérica con un botín muy cuantioso, en su mayor parte procedente de la venta de la población sometida como esclava. En su calidad de censor, Catón ha pasado a la historia por su labor en defensa de las antiguas tradiciones romanas, que él creía amenazadas por el contacto con el mundo helenístico.
Famoso por su honestidad y su vida frugal, su política consistió, no obstante, en el expolio y la represión de los pueblos vencidos y en la ostentación del poder militar romano, modelo que siguieron los gobernantes posteriores. Enfrentado con los Escipiones, a los que veía como los principales propagandistas del helenismo, escribió una obra de historia llamada Orígenes del pueblo romano y un compendio de sentencias morales titulado Carmen de moribus. Fue uno de los más enconados enemigos de Cartago, e incentivó al Senado y al pueblo romano, mediante sus discursos, para que ordenase la destrucción total de la capital púnica.
(Verona, actual Italia, h. 87 a.C.-Roma, h. 54 a.C.)
Poeta latino. De familia acomodada, a partir del año 70 a.C. frecuentó en Roma el círculo de los «nuevos poetas», deudores de la poesía alejandrina, cuyo tema poético principal es el amor, expresado en metros nuevos. Los versos de Catulo, especialmente los dedicados a su amor por Lesbia, seudónimo de Clodia, hermana del tribuno Clodio, son de gran realismo y fuerza expresiva. Conocido como doctus por su gran dominio de la poesía griega, dejó 116 poemas de valor e inspiración muy desiguales. Junto a poemas cultos y mundanos como Las bodas de Tetis y Peleo, en el que rivalizó con Calímaco, compuso numerosos epigramas satíricos, así como epitalamios y poemas de tema mitológico. Sin embargo, la importancia de su poesía reside principalmente en las elegías amorosas; por otra parte, ha sido el fundador de la elegía romana, que se distingue de la griega por su carácter autobiográfico e intimista. Influyó en la poesía latina posterior tanto en el aspecto formal como en su variedad temática.
(Roma, 100 a.C.-id., 44 a.C.)
Político, militar y escritor romano. Miembro de la antigua familia patricia Julia, tuvo como maestro al célebre gramático y retórico Marco Antonio Grifón y desde muy joven participó en la vida pública romana. En el 84 a.C. casó con Cornelia, hija de uno de los enemigos de Sila, y, tras negarse a repudiarla como pretendía el dictador, huyó a Asia (82 a.C.). A la muerte de Sila (78 a.C.), volvió a Roma y destacó por su defensa de los derechos de las clases populares de la ciudad y por su oposición a la política del partido aristocrático en el poder, pero las deudas le obligaron a marchar a Rodas, donde estudió oratoria junto al sabio Molón (77-75 a.C.). En el 74 a.C. mandó el ejército que venció a Mitríades VI, rey del Ponto, victoria que le valió ser nombrado tribuno militar. Nuevamente en Roma, sus dotes oratorias cautivaron al pueblo y le permitieron ocupar diversos cargos públicos: cuestor en Hispania (69 a.C.), edil curul (65 a.C.) y pontífice máximo (63 a.C.).
Aunque se sospechó su implicación en la conjuración de Catilina, que se proponía asesinar a los cónsules, la carrera política de César continuó en ascenso: en el 62 a.C. se convirtió en pretor, y al año siguiente partió hacia la Hispania Ulterior como propretor, magistratura que le proporcionó en poco tiempo una cuantiosa fortuna con la que pudo saldar las numerosas deudas que lo acuciaban. De regreso en Roma, en el 60 a.C., pactó con Pompeyo, un valeroso general, y Craso, un rico ciudadano, la formación del primer triunvirato. Como triunviro, promulgó varias leyes agrarias en favor de los soldados licenciados y ejerció un fuerte control sobre el Senado. Entre los años 58 y 54 a.C. conquistó las Galias y sometió a celtas, galos, germanos y helvecios, y realizó una expedición a Britania, campañas que le reportaron un gran prestigio militar. Tras la crisis política que estalló en Roma a la desaparición del triunvirato a raíz de la muerte de Craso en Siria (53 a.C.), en el 52 a.C. el Senado nombró dictador a Pompeyo, quien intentó mermar el poder de César ordenando la disolución de sus legiones. Éste, sin embargo, decidió cruzar el río Rubicón, límite entre la Galia Cisalpina y la península Italiana, y marchar con sus tropas sobre Roma, acción que inició la cruenta guerra civil que lo enfrentó a Pompeyo y a la oligarquía senatorial (49 a.C.). En pocos meses, se apoderó de la península y entró en Roma, donde fue nombrado primero dictador y, posteriormente elegido cónsul. A principios del 48 a.C., una vez vencidos los pompeyanos de Hispania en Ilerda, César persiguió a su oponente hasta Grecia y lo derrotó en Farsalia (9 de agosto). En su huida hacia Oriente, Pompeyo se refugió en la corte egipcia, donde murió asesinado poco antes de la llegada de César, quien, durante su estancia en Egipto, apoyó a Cleopatra VII en el enfrentamiento de ésta con su hermano Tolomeo XIII. Tras vencer a los últimos pompeyanos en África (Tapso, 46 a.C.) y luego en Hispania (cerca de Munda, 45 a.C.),
César se convirtió en dictador perpetuo y emprendió una política destinada a limitar el poder del Senado, sanear las finanzas del Estado y el acceso a las magistraturas, reformar el sistema monetario, mejorar el gobierno de las provincias y fomentar la celebración de juegos públicos en Roma. El 15 de marzo del 44 a.C. murió apuñalado en el Senado por un grupo de republicanos opuestos a su poder autocrático. Como escritor, destacan sus Comentarios sobre la guerra de las Galias (Commentarii de bello gallico, 52-51 a.C.) y los Comentarios sobre la guerra civil (Commentarii de bello civile, 45 a.C.), que constituyen fuentes de información histórica de inestimable valor.
Citas: «Los hombres tienden a creer aquello que les conviene.»
(Arpino, actual Italia, 106 a.C.-Formies, id., 43 a.C.)
Orador, político y filósofo latino. Perteneciente a una familia plebeya de rango ecuestre, desde muy joven se trasladó a Roma, donde asistió a lecciones de famosos oradores y jurisconsultos y, finalizada la guerra civil (82 a.C.), inició su carrera de abogado, para convertirse pronto en uno de los más famosos de Roma. Posteriormente, se embarcó rumbo a Grecia con el objetivo de continuar su formación filosófica y política. Abierto a todas las tendencias, fue discípulo del epicúreo Fedro y del estoico Diodoto, siguió lecciones en la Academia y fue a encontrar a Rodas al maestro de la oratoria, Molón de Rodas, y al estoico Posidonio. De vuelta en Roma, prosiguió su carrera política, y en el lapso de trece años consiguió las más altas distinciones. Empezó como cuestor en Sicilia en el 76 a.C., y en el 70 a.C. aceptó defender a los sicilianos oprimidos por el antiguo magistrado Verres, para quien sus alegatos (Verrinaes) supusieron la condena, lo cual lo hizo muy popular entre la plebe y contribuyó a consolidar su fama de abogado. Decidido partidario del republicanismo, admitía la necesidad de un hombre fuerte para dotar de estabilidad al Estado, figura que reconocía en Pompeyo; sus simpatías por él, sin embargo, no fueron siempre correspondidas. Su carrera política fue fulgurante: en un año fue elegido edil, en el 66 a.C. pretor, cargo desde el que propulsó un acercamiento entre caballeros y senadores (concordia ordinum), y dos años después obtuvo la elección de cónsul del Senado. Desde esta posición, hizo fracasar la reforma agraria propuesta por Rullo, hizo frente a los populares, liderados por Craso y César, y llevó a cabo una de las batallas más dramáticas y peligrosas de su carrera: su oposición a la conspiración de Catilina. Derrotado en las elecciones, éste se disponía a promover levantamientos para instaurar una dictadura. Los cuatro discursos (Catilinarias) pronunciados por Cicerón ante el Senado a fin de conseguir la ejecución de los conspiradores constituyen la muestra más célebre de su brillante oratoria, de gran poder emotivo. Sin embargo, su actuación acabó por significarle el exilio años más tarde, cuando Clodio, elegido tribuno de la plebe (58 a.C.) gracias a César, consiguió el reconocimiento de una ley que sancionaba con la pena de muerte a todo ciudadano romano que hubiera hecho ejecutar a otro sin el previo consentimiento del pueblo. Tras buscar, sin éxito, el apoyo de Pompeyo, Cicerón marchó al exilio. Regresó a Roma apenas un año y medio más tarde, pero para entonces su carrera política estaba prácticamente acabada, situación que pareció hacerse definitiva con la dictadura de César (48-44 a.C.). Sólo cuando éste fue asesinado, Cicerón volvió a la escena política para promover la restauración del régimen republicano. En un principio, mientras Marco Antonio aún no se había afianzado en el cargo, gozó de cierto poder y consiguió la amnistía para los asesinos de César, pero apenas aquél se sintió seguro, Cicerón se encontró con una fuerte resistencia, a la que hizo frente verbalmente con las catorce Filípicas. En vano intentó entonces aliarse con Octavio, hijo adoptivo de César, contra Marco Antonio: tras la batalla de Módena, Octavio se reconcilió con Marco Antonio y unió sus fuerzas con las de éste y con el ejército de Lépido para la formación del segundo triunvirato (43 a.C.). Ese mismo año, Cicerón fue apresado y ejecutado.
Formado en las principales escuelas filosóficas de su tiempo, mostró siempre una actitud antidogmática y recogió aspectos de las diversas corrientes. La originalidad de sus obras filosóficas es escasa, aunque con sus sincréticas exposiciones se convirtió en un elemento crucial para la transmisión del pensamiento griego. Al final de su De Republica contrasta su probabilismo con una exaltación religiosa de signo neoplatónico. Como literato, se convirtió en el modelo de la prosa latina clásica, con un estilo equilibrado y de largos y complejos períodos, aunque perfectamente enlazados.
OBRAS:
Discursos:
Verrinaes ( h. 70 a.C.)
De lege agraria (63 a.C.)
Catilinarias (Catilinam orationes, 63 a. C.)
Filípicas (In M. Antonium orationes Philippicae, 44 a. C.)
Tratados:
Sobre la retórica (De oratore, 55 a.C.)
Sobre la República (De Republica, 54-55 a.C.)
Sobre las leyes (De legibus, 52 a.C.)
Cato maior (46 a.C.)
Sobre la vejez (De senectute, 46 a.C.)
Sobre la adivinación (De divinatione, h. 45 a.C.)
Sobre la amistad (Laeleius o De Amicitia, 45 a.C.)
De finibus bonorum et malorum (45 a.C.)
Hortensius (45 a.C.)
Sobre la naturaleza de los dioses (De natura deorum, 45 a.C.)
Sobre el deber (De officiis, 44 a.C.).
CITAS: «No se puede decir nada tan absurdo como para que no haya sido dicho por algún filósofo.» De divinatione.
(Alejandría, actual Egipto, 69 a.C.-?, 30 a.C.)
Reina de Egipto (51-30 a.C.). Hija de Tolomeo XII, Cleopatra VII Tea Filopátor subió con diecisiete años al trono de Egipto, junto con su hermano Tolomeo XIII, de tan sólo diez años, a la muerte de su padre (51 a.C.). Inteligente, seductora y ambiciosa, fue enviada al exilio por los ministros de su hermano por haber conspirado contra él (49-48 a.C.). En el 48 a.C., sin embargo, Cleopatra consiguió el apoyo de Julio César, quien, tras llegar a Alejandría, obligó a ambos hermanos a compartir el poder. Disconforme con esta medida, Tolomeo XIII se rebeló, pero fue derrotado y muerto por las tropas de Cleopatra, con la ayuda de los romanos (47 a.C.). Amante de César, de quien tuvo un hijo, Cesarión, acudió con él a Roma. Después del asesinato del dictador romano (44 a.C.), Cleopatra regresó a Egipto e inició una etapa de próspero gobierno personal. En el 41 a.C., la reina egipcia conoció en Tarso a Marco Antonio, quien, tras constituir con Octavio Augusto y Lépido el segundo triunvirato romano (43 a.C.), había vencido a los asesinos de César en Filipos (42 a.C.). Enamorado de Cleopatra, Marco Antonio repudió, en el año 32 a.C., a su esposa Octavia, hermana de Octavio Augusto. Éste, humillado, promovió la guerra contra Egipto, acusando a Marco Antonio y Cleopatra de conspirar contra Roma y pretender crear un Estado propio en Oriente. El 2 de septiembre del 31 a.C., la flota romana aniquiló a la escuadra egipcia en la batalla de Accio. Después de huir a Alejandría, Marco Antonio se dio muerte al creerse traicionado por Cleopatra. Ésta, por su parte, trató de obtener la clemencia de Octavio Augusto, pero fue en vano, por lo que decidió suicidarse para evitar la vejación de verse obligada a participar en el triunfo del vencedor (30 a.C.).
CALÍGULA [Cayo César Augusto Germánico]
(Antium, hoy Porto d'Anzio, actual Italia, 12 d.C.-Roma, id., 41 d.C.)
Emperador romano. La figura de Calígula aparece bastante deformada por el retrato que hacen de él autores senatoriales como Suetonio y Tácito. Su ascensión al poder tras la muerte de Tiberio, en el año 37, fue muy bien acogida por el pueblo. Parece ser que los primeros meses de su reinado fueron óptimos, según el punto de vista de los historiadores senatoriales: respetó al Senado, devolvió a la Asamblea popular el derecho a elegir a los magistrados, decretó amplias amnistías para los que habían sido condenados en tiempos de Tiberio y organizó grandes espectáculos circenses. Sin embargo, las cosas cambiaron de manera dramática tras una grave enfermedad, cuando empezó a dar muestras de un carácter autoritario y de unos modos que lo acercaban más a las formas de gobierno de las monarquías orientales que a las apariencias republicanas del Imperio. Eliminó rápidamente y sin proceso a su primo Tiberio Gemelo y al jefe de los pretorianos Macrón e impuso un protocolo monárquico en la corte en el que se impulsaba una divinización en vida del emperador. Intentó gobernar apoyándose en el pueblo y en directa oposición al Senado, reivindicando un pasado familiar que, a través de su abuela Antonia, lo vinculaba a Marco Antonio. Las arcas del Imperio Romano se vaciaron rápidamente ante la necesidad de pagar a las tropas y las fiestas en la corte, circunstancia que le obligó a subir los impuestos y reanudar la política de eliminación física de senadores para apoderarse de sus posesiones. Su política exterior fue un reflejo de las pulsiones orientalizantes que marcaron su vida: aumentó el número de reinos vasallos en Oriente, al tiempo que reducía la autonomía de los territorios occidentales. En el año 39 llevó a cabo una expedición a Germania y la Galia septentrional. Tras una conspiración fallida ese mismo año, encabezada por Cneo Cornelio Léntulo y Marco Emilio Lépido, este último casado con Drusila, hermana del emperador, una nueva conspiración organizada por su propia guardia, tuvo éxito el 24 de enero del año 41 y acabó con el emperador.
CLAUDIO I [Tiberio Claudio Nerón Druso Germánico]
(Lyon, 10 a.C.-Roma, 54 d.C.)
Historiador y emperador romano. Subió al trono en el 41, cuando tenía más de cincuenta años; hasta ese momento había permanecido apartado de la política y las intrigas de la corte debido a su carácter retraído y al hecho de que era tullido de nacimiento, por lo que la familia imperial lo había mantenido en un segundo plano. Claudio era además un erudito, autor de una Historia de Etruria y otra de Cartago, dos pueblos considerados «malditos» por la historiografía tradicional romana; tan peculiar afición y tan poco atractivos temas de estudio no debieron de hacer otra cosa que reforzar la percepción de sus contemporáneos de que se trataba de un excéntrico. Convertido en emperador por la guardia pretoriana, trató de estabilizar la institución imperial, respetando al Senado, y así reorganizó las finanzas y el correo e incrementó la burocracia del imperio, que quedó en manos de los libertos de la casa imperial. Este hecho provocó muchas tensiones con el Senado, que veía la ascensión de éstos como un atentado contra las atribuciones de las clases senatoriales y ecuestres. En otro orden de cosas, Claudio, buen conocedor de la historia de Roma, intentó llevar a cabo una política de integración de las élites gobernantes de la Galia en el Senado, cosa que volvió a atraerle las iras de éste, descontento ante la entrada de aquellos «bárbaros» en una institución tan genuinamente romana. Estas tensiones se tradujeron en diversas rebeliones, como la del legado de Dalmacia, y en conjuras como la de la propia esposa del emperador, Mesalina, que fueron, sin embargo, rápidamente sofocadas. La política exterior de Claudio se centró en la ocupación efectiva de Britannia (43 d.C.), a cargo de Plaucio Silvano, en cuyas operaciones iniciales estuvo presente el emperador. La muerte de Claudio está envuelta en misterio, ya que se cree que fue causada por su segunda esposa Agripina, quien lo habría envenenado para asegurar el ascenso al trono de su hijo Nerón, fruto de un anterior matrimonio de ella, en perjuicio de Británico, hijo del emperador y de Mesalina.
CARACALLA, Marco Aurelio [Marco Aurelio Antonino]
(Lyon, actual Francia, 188-Edesa, actual Turquía, 217)
Emperador romano (212-217). Hijo de Septimio Severo, en el 212 asesinó a su hermano Geta, que se había convertido en su principal rival en el poder, y a continuación se dedicó a eliminar en la corte a todos los partidarios de aquél. Dejó los asuntos de gobierno en manos de su madre, Julia Domna, y publicó un edicto por el que se concedía la ciudadanía romana a todos los habitantes del imperio. Realizó diversas campañas en las fronteras y combatió en el Danubio y en Oriente, si bien no logró avances significativos. En el 215 saqueó la ciudad de Alejandría por haber prestado apoyo a su hermano. Su crueldad y su falta de tacto le granjearon una amplia oposición, que se vio incrementada por el descontento provocado por los resultados de la guerra contra los partos. En abril del 217, el emperador fue asesinado en un complot urdido por Macrino, el prefecto del pretorio.
CONSTANCIO I CLORO [Cayo Fabio Valerio Constancio]
(?, 225-York, actual Reino Unido, 306)
Emperador romano (293-306). Fue nombrado césar, por Maximiano, y se convirtió en uno de los cuatro gobernantes del Imperio Romano según la nueva estructura de poder instaurada por Diocleciano. Como ayudante de Maximiano, que era su augusto, Constancio se hizo cargo de la Galia y de Britania. Se enfrentó a la tarea de recuperar el control de esta última provincia, así como los diversos puertos de la Galia que habían caído en manos del usurpador Carausio, lo que logró en el 296. Tras la renuncia al poder de Diocleciano, en el 305, Maximiano tuvo que atenerse a la ley y hacer lo propio, gracias a lo cual Constancio se convirtió en uno de los dos nuevos augustos, pero no estuvo de acuerdo en los nombramientos de los nuevos césares a cargo del otro augusto, Galerio. A su muerte, acaecida en combate contra una incursión de los pictos, el ejército aclamó a su hijo Constantino como augusto.
CONSTANTINO I EL GRANDE [Flavio Valerio Constantino]
(Nis, actual Serbia, h. 280-Nicomedia, hoy Izmit, actual Turquía, 337)
Emperador romano (312-337). Hijo de Constancio I Cloro, augusto de Occidente (305-306), y de Helena, Flavio Valerio Constantino fue educado en la corte del emperador Diocleciano, en Nicomedia. En el verano del año 306, durante una campaña contra la tribu escocesa de los pictios, Constancio Cloro murió en Britania e inmediatamente el ejército aclamó a su hijo como augusto de Occidente. En un principio, Galerio, augusto de Oriente, reconoció a Constantino la dignidad de césar, pero al fin tuvo que aceptarlo como augusto. Al año siguiente, sin embargo, la tetrarquía, el sistema de gobierno del Imperio Romano ideado por Diocleciano, entró en crisis a causa de las rivalidades entre los diferentes tetrarcas, hasta que en el 308 estalló una cruenta guerra civil que enfrentó entre sí a los cuatro augustos legales (Galerio, Constantino, Licio y Maximino Daya) y un césar ilegítimo (Majencio). Muerto Galerio (311), Majencio y Maximino Daya se aliaron para luchar contra Constantino y Licio, quienes también se vieron obligados a unir sus fuerzas. De hecho, hasta entonces Constantino no había tomado parte en la guerra civil, ocupado en su sede de Arevi en la organización del ejército y en rechazar los ataques de francos y alamanes contra la Galia. Sus tropas, cuyas filas formaban numerosos bárbaros, se encontraban, en consecuencia, en condiciones relativamente buenas. Por este motivo, cuando irrumpió en Italia, se impuso con facilidad al ejército de Majencio en el valle del Po y pudo marchar rápidamente sobre Roma. Cerca de esta ciudad, el 28 de octubre del 312, derrotó en la decisiva batalla del puente Milvio al propio Majencio, quien se ahogó en el Tíber en su intento de huir.
En el 313, Constantino y Licinio promulgaron el edicto de Milán, por el que reconocían a la religión cristiana iguales derechos que a los cultos paganos. Ese mismo año, la victoria de Licinio sobre Maximino Daya en Asia Menor permitió a los dos augustos vencedores repartirse el imperio: Tracia, Egipto y las provincias asiáticas quedaron bajo la jurisdicción de Licinio, mientras que el resto del territorio fue para Constantino (314). Tras casi un decenio de paz, en el 323, una nueva guerra hizo de Constantino el emperador único, tras derrotar en Nicomedia a Licinio, quien murió al poco tiempo (324). Instalado en Oriente y dedicado a la protección de la frontera del Danubio, Constantino nombró césares a sus cuatro hijos y les encargó el gobierno de diferentes regiones: la defensa del Rin fue confiada a Crispo, su primogénito, a quien acabaría por hacer ejecutar; Hispania, Galia y Britania, a Constantino; Italia, Iliria y África, a Constante; y Egipto y las provincias asiáticas, a Constancio. Esta descentralización del poder se hizo más efectiva por la existencia de cuatro prefectos del pretorio colocados al frente de las prefecturas de Oriente, Iliria, Italia y Galia. Aunque Constantino mantuvo siempre el principio formal de tolerancia religiosa, durante toda su vida promovió la expansión del cristianismo, que convirtió de hecho en religión oficial. El emperador participó personalmente en asuntos eclesiásticos, y así, intervino en el cisma donatista (314) y convocó el primer concilio de Nicea (325), que condenó la herejía arriana. Con todo, posteriormente se inclinó por el arrianismo, y poco antes de su muerte, fue bautizado por el obispo arriano de Nicomedia. En el 330, trasladó la capital del imperio a orillas del Bósforo, a la antigua colonia griega de Bizancio, ciudad que fue reconstruida y cambió su nombre por el de Constantinopla. Tras haber derrotado a los godos (332), el emperador falleció cerca de Nicomedia, en el año 337, mientras preparaba una campaña contra los persas.