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RODRIGO PACHECO Y OSORIO
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Las inundaciones seguían amenazando a México, sin que nada se hiciera en serio por contenerlas. En 1629, como se habían dejado pendientes las obras del desagüe, se produjo la peor inundación que había sufrido la ciudad, subiendo el agua hasta dos metros. Se temió que la ciudad desapareciera por completo; el tránsito se hacía en canoas y muchas familias emigraron a otras poblaciones. Las aguas tardaron cuatro años en retirarse del todo. Oficialmente se dispuso que la ciudad fuese trasladada a otro lugar fuera del alcance de las aguas de os lagos; pero como la cédula estaba sujeta a discusión del ayuntamiento y de los gremios comerciales y a éstos no les convenía, se resolvió que la capital del Virreinato continuara en el sitio de la antigua gran ciudad azteca. Lo que había propuesto el ingeniero francés Boot resultaba muy costoso y poco operativo y el ingeniero Enrico Martínez continuó la obra que había quedado en suspenso, de manera que para 1632 estuvo concluido el canal de Huehuetoca y bien arreglada la calzada de San Cristóbal sobre un bordo macizo y con compuertas para poder regular las avenidas.
Como las incursiones de indios alzados se producían en el norte del Nuevo Reino de León, fue fundado un presidio al que se llamó Cerralvo en honor del virrey, presidio que dio lugar a la ciudad neoleonesa de hoy día.
El marqués de Cerralvo, quien no era muy honesto en el manejo de fondos, aunque hacía mucha obra sacaba buen partido de ella y se hizo inmensamente rico. Regresó a España en septiembre de 1635 y el rey Felipe IV lo colmó de honores haciéndolo consejero de estado, gentilhombre de cámara, mayordomo de palacio y de pie del infante don Fernando y después embajador en la corte de Viena. Murió en Madrid, en junio de 1652.
© Copyright Aimé - 19/07/2000
Las fases lunares en México, D.F.

