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Plagas
y enfermedades.
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Tanto
las plagas como las enfermedades pueden darse en todos los niveles de
la planta, es decir, se pueden instalar en las raíces, tronco,
ramas y/u hojas. Se debe prevenir la llegada de ciertos parásitos
que suelen aparecer de forma regular, como pulgones, cochinillas, ácaros,
etc., y para ello es conveniente utilizar tratamientos preventivos. Las
hormigas, aún no siendo una plaga, son atraídas por la melaza
de los pulgones. Los gusanos de tierra no son dañinos pero deben
eliminarse por la cantidad de galerías que abren en la tierra.
¿Cómo actuar?
Antes
de pensar en enfermedades o plagas, debemos hacer un análisis de
la situación: si nuestro árbol presenta hojas amarillas
que se secan y caen, puede deberse a un exceso de riego. Si el árbol
no se desarrolla bien, tiene brotes largos con pocas hojas, puede deberse
a la falta de luz. Al exponerlo a sol directo demasiado intenso, las hojas
se quemarán. También se ha de comprobar como anda de nutrientes.
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| Falta
de NITRÓGENO, colores rojizos y amarillos.
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Falta
de POTASIO, el borde foliar quemado.
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Falta
de MAGNESIO,
limbo marrón entre los nervios. |
Falta
de HIERRO,
limbo amarillo entre los nervios. |
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Una vez comprobado
esto, entonces podemos pensar en la posibilidad de alguna enfermedad o
plaga.
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Cuando
nos encontramos con algún problema de este tipo, y nos vemos en
la necesidad de utilizar algún producto, sea fungicida o insecticida,
se regará abundantemente unas horas antes de aplicar el tratamiento.
Se debe proteger la tierra con un plástico o similar cuando se
vaporizan los productos de tratamiento.
Eliminar las hojas y ramas de los árboles enfermos o plagados.
No se utilizará la tierra vieja cuando tengamos que trasplantar
ya que puede estar contaminada.
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Parásitos.
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Araña
roja:
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Síntomas:
En las confieras, las agujas pierden el color; se vuelven amarillas, luego
rojizas y pardas y, finalmente caen. Se observan unas telillas entre las
ramas que dificultan la asimilación clorofílica. Los huevos
son depositados en la base de las agujas y en las fisuras de la corteza.
En los árboles de hoja caduca, los huevos hibernan sobre las ramas
y pueden formar manchas rojizas en la corteza. En la primavera se observan
picadas en el limbo de las hojas. Los ácaros se encuentran principalmente
en el envés de las hojas, que se vuelven de color gris plata y
mas tarde pardas en caso de ataque masivo. En la cara inferior de las
hojas se pueden observar pequeñas manchas decoloradas. Finalmente,
las hojas caen. Las arañas succionan la savia debilitando el árbol.
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Remedios:
Rociar abundantemente las coníferas cuando el aire es seco y cálido.
Podar y destruir las ramas. A finales de invierno, antes de iniciarse
el período vegetativo, pulverizar aceites amarillos para destruir
los huevos. En primavera, pulverizar acaricidas de acción sistémica.
En verano, si es necesario, utilizar acaricidas específicos. En
algunos casos, la lucha es delicada ya que se corre el riesgo de fitotoxicidad.
Una higrometría elevada entorpece el desarrollo de los ácaros,
mientras que una débil y temperatura elevada favorecen su desarrollo.
Por tanto, se deberá vaporizar a fondo el follaje, y en verano,
el riego será abundante.
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| Araña
amarilla: |
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Síntomas:
Las arañas amarillas se encuentran en el envés de las hojas
y pican el follaje. El limbo amarillea y puede adquirir un color gris
plateado en caso de ataque masivo, El árbol corre el riesgo de
secarse. Las telas tejidas por estos ácaros los protegen.
Remedios: Vaporizar a fondo el follaje, insistiendo en el
envés de las hojas. Desde los primeros ataques, utilizar insecticidas
de acción acaricida, o bien acaricidas específicos. Cambiar
de producto para evitar la habituación. Efectuar un tratamiento
preventivo en primavera.
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Orugas.
Las orugas son
las larvas de las mariposas que se alimentan de los tejidos del árbol
y lo debilitan. Se distinguen varios grupos:
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Lagarta
peluda.
Síntomas:
Hilos de seda recorren las agujas o las hojas. Entre el follaje se observa
un nido de aspecto esponjoso. Las agujas y las hojas están roídas.
Remedios: Desde que se detectan las huellas de esta oruga,
pulverizar con insecticidas de contacto.
Taladros.
Síntomas: Mariposas nocturnas que roen la corteza
del tronco y de las ramas, perforándola y abriendo galerías.
En la entrada de la galería se observa un montoncito de serrín.
Presencia de orugas negras o amarillas.
Remedios: Podar las partes atacadas y hundir un alambre
en las galerías; el alambre puede ir envuelto con algodón
empapado en sulfuro de carbono. Cerrar la entrada con resina cicatrizante.
Enrolladoras.
Síntomas: Están roídos los bordes tiernos,
las flores, las yemas y las hojas. Unos hilos de seda rodean a las hojas
y las enrollan en forma de cigarro. Normalmente actúa por la noche.
Remedios: En primavera, pulverizar
insecticidas a base de paratión.
Minadoras.
Síntomas: Las hojas aparecen atravesadas por galerías
y el limbo está perforado. Las cavidades están rodeadas
de granos negros. La asimilación clorofílica disminuye.
Remedios: Pulverizar insecticidas de fósforo orgánico.
Geometras.
Síntomas: El follaje está roído, las
yemas están perforadas. Se observan hilos de seda desde las hojas
hasta el suelo, por donde bajan las orugas.
Remedios: A finales de invierno, utilizar productos aceitosos
contra los huevos. En primavera, emplear insecticidas de síntesis
a base de lindano o paratión.
Hiponomeutas.
Síntomas: Las hojas están aprisionadas por
las telas. Numerosos hilos de seda se observan entre las hojas. En el
árbol se puede encontrar un capullo. Las hojas se caen. A veces
se pueden encontrar orugas en el envés de las hojas.
Remedios: Podar las ramas afectadas. Antes del desarrollo
masivo utilizar aceites amarillos. A mediados de la primavera, en el momento
de la muda de las orugas, utilizar insecticidas de contacto con fósforo
orgánico.
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Cochinillas.
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Cochinillas
diaspinas.
Son insectos inmóviles que viven en colonias sobre las hojas, los
frutos y las ramas. Están protegidas por un escudo de unos 3 mm,
de color marrón grisáceo o pardo oscuro.
Cochinillas lecaninas.
Posee las mismas características que las diaspinas, con la salvedad
del escudo. Las lecaninas poseen un escudo propio para cada insecto, miden
entre 2 y 6 mm y son de forma abombada.
Para ambos tipos, los síntomas y remedios son iguales.
Síntomas: Se observan numerosos bultitos en las hojas
ramas y el tronco. Al levantar una de estas costras se descubre una cochinilla.
Presencia de un melazo que quema la corteza. A menudo un hongo negro,
la fumagina, coloniza las partes cubiertas por la secreción de
las cochinillas. El tronco se deforma, las hojas o agujas amarillean y
caen. El árbol se debilita, ya que la asimilación clorofílica
disminuye.
Remedios: Limpiar las hojas, las ramas y ramitas con una
esponja empapada en agua y alcohol. Podar y destruir las ramas invadidas.
Dejar que las mariquitas se alimenten de las cochinillas. A finales de
invierno y a principios de primavera utilizar aceites de petróleo
e insecticidas fosforados orgánicos para asfixiar a las cochinillas.
A finales de la primavera y principios del verano, pulverizar insecticidas
fosforados orgánicos para destruir las larvas móviles. La
lucha será dura contra estas plagas ya que las cochinillas están
protegidas por su escudo. Cuidado de no quemar las hojas, apartar el árbol
infectado del resto de plantas próximas. Un tratamiento demasiado
agresivo puede ser fatal para la planta.
Cochinilla harinosa o algodonosa.
Síntomas: Presencia de melazo sobre el que se desarrolla
la fumagina. La asimilación clorofílica disminuye, y se
observa una reducción de la actividad vegetativa y la aparición
de escudos blancos, harinosos y móviles. Las hojas amarillean y
caen.
Remedios: Desde los primeros síntomas, pulverizar
con insecticidas fosforados orgánicos.
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| Pulgones. |
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Pulgón
verde, pulgón negro, pulgón de las agallas.
Síntomas: Los huevos hibernan sobre la corteza. En
abril se pueden descubrir las larvas en los extremos de los brotes. Los
pulgones, visibles a simple vista, colonizan los brotes tiernos, de cuya
sabia se alimentan. En las coníferas, las agujas se deforman y
adquieren manchas plateadas, se secan y caen. Existe melazo, causante
de la fumagina. El limbo, quemado por el melazo, amarillea. La fumagina
puede desarrollarse sobre el limbo. El crecimiento del árbol se
retrasa, aparecen zonas necrosadas. Si se trata del pulgón de las
agallas, además aparecen estas formaciones en los brotes. El pulgón
negro es portador de enfermedades víricas.
Remedios: Durante el riego, proyectar un chorro violento
sobre el follaje para hacer caer a los pulgones. Utilizar insecticidas
de origen vegetal (por contacto, ingestión o inhalación),
insecticidas orgánicos clorados (por contacto, ingestión
o inhalación), insecticidas orgánicos fosforados (por contacto
o ingestión), o insecticidas orgánicos fosforados sistémicos.
Para destruir los huevos de invierno del pulgón verde, fijados
a la corteza de los árboles de exterior, efectuar un tratamiento
preventivo (aceites amarillos) a finales de invierno, antes de la aparición
de las hojas. Pulverizar a fondo las ramas y el tronco después
de haberlos humedecido. Durante el período vegetativo, tan pronto
como aparezcan los pulgones sobre los brotes, efectuar dos pulverizaciones
de insecticida sobre todas las partes del árbol, afectados o no,
con diez días de intervalo. Repetir las aplicaciones en caso necesario.
Si se trata de pulgones de las agallas, a finales de invierno pulverizar
aceites amarillos de origen mineral. A principios de primavera utilizar
insecticidas orgánicos clorados o fosforados.
Pulgón lanígero.
Síntomas: Se establece sobre las partes leñosas
del árbol, tanto aéreas como subterráneas, y sus
picaduras provocan la formación de agallas. Se pueden desarrollar
hongos; el crecimiento se retarda.
Remedios: Eliminar las agallas y desinfectar las heridas
con con una solución cúprica (base de cobre). Aplicar mastice.
En invierno, pulverizar aceites de brea. Al iniciarse el período
vegetativo, utilizar aceites amarillos. Finalmente, pulverizar insecticidas.
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| Barrenillos.
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Barrenillos.
Insectos coleópteros cilíndricos, negros o pardos, de 1,5
mm de largo. Viven en la madera o debajo de la corteza de los árboles,
donde abren galerías. Son muy perjudiciales. Las coníferas
son sus principales víctimas.
Síntomas: En la madera, una galería longitudinal
situada entre la corteza y la albura, contiene los huevos. Las larvas
excavan galerías perpendiculares a la primera. Un hongo se desarrolla
en estas galerías. El adulto perfora la corteza para salir volando.
A veces, la corteza se separa del tronco. La circulación de la
savia queda perturbada, las ramas mueren. Estos insectos son transmisores
de la enfermedad holandesa del olmo.
Remedios:
Cortar y destruir las ramas atacadas. Enriquecer el suelo con potasa y
fósforo. A mediados de abril, pulverizar el tronco y las ramas
con insecticidas a base de paratión y lindano, para destruir los
adultos sobre la corteza y, si es necesario, realizar una segunda pulverización
en julio. Para destruir las larvas, pulverizar emulsiones aceitosas a
finales de invierno.
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| Nemátodos. |
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Nemátodos.
Los nemátodos son unos gusanos que pican las raíces y perjudican
con ello el crecimiento del árbol.
Síntomas: Los nemátodos
de quistes ocasionan podredumbres y provocan un importante
desarrollo de las raicillas. Los nemátodos
de agalla provocan la formación de agallas. Estas tienen
forma de rosario, protegen a los gusanos y deforman las raíces.
Los nemátodos ectoparásitos
detienen el crecimiento, sus picaduras provocan un amarilleo del follaje
desde la base hacia la copa del árbol. Pueden ser transmisores
de enfermedades víricas. Los nemátodos
de las raíces construyen unos nidos que necrosan las
raíces y las destruyen. El follaje amarillea. Pueden aparecer hongos.
Remedios: Eliminar las hojas amarillas. Incorporar nematicidas
a la tierra. Después de haber humedecido el árbol, vaporizar
un caldo a base de paratión. Los nemátodos se desplazan
por las tierras húmedas cuya temperatura es de 16-20 grados centígrados.
Evitar la humedad excesiva del suelo.
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| Enfermedades. |
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Oidio
o "Ceniza".
Esta enfermedad
es causada por un hongo.
Síntomas: Las partes aéreas del árbol
(hojas, ramas, yemas) presentan unas manchas (micelio) de aspecto harinoso
blanquecino. La mancha aumenta de tamaño y adquiere un aspecto
afelpado. El limbo foliar se deforma. Sobre las hojas pueden aparecer
unas granulaciones negras. El árbol pierde su vigor. El hongo se
desarrolla cuando la temperatura es elevada y la atmósfera es seca.
Remedios: Podar y quemar las partes afectadas. Eliminar
las hojas muertas. Pulverizar fungicidas minerales o de síntesis.
Si el año anterior se constató la presencia de oidio, al
comienzo de la primavera, antes de la apertura de yemas, se debe realizar
un tratamiento preventivo. El azufre es particularmente útil para
la lucha preventiva.
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Mal
blanco de las raíces.
Producida por el micelio de un hongo. Es debida a las picaduras
de los insectos o al las heridas provocadas durante la poda.
Síntomas: Las raíces se vuelven pardas y mueren.
Debajo de la corteza se observan placas blancas (micelio).Los brotes son
endebles, las hojas o agujas caen, las ramas mueren y el árbol
acaba marchitándose. En la base del árbol surgen en otoño
unas setas de sombrerillo amarillo, con escamas pardas y laminillas blancas.
Unas manchas se propagan por el árbol.
Remedios: Desde la aparición de los primeros síntomas
se utilizarán fungicidas. Es muy difícil erradicar este
mal, y aunque parezca que la enfermedad remite, en la mayoría de
los casos el árbol muere.
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Podredumbre
de las raíces, las hojas y yemas.
Síntomas: Las raíces y el cuello del árbol
muestran podredumbre y heridas que pueden ocasionar una reducción
del sistema radicular. La podredumbre, de color marrón, es esponjosa.
El follaje pierde su color, se vuelve pardo y se seca. Las agujas de las
coníferas caen. El árbol puede marchitarse con gran rapidez.
Remedios: Evitar que el agua encharque la tierra. Evitar
las heridas en el cuello del árbol. En caso necesario, desinfectar
la tierra. Utilizar fungicidas a base de maneb o bien fungicidas sistémicos.
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Royas.
Esta enfermedad también es causada por un hongo.
Síntomas:
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Sobre
las ramas: En el mes de mayo aparecen largas manchas amarillas
sobre la corteza de los brotes tiernos. Surgen unos bultos que se
abren dejando salir una materia anaranjada. De las heridas mana savia.
La rama crece en "S". El brote puede secarse, perturbando
así el crecimiento del árbol.
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Sobre
las hojas:
Aparecen numerosas manchas amarillas o pardas en las hojas que terminan
secándose.
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Sobre
las agujas de las coníferas: Aparecen manchas rojas sobre
las agujas. En el segundo año, en abril o mayo, las vesículas
blancas surgidas sobre las agujas se rompen liberando un polvo anaranjado
y luego cicatrizan. En el tercer año aparecen nuevas vesículas
que provocan la caída de las agujas.
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Remedios:
Podar y quemar las partes afectadas y limpiar los chancros. Efectuar 1
o 2 pulverizaciones con un fungicida especial contra la roya, con un intervalo
de 10 o 15 días. Cuidado con los tratamientos demasiado violentos
o repetidos ya que pueden provocar quemaduras.
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Manchas
foliares.
Síntomas: Aparecen manchas sobre las hojas. Pueden
ser blancas, pasando a pardas y de forma triangular. También pueden
ser grises, formándose unas aureolas negras sobre las lesiones.
Una parte del follaje se seca, apareciendo unas granulaciones en el centro.
Remedios: Cortar y destruir las hojas enfermas. Pulverizar
fungicidas a base de cobre. No mojar demasiado el follaje. No rociar ni
regar a pleno sol.
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Verticiliosis.
Causada por un hongo que penetra a nivel radicular y del cuello del árbol,
aprovechando las lesiones que éste presente.
Síntomas: Las hojas se doblan en la base del árbol.
El limbo amarillea. Las hojas se arrugan y retuercen. Los árboles
pierden su vigor. La savia alimenta mal las partes superiores del árbol.
Remedios: Evitar el exceso de abonos nitrogenados. Eliminar
las malas hierbas. Cuidar las heridas del árbol. Destruir las hojas
muertas. Desinfectar la tierra y pulverizar un fungicida mineral sobre
el tronco y el cuello.
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