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EL TEATRO NACIONAL El antiguo Teatro Nacional es el antecedente del Palacio de Bellas Artes. Estaba ubicado en la calle de Vergara, hoy Bolívar, que entonces abarcaba una manzana hasta la actual calle de Filomeno Mata. También se le conoció como Teatro de Santa Anna, pues fue construido entre 1842 y 1844, con el apoyo del presidente de la República, Antonio López de Santa Anna. El gobierno de Porfirio Díaz proyectó un nuevo teatro como parte de las obras para celebrar el Centenario de la Independencia, por lo que en 1901 comenzó a demolerse el antiguo y así abrir la calles de 5 de mayo. EL ACTUAL EDIFICIO DE BELLAS ARTES El recinto se levantó a un costado de la Alameda Central, en terrenos que desde 1601 había ocupado el convento de Santa Isabel, demolido en 1904. El nuevo teatro siguió el gusto europeizante, característico del régimen porfirista. El proyecto se encargó al arquitecto italiano Adamo Boari, quien tomó como modelo a superar la Gran Ópera de París, de Tony Garnier. La primera piedra se colocó el 2 de abril de 1904, pero los trabajos se interrumpieron nueve años después a causa del movimiento revolucionario. El arquitecto volvió a Italia en 1916, tras concluir únicamente el exterior del edificio. En 1932 la construcción fue retomada a iniciativa del secretario de Hacienda, Alberto J. Pani, asignándole nuevas funciones al recinto, ahora llamado Palacio de Bellas Artes: promover y difundir el arte y la cultura en México. El arquitecto Federico Mariscal fue encargado de concluir la obra, inaugurada en 1934 por el presidente Abelardo L. Rodríguez y entregada a la Secretaría de Educación Pública. Ahí se instaló en 1947 el Instituto Nacional de Bellas Artes, fundado un año antes por decreto presidencial. ESTRUCTURA Para el gran trabajo de ingeniería que se requirió, Boari contrató a la compañía estadounidense Milliken Brothers, que diseñó y fabricó en su totalidad la estructura metálica de soporte, la cual se cubrió de concreto y se revistió en su exterior con mármol importado de Carrara, Italia. Sobre éste se esculpieron todos los elementos de sus fachadas. Ante los obstáculos que se presentaban para reanudar y terminar el proyecto, Boari le dio el sobrenombre de "elefante blanco". El arquitecto italiano murió en 1928 sin haber visto la obra concluida. EL EXTERIOR Boari eligió el estilo artístico art noveau, surgido en Bélgica a fines del siglo XIX; de acuerdo con éste, los elementos decorativos fueron diseñados con una delirante línea ondulada inspirada en motivos naturales. No obstante, también quiso imprimirle un toque nacionalista, de modo que muchos ornamentos están inspirados en la flora y fauna mexicanas, así como en motivos de origen prehispánico. Sin embargo, el diseño general mantiene rasgos clásicos. Importantes artistas extranjeros fueron convocados para crear trabajos escultóricos y decorativos de corte clásico. Entre éstos destacan los pegasos alados hechos en bronce, traídos desde España para rematar el cubo de la sala principal; ahí se colocaron en 1912, pero ese mismo año fueron llevados a la Plaza de la Constitución donde permanecieron hasta 1928, cuando Federico Mariscal decidió colocarlos en la plaza frontal del palacio. En sus fachadas se integraron cuatro grupos escultóricos realizados por André Allar y Paul Gasq, pensados originalmente para el Palacio Legislativo. Sólo hasta que intervino el arquitecto Mariscal, los mexicanos tuvieron participación en la dirección del trabajo.
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EL INTERIOR Al reanudar los trabajos de construcción en 1932, un nuevo estilo artístico dominaba: el art deco. Influido por expresiones pictóricas modernas, este estilo se caracterizó por la geometrización de las formas y por las líneas rectas. Uno de sus mejores ejemplos es el trabajo de Mariscal en el interior, donde también aparecen detalles de inspiración prehispánica. Todos los elementos, incluyendo los estructurales, constituyen sobrios motivos decorativos, con una fuerte tendencia a la verticalidad. La gran cúpula que cierra el vestíbulo es un armazón de metal recubierto con nervaduras de cobre, laminillas de ónix translúcido y cerámica. Los muros, pisos y columnas se revistieron con mármoles mexicanos en varios colores, combinados con ornamentos trabajados en diversos metales por la casa Edgar Brandt de París, como los mascarones de Chac, el dios maya de la lluvia. La escalinata arranca con dos luminarias en forma de fuentes, hechas en acero y cristal esmerilado; entre sus dos rampas, las puertas que dan acceso al vestíbulo de la sala muestran mascarones de Tláloc, el dios teotihuacano de la lluvia, y un rostro de bronce que evoca la representación griega de la tragedia. En la sala principal, el sorprendente telón está formado por una cortina de estructura metálica que sostiene un enorme mosaico de vidrio opalescente. Más de un millón de cristales de dos centímetros cuadrados dan forma a una panorámica del Valle de México, inspirada en una obra de Gerardo Murillo, Dr. Atl. Ejecutado por la casa Tiffany de Nueva York, el mosaico pesa 21,228 Kg. y fue colocado cuando Boari aún dirigía la obra. Lo rodea un arco decorado con mosaicos titulado El teatro a través de las edades y realizado por el húngaro Geza Marotti. De él es también el vitral circular que corona la sala, donde se representa a Apolo y las nueve musas. Este largo esfuerzo dio como resultado una armónica mezcla de estilos, conocida como estilo ecléctico. En el tercer y cuarto pisos se ubican varias salas de exposiciones e importantes obras del muralismo mexicano; destacan entre los autores: Rivera, Orozco, Siqueiros y Tamayo. EL PALACIO DE BELLAS ARTES Y LA ALAMEDA Para integrar el palacio con su entorno, el proyecto inicial incluyó la modificación de algunos trazos de los jardines de la Alameda y así relacionarlos con los que rodeaban el recinto. Al extremo oriente del parque se colocó una pérgola consistente en una larga franja ondulada de columnas y trabes curvas, recubierta con flores y enredaderas, a la usanza europea, que servía de conexión entre el viejo paseo y el palacio. La pérgola fue demolida en 1973 tras varias modificaciones, entre ellas la instalación de un mercado de flores, propuesta por Mariscal, y una librería. Frente al palacio se construyó un estacionamiento rodeado por los cuatro pegasos. En 1982 ese espacio se transformó en jardín y, doce años más tarde, en un estacionamiento subterráneo, sobre el cual se levantó la plaza actual que retoma el proyecto original. |
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Esculturas del Exterior
1. La armonía. Leonardo Bistolfi
2. La música. Leonardo Bistolfi
3. La inspiración. Leonardo Bistolfi
4. Grupo las musas y águila nacional. Geza Marotti
5. Figura femenina frente. A. Boni
6. Figura femenina espalda. A. Boni
7. Pegasos. Agustín Querol
8. Herrería. Alessandro Mazzucotelli
9. Cabeza de caballero águila. Gianetti Fiorenzo
10. Cabeza de caballero jaguar. Gianetti Fiorenzo
11. La edad viril. André Allar
12. La juventud. André Allar
13. La ley. Paul Gasq
14. La verdad. Honoré Marqueste
15. Serpientes. Giannetti Fiorenzo
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© Copyright Aimé - 30/06/2000