Los indicadores económicos

Los indicadores económicos

JOSÉ ROCA

En economía un indicador es una medida de una realidad económica, una forma de medir un aspecto de esa realidad. El IPC (índice de precios al consumo) es un indicador, el saldo de la balanza comercial, la deuda externa, son indicadores. La utilización de indicadores permite establecer comparaciones en el tiempo y en el espacio, permite comparar las realidades de distintos países o apreciar la evolución de la realidad económica en un país a través del tiempo.

El uso de indicadores crea algunas dificultades y problemas: cuando se sintetiza una realidad mediante uno o varios números, necesariamente se dejan de lado muchos elementos. Los números darán una imagen más o menos adecuada de la realidad según sean reflejos más o menos realistas de la situación económica que se intenta interpretar y describir. Los números no son la realidad: son un reflejo de la realidad. Así como una temperatura de 37 grados, un ritmo cardíaco de 70 pulsasiones por minuto, no constituyen un diagnóstico adecuado de la salud de una persona, tampoco el diagnóstico de una realidad económica se obtiene con unos cuantos números que reflejen algunos aspectos de tal realidad. Por otra parte, la obtención del número puede estar bien o mal hecha, etc.

Nunca se debe perder de vista -cosa bastante frecuente- el hecho fundamental de que los números no son la realidad sino un reflejo de la realidad. Si están bien tomados pueden reflejar a la perfección aquellos aspectos que intentan expresar; si la medición o el cálculo no son del todo buenos, su calidad, en cuanto a expresión de la realidad, será menor. Aún en el caso de contar con indicadores perfectamente medidos o calculados, conviene tener en cuenta un factor fundamental: así como ni una temperatura de 37 grados ni una presión arterial de 13/8 ni un ritmo cardíaco de 70 pulsaciones por minuto constituyen, tomados aisladamente, un adecuado diagnóstico de la salud de una persona, tampoco el diagnóstico de una realidad económica se obtiene meramente con unos cuantos números que reflejen algunos aspectos de ella. Es lo primero que queremos mencionar.

Por otra parte, la obtención del número puede estar bien o mal hecha. Decimos esto con énfasis porque se ha puesto de moda decir que una cosa es la realidad y otra distinta es la forma como percibimos esa realidad. Como dicen algunos, la realidad sería la temperatura y nuestra percepción algo así como la sensación térmica de la misma. Sobre esa base, los indicadores muestran que todo mejora: nosotros somos incapaces de percibir que todo marcha muy bien.

Frente a eso uno se pregunta: ¿qué pasa? Si el termómetro nos indica una temperatura ambiente de 4 grados pero todo el mundo, incluidos nosotros, nos sentimos agobiados de calor, la primera conclusión que sacamos es que o el termómetro, o nuestros criterios para evaluar la medida, son incorrectos. Porque en definitiva la realidad es una cosa que los indicadores pueden, a veces, reflejar bien, y otras veces no tanto; a veces nos dicen que la economía funciona bien, aunque en lo social las cosas no vayan bien. Esa es otra lectura que puede hacerse a través de los indicadores de la realidad.

Una gran pregunta que nos debemos plantear, y que ha de ser en parte la guía de nuestra charla, es la siguiente: ¿En realidad los indicadores pintan un panorama tan bueno como nos dicen? Más allá de la reflexión general, surge entonces el primer gran cuestionamiento: los indicadores que nos muestran, ¿no serán parciales? ¿No nos están ocultando otros? ¿No se estarán jerarquizando algunos elementos de la realidad mientras otros, que no andan tan bien, se dejan más o menos escondidos?

Queremos ir desbrozando algunos de estos elementos a partir de ciertos indicadores: unos relativos a la producción; otros, que conciernen a la distribución; y otros que miden el comercio exterior o la actividad del Estado como tal. Comenzaremos por un breve resumen de ellos.

Análisis de la producción

Comencemos por la producción, de la cual mucho nos hablan últimamente. De acuerdo con lo que señalan las cifras oficiales, durante el año 1996 el Producto Bruto Interno creció 4,9%. Se trata de un dato del que podrían cuestionarse algunos aspectos, pero en principio, y al menos como una aproximación primaria, podríamos considerarlo bastante real. De modo que, como primer elemento, tenemos que la producción crece. Si evaluamos globalmente el período de aplicación del modelo económico que, en alguna forma, está vigente, desde 1973 o 1975 hasta la fecha, vemos que, efectivamente, la economía ha crecido. Es un dato de la realidad. La economía ha crecido. Es un hecho.

Sin embargo, a poco que se examinan las cosas más a fondo, se descubren elementos que, por cierto, relativizan esa mejora de la economía. Para empezar, veamos algunos datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID); si por algo pecan los datos de este Organismo no es precisamente por intentar mostrar los defectos de nuestra realidad, sino justamente por lo contrario. Pues bien: de acuerdo con las cifras del BID, el ingreso promedio por habitante en 1980 era, en Uruguay, 20% del ingreso promedio de los países de la OCDE (1). ¿Qué quiere decir esto?

Simplemente, que dejando de lado el tema distributivo, un habitante promedio de un país desarrollado tenía, en 1980, un ingreso cinco veces superior al de un uruguayo medio. En otros términos: había que sumar el ingreso de cinco uruguayos para igualar el ingreso de un alemán, un japonés u otro habitante de cualquier país desarrollado.

¿Qué ha ocurrido entre 1980 y 1996, más allá del cacareado crecimiento? Pues que el ingreso promedio de los uruguayos, de acuerdo con las cifras oficiales proporcionadas por el BID, ha pasado a ser el 18% de lo que recibe promedialmente un habitante de un país desarrollado. Es decir que la brecha se amplía: si antes se necesitaban cinco uruguayos para igualar lo que ganaba un habitante de un país rico, hoy se requieren cinco uruguayos y medio. Esto es, también, un dato de la realidad.

Otro dato de esta realidad es que prácticamente todo el crecimiento registrado en el Uruguay durante los últimos veinte años (en realidad durante un período algo mayor), se ha concentrado en el 10% más rico de la población. Visto desde la otra perspectiva: a despecho del crecimiento económico registrado, el 90% de los uruguayos vive hoy igual que 20 o 25 años atrás, más allá de que en ese 90% las disparidades se hayan ampliado.

Entonces, cuando decimos que el producto crece, también debemos decir:

* Crece, sí; pero menos que en los países desarrollados. La brecha con esos países se amplía, y éste es un dato de la realidad.

* Crece, sí; pero de los frutos de ese crecimiento se apropian fundamentalmente los sectores de más altos ingresos. En otros términos, el 90% de la poblacilón del país sigue recibiendo, en promedio, lo mismo que recibía antes; y con el agravante de que dentro de ese 90% la distribución ha empeorado. Crece entonces la marginalidad y la pobreza, y éste es un dato de la realidad.

La distribución ha empeorado

Esto ya nos relaciona con algunos elementos vinculados con el tema de la distribución. Cualquier índice que tomemos muestra claramente que la distribución del ingreso ha empeorado notoriamente. En ese sentido lo que ocurre en nuestro país no difiere de lo que pasa en el resto de América Latina. En 1980 el ingreso promedio de un habitante de Latinoamérica era, aproximadamente, 17% del ingreso de un habitante de un país desarrollado; hoy el ingreso promedio de nuestros países, tomados en conjunto, no llega al 13% de aquél. La brecha se ha ampliado no sólo para los uruguayos sino también para el resto de América Latina.

Hay otros datos: el 20% de los países más ricos tenían, en 1960, un ingreso 30 veces superior al 20% de los países más pobres del mundo. Esa relación de 30 a 1, que era ya una barbaridad, ha pasado a ser hoy de 60 a 1: más que una barbaridad.

El llamado índice medio de salarios constituye un indicador bastante normal para observar la distribución de la riqueza generada; de hecho, la mayoría de los habitantes del país somos asalariados, de modo que la evolución de los salarios representa, en gran medida, la variación del ingreso de una parte muy importante del país.

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¿Cómo han evolucionado entre nosotros los salarios? ¿Cómo ha evolucionado el poder de compra de ese salario, lo que suele denominarse "salario real"? El gráfico 1 adjunto muestra la variación del salario real promedio desde finales de la década de los sesenta hasta la actualidad. Más que un gráfico parece un tobogán... Pese al crecimiento económico del que tanto se habla, durante el último año el salario real no ha crecido absolutamente nada: ha permanecido estancado o, más bien, ha decrecido levemente. Este es también un dato de la realidad que tiene que ver, en este caso, con la distribución.

La estadística y la desocupación

Hay otro tema conocido por todos, que incluso el gobierno reconoce que no marcha tan bien: el tema de la desocupación. En Uruguay se considera desocupada a la persona que, habiendo buscado trabajo durante la semana anterior, no ha trabajado siquiera una hora. Este criterio para definir la condición de desocupado es bastante restringido. Si una persona se hastió, se aburrió de buscar trabajo, o lo busca de vez en cuando, no es considerada desocupada y no figura en las estadísticas. Análogamente, si trabajó tres o cuatro horas durante la semana anterior al relevamiento, no entra en la categoría de desocupado. Aún con todas esos obstáculos la desocupación viene creciendo a pasos agigantados. En el momento actual llega a un 12%.

El gráfico 2 muestra la evolución de la tasa de desempleo en los últimos 28 años. Los picos tan elevados de los años 1982 a 1985 se corresponden, naturalmente, con la crisis económica de aquellos años; luego se registra una cierta mejoría, pero en los últimos cuatro años la tendencia se revierte y la tasa de desempleo vuelve a crecer. Este es otro indicador económico de la realidad.

Por otra parte, se nos habla mucho del tema de la inflación; permanentemente se nos muestra cómo ha disminuido. Esto es real también. Yo creo que estamos en plena vigencia de una nueva tablita, aunque éste es un tema a discutir. Cabe recordar que en tiempos de la tablita, la inflación también había disminuido en forma bastante radical. Es un hecho que viene descendiendo. En 1996 fue del 28% en promedio (en 1997, de diciembre a diciembre el índice se sitúa en 24%).

La inflación y los curanderos sociales

Otra vez tenemos el mismo fenómeno: se habla mucho de cuánto ha descendido la inflación y se toma esa cifra como el gran indicador. Baja la inflación y todo va muy bien. A mí me recuerda la imagen de un médico que anduviera termómetro en mano tomándole la temperatura a todos sus pacientes, y a aquéllos que no tuvieran fiebre les dijera que están perfectamente. Algunos economistas actúan de ese modo: si no hay inflación, todo va bien. Lo demás no importa.

Con esto no quiero decir que la inflación sea buena, pero el hecho de que se reduzca, por sí solo, no dice demasiado. Naturalmente que nuestro ingreso depende de cuánto crecen los precios; pero depende también de cómo evoluciona el propio ingreso. Si en una situación con un 20%, de inflación el salario de un trabajador aumenta un 30%, entonces, aún con esa inflación del 20%, su salario ha mejorado. Pero si con un 10% de inflación el salario crece un 2%, entonces nuestro salario está perdiendo.

En cuanto a las relaciones con el exterior, varios son los indicadores utilizados habitualmente. El saldo de la balanza comercial que mide la diferencia entre las exportaciones y las importaciones. El conocido como "balance de pagos" mide no sólo importaciones y exportaciones sino también los flujos, ingresos y salidas de dinero por diversos conceptos; en realidad la definición de este indicador es algo más compleja, pero la idea general va por ahí. Otro indicador tiene que ver con la deuda externa: cuándo debe un país al exterior, cuánto deben los residentes de ese país a los residentes del exterior.

Cuadro Variación de la Tasa de Desempleo

Para medir su evolución las cifras de exportaciones e importaciones suelen expresarse en dólares constantes; ocurre que el dólar, hoy por hoy, también sufre un proceso devaluatorio, y ello origina distorsiones al comparar montos en dólares correspondientes a distintos años. Para evitar ese inconveniente suele tomarse como base el dólar de un cierto año, y todos los importes se ajustan a ese valor. Con esa consideración, tomando montos de comercio exterior a valores de dólar constante, se tiene un balance comercial que en los últimos años ha sido notoriamente deficitario. Es decir, existe un desequilibrio bastante importante entre importaciones y exportaciones (compramos más de lo que vendemos), y ese desequilibrio, lejos de atenuarse en los últimos años, se viene ampliando. Y entonces, si compramos al exterior más de lo que le estamos vendiendo, ¿cómo cubrimos esa diferencia? En gran medida endeudándonos más. Y aquí topamos con otro elemento a considerar, el tema de la deuda externa, que es un indicador que viene creciendo en forma notoria.

Todos estos son elementos a considerar cuando se intenta caracterizar la coyuntura actual. Y hay otro aspecto que no quiero dejar de mencionar: gran parte de ese boom que abarca el año 1996 y parte de 1997 (aunque ya se está deteniendo), tiene que ver con un contexto mundial y regional que, desde el punto de vista de Uruguay-país, es relativamente favorable. Y sin embargo, aún en ese marco, los indicadores no son todo lo buenos que podrían ser. ¿Por qué digo esto?

Nuestro país vive lo que ha dado en llamarse "atraso cambiario". ¿Qué quiere decir atraso cambiario? Quiere decir, poco más o menos, que el precio del dólar crece menos rápidamente que los otros precios de la economía. En otros términos: la evolución del precio del dólar es más lenta que la de los restantes precios. Por eso se habla de atraso cambiario: el tipo de cambio, que es el precio del dólar, sube más lentamente que los demás precios. Cuando ello ocurre resulta que el dólar pierde valor frente a las otras mercancías y, por consiguiente, se produce una inflación de los precios en dólares. Y eso es, justamente, lo que ha ocurrido en Uruguay durante los últimos años: existe inflación en dólares. Eso, naturalmente, resulta perjudicial para las exportaciones.

Y sin embargo, repito, el contexto internacional es, en este terreno, favorable para nuestro país. ¿Por qué digo esto? Porque el atraso cambiario registrado en Argentina y en Brasil es todavía mayor que el existente en Uruguay; y entonces, los precios en dólares en esos países también son altos, por lo cual gran parte de la crisis se atenúa, habida cuenta de que le estamos vendiendo bastante a Brasil y a Argentina, aunque también le compramos mucho por otras razones.

El precio del petróleo, un elemento básico para el Uruguay, ha permanecido, en términos internacionales, relativamente estable frente a otros precios. Esto también resulta favorable para nuestro país. Por otra parte, las actuales tasas de interés para un país con gran deuda externa como el nuestro son, en términos internacionales, relativamente bajas. ¿Qué quiero decir con esto? Que cualquier cosa que cambie, que se mueva en el plano internacional, posiblemente se mueva para peor desde el punto de vista de los intereses de nuestrro país. Es decir: el panorama internacional en este momento, desde el punto de vista de algunas variables económicas, resulta relativamente favorable para el Uruguay. Y esto juega como un elemento que puede generar una crisis que, en nuestra opinión, se encuentra ya latente dentro de lo que es la realidad económica de nuestro país.

Aún con todos los bemoles que tiene este crecimiento, creemos que es bastante artificial, sobre todo en estos últimos años. Este es otro elemento discutible, sin duda, pero es lo que pensamos al respecto. Uno de los temas de suma importancia es: ¿hasta dónde puede sostenerse esta especie de "tablita" que está funcionando; y hasta dónde no se ha sostenido artificialmente en el presente contexto? Por ejemplo: merced a las privatizaciones, la Argentina registró un importante ingreso de dólares; una parte de esos dólares vinieron al Uruguay, por turismo, compras en la frontera, etc. En Brasil pasa algo similar. Eso, de algún modo, originó en nuestro país una expansión del crédito; créditos al consumo que están inflando las compras, que están inflando la demanda. Pero es un crédito realmente criminal; supone tasas de interés que, si se llevan a dólares, resultan brutales. Aun el Banco de la República, supuestamente promocional, cobra tasas de interés al consumo del 50 o 60 %, con una inflación del 20%, lo que quiere decir que si llevamos esas cifras a dólares estamos hablando de tasas de interés del 30% en dólares constantes. Ni qué hablar de los préstamos que llegan al 100% anual o, a veces, al 150%.

Una persona que recibe hoy mil dólares debe pagar, un año después, dos mil dólares. Es algo brutal. No hay límites en eso, y obviamente se genera una demanda que, de alguna forma, atenúa la crisis de la industria, del agro y otros sectores, y que en cierto modo actúa como una suerte de boom para la economía.

Para terminar quiero mencionar el tema de esa política económica que se está aplicando globalmente. A veces, por comodidad del lenguaje, la llamamos "liberal" o "neoliberal". El neoliberalismo o el liberalismo económico implica la idea del zorro libre en el gallinero libre; una libertad que favorece, claro está, al más fuerte. Yo creo que aquí lo que verdaderamente se está aplicando es un neoliberalismo empeorado, un neoliberalismo que ayuda al zorro; cuando la gallina intenta escapar, se le ata de una pata. Cuando se trata de subsidiar al consumo o a algún pequeño productor, o de atender al salario, se aplica el liberalismo con rigor y se dice que no.

Pero cuando uno estudia la evolución económica del país en los últimos años, y ve la cantidad de dinero que, por distintas vías, se le ha dado a la banca, cuando se observa que hasta la Shell ha sido favorecida con subsidios para plantar árboles, entonces uno no puede menos que concluir: los subsidios se critican cuando apuntan para un lado. Cuando apuntan para otro lado -hablando pronto y mal-, los defensores de la política económica oficial se hacen los chanchos rengos. Entonces hay que creer que muchos de esos señores ni siquiera son liberales o neoliberales: son simplemente escribas del Poder, o ellos mismos son parte de ese Poder. Porque un liberal en serio no se habría quedado callado ante determinados subsidios. De modo que el Gobierno es neoliberal hasta cierto punto.

Lo indicado por los grandes empresarios

Nosotros no creemos que toda participación del Estado sea necesariamente buena. Un Estado puede participar en favor de determinados intereses o en favor de otros intereses. En este caso esa diferenciación resulta muy notoria. Hay un librito azul editado por las cámaras empresariales del país, escrito por la Asociación Rural, la Asociación de Bancos, la Cámara de Comercio, hace tres o cuatro años. Si uno lo lee, encuentra allí, detalladas, todas las medidas que nuestro gobierno ha ido tomando paso a paso. Es una suerte de bola de cristal. Cierta vez, cuando el actual presidente de ANTEL, contador Lombardo, participó en unas reuniones del Fondo Monetario Internacional -se ve que por algo volvió algo enojado-, escribió un librito que se llama "Unificación o Caos"; y allí decía más o menos lo siguiente (cito de memoria): "es como leer el viernes lo que va a salir el lunes en los diarios; se está cocinando la torta de lo que va a pasar, todo en beneficio de los países más ricos". Eso decía alguien por cierto insospechable de radicalismos o de albergar inquina o malos sentimientos hacia los países desarrollados. Eso lo decía el propio contador Lombardo.

Este librito azul de las cámaras empresariales que mencionaba antes es más o menos lo mismo. Allí están escritas, desde tres o cuatro años atrás, gran parte de las medidas que se están tomando hoy.

 

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