Al término de la guerra de Reforma, la
difícil situación financiera por la que atravesaba nuestro
país y aunado a que las potencias extranjeras reclamaban el pago
de los onerosos empréstitos contratados durante la misma,
obligó al presidente Benito Juárez a declarar la moratoria a
Francia, España y Gran Bretaña.
La reacción de las tres potencias fue la firma del Pacto de
Londres, mediante el que se comprometían a exigir -por la
fuerza- a México el pago de la deuda. Con el objeto de ejercer
presión, a principios de 1862 arribaron a México destacamentos
de ejércitos de los paises acreedores.
El gobierno de México demostró a esas naciones la imposibilidad
de cubrir el pago de la deuda pública; los españoles e ingleses
aceptaron las explicaciones y se retiraron, pero para los
franceses la reclamación de los pagos era únicamente un
pretexto para intervenir México, de acuerdo con su política de
expansión imperial.
El ejército extranjero avanzó hacia la capital del país, más
fue derrotado en Puebla el 5 de mayo de 1862, después de lo cual
se reforzó considerablemente. Un año después los franceses
lograron tomar Puebla tras vencer la heroica resistencia del
ejército liberal y ocuparon la capital. Mientras tanto, los
jefes conservadores habían negociado con Napoleón III que en
México se estableciera un imperio, cuyo trono ocuparía el
archiduque de Austria, Maximiliano de Habsburgo, quien llegó al
país en 1864 con el apoyo de las tropas francesas, austriacas y
belgas.
Los liberales no cedieron a la fuerza, el presidente Juárez se
retiró al norte del país conforme avanzaban los franceses,
hasta establecerse en Paso del Norte, hoy Ciudad Juárez,
Chihuahua. Desde ahí dirigió la lucha contra Maximiliano,
extendiéndose en todo el país guerrillas armadas de patriotas
que combatieron en desventaja contra el enemigo extranjero.
La incansable lucha de los republicanos y el cambio de la
situación internacional (el triunfo de los norteños en la
guerra de secesión norteamericana y el de Prusia en la guerra
austro-prusiana) obligaron al ejército francés a retirarse de
México en 1866, dejando a Maximiliano únicamente el apoyo de
los conservadores y de pequeños destacamentos belgas y
austriacos.
Los republicanos organizaron su ejército en cuatro cuerpos: el
del Norte y el de Occidente, comandados por Mariano Escobedo y
Ramón Corona, que derrotaron a las fuerzas extranjeras en
Querétaro, donde Maximiliano los esperaba con sus mejores
generales; el del centro, comandado por Nicolás Régules se
ocupó principalmente de mantener cerrado el camino entre México
y Querétaro, y amagar la capital de la República; por último,
el de Oriente, cuyo jefe era el general Porfirio Díaz, quien
tras apoderarse de todo el estado de Oaxaca en las brillantes
batallas de La Carbonera, Mihuatlán y Oaxaca, avanzó sobre
Puebla, ciudad de importancia estratégica por su posición entre
México y Veracruz.
A principios de marzo de 1867, el Ejército de Oriente inició
las operaciones en la ciudad de Puebla, defendida por el general
conservador Manuel Noriega. Para fines de ese mes, Puebla estaba
completamente bloqueada por las tropas de Díaz, aunque no
contaban con recursos suficientes para tomar la plaza.
En esas circunstancias, el 1º de abril el general conservador
Leonardo Márquez se aproximaba a Puebla. Su movimiento, que se
había desprendido de Querétaro, significaba la última carta de
triunfo de Maximiliano, ya que éste contaba con él para
derrotar a Díaz con las tropas de la capital de la República.
Sus planes establecían la incorporación de fuerzas a la
guarnición de Puebla, libre ya del amago de Díaz, y levantar el
sitio de Querétaro, que día a día estrechaban los republicanos
jefaturados por Mariano Escobedo.
Díaz, amenazado por la cercanía de la división de Márquez y
no teniendo aparentemente más posibilidades que la de levantar
el sitio y retirarse a Oaxaca, lo que significaba perderlo todo,
concibió el audaz proyecto de tomar Puebla por asalto antes de
la llegada de Márquez, para lo cual dictó sus disposiciones a
los jefes de los diversos cuerpos.
Al día siguiente, 2 de abril, antes del amanecer, Puebla fue
atacada por todos los frentes, con tal valor y pericia de las
fuerzas republicanas, que al cabo de pocas horas después el
enemigo estaba completamente derrotado. La toma de Puebla,
refrendada pocos días después por el mismo Ejército de Oriente
al derrotar a Márquez en los llanos de San Lorenzo y obligarlo a
encerrarse en la capital, marcó el fin del imperio de
Maximiliano. Tras la brillante victoria de Porfirio Díaz, solo
le quedaron al invasor las tropas sitiadas en Querétaro y en la
ciudad de México, sin ninguna oportunidad de triunfo.
El 15 de mayo del mismo año en Querétaro, el archiduque
Maximiliano y sus generales Miguel Miramón y Tomás Mejía,
caían en poder de las tropas republicanas. Con su fusilamiento
se selló, definitivamente la independencia nacional.