Al triunfo del partido liberal, tras la guerra
civil de Reforma en 1861, la economía mexicana se encontraba en
bancarrota, las pugnas entre liberales y conservadores
continuaban y las Leyes de Reforma impulsadas por Benito Juárez
provocaron discrepancias entre la iglesia y el Estado; éstos
eran algunos de los muchos problemas que afrontaba el país a
mediados del siglo XIX.
Con la finalidad de dar solución a los problemas de la Nación,
el gobierno procedió a destinar la mayor parte de los recursos a
la reconstrucción del país y suspender de momento el pago de la
deuda externa. La suspensión dio a las potencias extranjeras
motivo para intervenir en México. Así, el 31 de octubre de 1861
España, Francia e Inglaterra se reunieron en Londres con el
propósito de exigir al gobierno mexicano el pago de la deuda,
amenazándolo con una intervención armada.
Para resolver la situación por la vía diplomática, el gobierno
mexicano comisionó al general Manuel Doblado, Ministro de
Relaciones Exteriores, para que entablara negociaciones con los
intervencionistas. Como resultado de éstas se redactaron los
Tratados de la Soledad, donde se planteaba el reconocimiento al
gobierno de Benito Juárez y el respeto a la integridad y la
independencia de México.
Recién firmados los tratados y con el apoyo de grupos
conservadores mexicanos, Napoleón III decidió desconocerlos,
iniciando así la intervención directa con el desembarco, en
costas mexicanas, de sus tropas.
El Presidente de la República, Benito Juárez, ordenó entonces
a los estados defender la soberanía de la Nación y organizar el
Cuerpo del Ejército de Oriente. El general Ignacio Zaragoza
quedó al mando de la Segunda División de Infantería, quien
ordenó al general Miguel Negrete que ocupara los cerros de
Loreto y Guadalupe, y formara tres columnas de ataque con las
brigadas de los generales Felipe Berriozabal, Porfirio Díaz y
Francisco de Lamadrid para enfrentar al enemigo.
En la mañana del 5 de mayo de 1862, los franceses emplazaron una
columna de cuatro mil hombres hacia el cerro de Guadalupe, y el
general Zaragoza mandó desplegar su ejército con el fin de
reforzar la defensa. A mediodía, las tropas mexicanas habían
ganado terreno, obstruyendo el paso de las columnas extranjeras,
que fueron rechazadas en varias ocasiones; la carga de
caballería, situada a la izquierda de Loreto, evitó que se
organizara un nuevo ataque.
El general Zaragoza, al percatarse del triunfo sobre las tropas
invasoras, ordenó que las suyas se retiraran. Días más tarde
informó al Ministro de Guerra, Miguel Blanco, lo siguiente:
"Las armas nacionales se han cubierto de gloria, y por ello
felicito al Primer Magistrado de la República por el digno
conducto de usted, en el concepto de que puedo afirmar con
orgullo, que ni un solo momento volvió la espalda al enemigo el
Ejército Mexicano durante la larga lucha que sostuvo".
Es así como el heroico Ejército Mexicano defendió la
integridad territorial de México, demostrando al mundo entero su
voluntad de independencia y soberanía; el valor y la resistencia
de las tropas mexicanas quedaron enaltecidas en esa fecha
memorable.